Decían que iba a cambiar, que después de ganar la elección Andrés Manuel López Obrador sería diferente. No pocos advertimos que no, que iba a ser peor, ya con el poder en las manos saldría la verdadera personalidad, el autoritarismo, el voluntarismo y las revanchas pendientes. Decían que Romo lo convencería de continuar con el aeropuerto de Texcoco, ahora está abandonado y venden como chatarra sus estructuras.

Sus incondicionales decían que su programa contra la pobreza era la reivindicación social indispensable para millones de mexicanos. Todo apunta para que en unos cuantos meses entre 10 y 12 millones de mexicanos se sumen a las filas de la pobreza. Decían que su compromiso era con la gente, en las últimas giras, en casi todas las escalas ignoró a quienes quisieron acercarse. Decían que era un mago de la comunicación, pero no hay día en que no ataque o denueste sin mayor prueba que su dedo flamígero. Desde sus mañaneras ha generado conflicto y malestar en gran parte de la población.

Además de que ha quedado evidenciado el cúmulo de mentiras o medias verdades, Luis Estrada, director el Taller Spin, ha llevado el recuento, desde el 3 de diciembre del 2018 al 26 de junio pasado, su promedio de afirmaciones no verdaderas es de 73 para un total de 28,903. En 578 días de gobierno ha encabezado 400 mañaneras con promedio de duración de 102 minutos.

Decían que los militares no se iban a dejar, hoy los de base son peones de obra y los titulares bajan la cabeza. El episodio de octubre pasado en Culiacán fue más que evidente, un día después de la liberación de Ovidio, dejó en manos del secretario de la Defensa y del secretario de Seguridad explicar el fallido operativo. El general Luis Cresencio Sandoval afirmó que “el teniente coronel de caballería diplomado de estado mayor, Juan José Verde Montes, fue el responsable del operativo que concluyó con la liberación de Ovidio Guzmán López”. El secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, dijo por su parte que “el gabinete de seguridad determinó suspender las acciones operativas con los elementos militares, y trasladarse a Culiacán para conducir las acciones correspondientes”. Casi nueve meses después, en boca de López Obrador sabríamos que “yo ordené que se detuviera ese operativo y que se dejara en libertad a este presunto delincuente”.

Decían que sería conciliador, a raíz de la pandemia del Covid-19, no se ha reunido ni una sola vez con los gobernadores, presidentes municipales, el Consejo Nacional de Salubridad que, por cierto, él encabeza, como tampoco con las representaciones empresariales. O sea, política de puertas cerradas en Palacio Nacional.

Decían que no hubo pacto de impunidad con Peña Nieto, lo cierto es que sus blancos favoritos son Felipe Calderón y Salinas de Gortari, se salta el sexenio anterior. Decían que habría lucha contra la corrupción, por ahora, todas las baterías se han centrado en Rosario Robles; mientras el presidente justifica los señalamientos contra elementos de su equipo por omisiones de propiedades, licitaciones a modo o asignaciones directas.

Así las cosas, después de dos años de las elecciones y de gobierno de facto, con la amenaza de una de las peores crisis económicas que ya enfrenta el país, una pésima gestión de la pandemia y la creciente inseguridad pública; el pueblo, como dice AMLO, le empieza a retirar el cheque en blanco. El dato al 30 de junio del tracking de Consulta Mitofsky en El Economista: 53.0% desaprueba la gestión de López Obrador, mientras que 48.8% la aprueban.

Twitter: @JMNaveja

Juan María Naveja

Comunicador

Al Margen

Es analista, consultor y conferencista. Autor del libro Periodismo Radiofónico una Revisión Inconclusa, Editorial Porrúa y Coautor de Comunicación Política 2.1 modelo para armar, Editorial Etcétera.