Los lamentables hechos de Culiacán ponen de manifiesto, a partir de lo que es conocido y público, siete temas relacionados con el actual gobierno.

1. El ahora presidente pensó que el tema de la seguridad era algo más fácil y manejable. A lo largo de sus 18 años de campaña uno de sus temas preferidos fue criticar a los gobiernos en turno por su supuesta incapacidad para resolver el problema del crimen organizado y la inseguridad. En diversas ocasiones aseguró que a su llegada a la Presidencia el problema se iba a resolver de inmediato. No ha sido así y ahora se ha agravado.

2. El gobierno no ha demostrado tener una estrategia de cómo enfrentar al crimen organizado y reducir los niveles de violencia. La posición del presidente es no hacer nada porque la violencia produce violencia. Su posición es la de dejar hacer, al tiempo que invita a los criminales, con el tono de un pastor evangélico pentecostal, a convertirse y volver al camino del bien.

3. En ese marco no se sabe qué plantean las Fuerzas Armadas. ¿Qué piensan de la posición de su comandante en jefe? ¿Qué piensan de su posición permisiva frente al crimen? ¿Qué piensan de que todos los días los acuse de que en el pasado fueron represivos y desataron un baño de sangre? ¿Qué piensan de que no los deje actuar conforme a la doctrina y sus protocolos?

4. No queda claro quién decide y ordena la política y la estrategia de combate al crimen y la lucha por reducir los niveles de violencia. ¿Es directamente el presidente? ¿Es el secretario de Seguridad? ¿Son los altos mandos de las Fuerzas Armadas? ¿Es el gabinete de seguridad?

5. Las contradicciones en el gobierno se hacen evidentes en la medida en que no sea sólo el presidente quien fije la posición. Si otros lo hacen de inmediato, los contradice y desmiente. Los desmentidos salen de la escena y no vuelven a declarar o se alinean y sin más, de manera acrítica, repiten el dicho presidencial.

6. Se hace evidente que no hay espacios para que el gabinete discuta y acuerde las posiciones a tomar. El único que decide es el presidente. El espacio de las y los secretarios es obedecer y operar lo que se les ordena. El presidente no dedica tiempo a exponer su proyecto y a oír otras opiniones. Él ya pensó lo que debería hacerse si llegaba a la Presidencia. Los demás, incluyendo las Fuerzas Armadas, han sido invitadas a sumarse a su idea, pero no a discutirla.

7. El gobierno no tiene una estrategia de comunicación más allá de la comparecencia mañanera del presidente. En razón de lo mismo y, para el caso de Culiacán, en la medida en que hablaron otros actores sólo se produjo confusión y contradicciones. Y el presidente, en el único instrumento de comunicación del gobierno, organizado y operado en directo por él, terminó de “construir” la versión oficial que siempre es sólo la suya.

En los sucesos de Culiacán, hay otros temas que no se han hecho públicos y por lo mismo se desconocen. Hoy día ya nada puede esconderse y todo termina por saberse. Es sólo cosa de tiempo que surjan a la luz pública. Ya nos iremos enterando y a partir de eso articulando una posición mejor informada.

Rubén Aguilar

Asesor Político

Convicciones

Licenciado en filosofía, maestro en sociología y doctor en ciencias sociales por la Universidad Iberoamericana (Campus Santa Fe, México). Tiene estudios de comunicación en el ITESO (Guadalajara, Jalisco) y de desarrollo institucional en el INODEP (París, Francia). De 1966 a 1979 estuvo en la Compañía de Jesús.