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Opinión

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China y Occidente

Sergio Mota Marín

Lograr la paz significa evitar una mayor catástrofe y la nefasta posibilidad de una guerra nuclear en donde no hay vencedores y que por lo mismo exige contención.

Hace 50 años Henry Kissinger planteó una política audaz: establecer relaciones más estrechas entre Occidente y China, dejando a un lado a Rusia.

Con la llegada de Putin al gobierno ruso se estableció una vinculación muy dependiente de los países europeos con el petróleo y el gas ruso que le dio a Putin poder para soñar su control de los países europeos del Este. Con el gobierno chino se dio una colaboración en base a intereses económicos recíprocos que envalentonaron aún más a Putin.

La invasión rusa a Ucrania fue una decisión nefasta. A Ucrania la apoyan los países occidentales miembros de la OTAN. Internamente a Rusia le ha significado una crisis económica.

Ahora hay un acercamiento entre el presidente Xi de China y el presidente Zelenski de Ucrania para lograr la paz. En una conversación entre ambos se decidió enviar una delegación china a Kiev y el presidente Zelenski ha nombrado a un embajador en Pekín. También China tiene una propuesta de 12 puntos, misma que cuenta con el apoyo de Ucrania y nueve puntos aceptados por Putin. Es el inicio de una probable negociación de paz.

El presidente Xi es el único que puede decidir que Rusia se retire de Ucrania. China representa el 26% del comercio exterior ruso, es el único proveedor de coches, computadoras, circuitos electrónicos integrados, telefonía. También es el mercado más importante para el carbón y gas rusos. Sin el apoyo chino, la economía rusa no puede sobrevivir.

Lograr la paz significa evitar una mayor catástrofe y la nefasta posibilidad de una guerra nuclear en donde no hay vencedores y que por lo mismo exige contención.

El mundo admira la resistencia y contraofensiva de Ucrania, su dignidad y heroísmo.

Para el aparato militar ruso hay desesperación porque las directrices de Putin han sido caóticas y suicidas. Además, sus soldados padecen la falta de comida y dinero. Resulta humillante que el supuesto segundo ejército más poderoso del mundo haya tardado seis meses en capturar a una pequeña ciudad como es Bajmut.

En el contexto del acercamiento chino-ucraniano dijo el presidente Zelenski: “la paz debe ser justa y sostenible, basada en los principios del derecho internacional y el respeto de la carta de la ONU. No puede haber paz a expensas de los compromisos territoriales”. El presidente Xi también señalo: “China siempre está de lado de la paz y la posición central es promoverla a través de las conversaciones”.

El vocero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Kirby reconoció: “Acogemos con beneplácito la noticia de la llamada telefónica entre los presidentes Xi y Zelenski”.

China es una potencia con una indiscutible influencia regional y mundial. Todavía no se ha transformado en un país desarrollado. El Estafo controla todo. Los cambios se imponen desde arriba bajo el control del partido. En la economía combina la mano invisible del mercado con la mano visible del partido-Estado.

El crecimiento económico dirigido por el Estado ha impulsado a la economía y es de los países que más invierten en la formación de capital físico, del 40% de su PIB uno de los niveles más altos del mundo.

El pragmatismo chino es paradigmático al actuar de acuerdo a las conveniencias, sin seguir a un paradigma único. Liberaliza cuando no tiene otra alternativa. La inercia histórica es muy fuerte. El gobierno es heredero de una tradición de disciplina y obediencia.

smota@eleconomista.com.mx

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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