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Buscándole el colmillo a U2
El martes pasado, Apple cerró su evento de anuncio de nuevos modelos para su teléfono y reloj, con un numerito de una banda de la que a lo mejor han oído hablar: U2.
No bastaba presumirnos que el flujo de efectivo les alcanza para contratar a Bono y compañía para amenizar su evento, sino que además se dieron el lujo de anunciar que la banda grabó un nuevo disco y que Apple se lo regala a los 500 millones de personas que usan iTunes.
Como cualquier banda musical, U2 tiene sus detractores. No importa si millones se apuraron hasta su computadora o iDispositivo favorito para escuchar el disco, siempre habrá algunos que prefieren oír a Espinoza Paz que a los irlandeses, o que consideran a la otrora banda más importante del mundo un ente vendido sólo apto para gente menos sofisticada.
El problema radicó en que Apple asumiera que su público estaría feliz de encender su dispositivo y encontrar una flamante copia de Songs of Innocence cortesía de su manzana favorita. Para ello, no sólo lo etiquetó como gratuito, sino que lo añadió a las fonotecas de todos como si lo hubiéramos comprado.
Apple no lo descargó, contrario a lo que algunos tecnófobos puedan creer, no hay magia detrás de las instalaciones de Cupertino, y algunas cosas todavía dependen del usuario final. Aún así, el álbum aparece como comprado entre nuestra música. Contrariamente a lo que algunos alegan, el disco no ocupa espacio en sus dispositivos. El que Apple lo incluyera en su fonoteca no quiere decir que lo tengan que descargar o siquiera escuchar. Hasta ahí todo bien, ¿no es cierto?
Pues no.
Como escribe Enrique Dans en su blog de tecnología: Que alguien te regale un disco es una cosa, pero que ese mismo alguien entre en tu casa o tu coche y deje el disco regalado sin preguntarte antes, una muy distinta . La compañía, de acuerdo a Dans, pasa por alto el concepto del permission marketing (parte del apostolado de Seth Godin). Regla elemental de las transacciones comerciales, particularmente en la web, que implica el permiso del usuario antes de proceder con un proceso de compra.
El público contemporáneo es más susceptible de lo que los ejecutivos de Apple o Bono suponían. De los 500 millones de usuarios de iTunes que recibimos el presente, 33 millones (6%) lo descargamos hasta el último reporte. Probablemente sea el disco más descargado de la historia (el esfuerzo previo de U2, No line on the horizon vendió 5 millones de copias).
Entre el otro 94% hay detractores dispuestos a hacer ruido. Desde catalogarlo como Spam , Regalo obligatorio hasta acusar a Apple de invadir su privacidad. Como suele suceder, los quejosos se hicieron escuchar más que los fans. Al grado que Apple generó una herramienta, incluida en la más reciente actualización de iTunes, que permite eliminar el álbum de la fonoteca. La compañía, sin embargo, advierte que una vez retirado no podrá ser descargado de nuevo de la nube, y sólo estará disponible sin costo hasta el 13 de octubre. Al fin que ni quería, respondieron los mismos.
La asociación de comerciantes del entretenimiento en voz de su director Paul Quirk etiqueta el regalo de U2 como algo tan dañino como la piratería. La promoción es una falla en muchos niveles. Devalúa la música. Aliena a la gente que no usa iTunes y decepciona a los que prefieren comprar en tiendas . Es cierto que sus declaraciones suenan como agua al molino propio; sin embargo hay un aspecto que resulta intrigante en el fenómeno de rechazo.
Hace algunos años, Radiohead regaló a sus fans su disco In Rainbows. Era posible descargarlo sin costo en la página de la banda, pero también era posible donar lo que fuera su voluntad. Y mucha gente lo hacía. Paquetes originales, incluyendo arte, empaques sofisticados y ediciones limitadas en vinil, estuvieron disponibles para aquellos dispuestos a erogar un poco más. Pero también era perfectamente posible descargarlo sin dejar un céntimo en el sombrero de la banda. Sólo se requería llegar a la web de Radiohead, registrarse y bajarlo. Aunque la mayoría de los visitantes lo bajó gratis, el dinero recaudado del resto significó más que el total vendido por el álbum anterior de la banda. Tres millones de personas lo descargaron en tres meses.
Parecería que Apple se subió al mismo tren, pero no fue así. Al etiquetar el precio en ceros y forzarlo sin alternativa a sus clientes, la compañía cerró la opción de reciprocidad, y con ello, sin querer, devaluó el álbum a ser percibido como un volante dejado en el parabrisas del auto. No debe sorprender entonces que algún público disgustado se deshaga del volante con la facilidad con que se elimina un correo electrónico con ofertas de viajes, medicamentos, o curas milagrosas.
Lo anterior, sin embargo, no dice un ápice sobre el álbum mismo, que es magnífico. Para los puristas, U2 se ha vuelto lo que parodiaba en Zoo TV, pero para los que les perdonamos la vida, estas canciones de inocencia son una creación tan depurada y espléndida como No line on the horizon. Es cierto que la banda perdió el filo y ferocidad que enarboló desde The Joshua Tree hasta Achtung Baby, pero eso es previsible. En una época como la nuestra, es tan difícil permanecer en la vanguardia como continuar siendo contestatario una vez que alcanzas la consagración y el éxito comercial.
Quizá la manera más sensata de enfrentar la situación sea con el viejo y conocido refrán: A caballo regalado no se le ve colmillo.
Twitter: @rgarciamainou