Si las verdades produjeran votos, no existiría la política. El Brexit es un fenómeno que se vendió como un juego de suma cero, pero en el mundo real sólo ha habido un ganador: la mentira.

Había una vez un primer ministro llamado David Cameron cuyo futuro personal estaba en manos de su partido, el Laborista. Una amenaza de rebelión interna en su contra era modulada por un partido vecino, el UKIP, Partido de la Independencia de Reino Unido. Su líder, el mentiroso Nigel Farage, sólo cumplía con una tarea: jibarizar el escaso ánimo europeísta de su país.

Para evitar el trasvase de votos al antieuropeísta UKIP y, sobre todo, para lograr el apoyo mayoritario de los miembros de su partido, Cameron lanzó el 23 de enero del 2013 la palabra que a la postre se convertiría en un símbolo maldito: referéndum sobre la permanencia del país en la Unión Europea (UE). El premier británico prometió que, de ganar las elecciones del 2015, sometería el Brexit a consulta popular.

Cameron creyó escuchar aplausos alrededor suyo. Llegaron las elecciones, y si bien es cierto que su partido saboreó la mayoría absoluta, la logró por la mínima. El costo: cumplir la promesa frente al espantapájaros Nigel Farage, un Parlamento escéptico sobre Europa y, lo peor, el ascenso de los nacionalismos en todo el mundo, incluyendo, por supuesto, el de Trump.

El espantapájaros antieuropeísta

En el cuarto de máquinas de Cameron había dos variables que le transmitían la suficiente confianza como para lanzar la monstruosa promesa electoral, el Brexit: las encuestas daban como perdedores a los que deseaban salir de la Unión Europea y el referéndum sobre la independencia de Escocia celebrado en el 2014 había acabado, a pesar de los temores, en una victoria bastante cómoda para el statu quo.

Una nube negra pasó sobre Cameron. Como consecuencia de las elecciones del 2015 el Partido Laborista sustituyó a su líder. A través de un benévolo paralelismo, la victoria de Jeremy Corbyn detonó la misma sorpresa que provocó el cómico Jimmy Morales cuando ganó las elecciones presidenciales en Guatemala. Iain Begg, investigador y codirector del Foro Dahrendorf en el Instituto Europeo de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres, detalla lo siguiente: “Corbyn sólo tuvo oportunidad de presentarse (a las primarias) porque algunos diputados de otras facciones laboristas consideraron que debía existir la suficiente pluralidad entre los candidatos que se presentaban. De haber tenido que confiar en sus propios partidarios entre los diputados, Corbyn nunca habría alcanzado el número necesario de respaldo” (Vanguardia Dossier No.72).

Coybyn, antisemita y euroescéptico, hizo una campaña en contra del Brexit pero con la boca semicerrada.

Farage vendió miedo, amenazas y terror a los británicos en caso de que optaran por quedarse en la Unión Europea. La icónica publicidad hipersintética de su pensamiento era la siguiente: la Unión Europa nos roba 350 millones de libras semanales que podríamos aprovechar para mejorar la sanidad pública.

Del otro lado de la mentira, aparecían dos cifras: 136 millones de libras sí eran entregados por Londres a Bruselas como compromisos que tienen todos los miembros para vitalizar a la UE pero la cifra que nunca mencionó Farage fue que Bruselas han entregado un cheque anual a Londres por una negociación que logró Margaret Thatcher para compensar los subsidios de la UE a países como Francia a través de la Política Agrícola Común: 3,000 millones de libras anuales.

El 23 de junio del 2016, Cameron y Farage comenzaron su despedida. La realidad no era como las mentiras la pintaban. Tres años después, la herencia de Cameron aún es indescifrable. Lo único seguro es que el Reino Unido y la Unión Europea han perdido. El Brexit no era un juego de suma cero en el que un jugador gana lo que otro pierde.

Modelo prodigioso

La Unión Europea será leída por los historiadores como el modelo político más exitoso del siglo XX. La suma de sus imperfecciones siempre será inferior a su principal misión fundacional: evitar conflictos bélicos.

El costo de ingreso a la Unión Europea ha sido extremadamente bajo: ceder soberanía para crear una identidad común. Eso pensaron sus fundadores en 1956, sin embargo, seis décadas después, los enanos del circo nacionalista han crecido lo suficiente como para debilitar a la UE en las próximas elecciones europarlamentarias de mayo. Quizá la única ventaja de la crisis del Brexit sea la cohesión de los 27 miembros frente al temor de entrar en un proceso similar al patrocinado por Cameron, Farge, Corbyn y la propia May.

Es decir, el Brexit se ha convertido en una distopía para los 27 miembros de la UE. Un capítulo que Charlie Brocker bien podría introducir en la próxima temporada de la serie de televisión Black Mirror.

Si las verdades produjeran votos, Reino Unido no viviría el Brexit.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.