México tiene una larga experiencia en la renegociación de la deuda gubernamental y privada. Con base en ella las autoridades financieras del país han diseñado las medidas referidas, y ABM espera el plan definitivo para opinar.

La planta productiva mexicana es muy vulnerable, entre otra razones, por la alta proporción de empresas medianas y pequeñas que requieren de capital de riesgo y créditos bancarios para subsistir.

En medio de los efectos devastadores de la pandemia del Covid-19 para las personas y las empresas, fue muy satisfactoria la decisión de la SHCP y de la CNBV de dar a conocer un proyecto de paquete de medidas orientadas al alivio financiero de los deudores. El Economista recogió la declaración de la Secretaría de Hacienda, que fue la siguiente: “Invariablemente deberá disminuir el pago que se venía realizando al menos en 25%, lo que implicará que se amplíe el plazo remanente hasta un 50% del original, así como disminuir las tasas de interés y hacer quitas de capital”.

Por su parte, el presidente de la CNBV señaló: “Estamos buscando que dicha reestructuración cuente con una disminución de las tasas de interés, ampliaciones de los plazos de los créditos con relación a lo que originalmente se tiene previsto”.

Estas medidas son una extensión positiva de otras que se establecieron en marzo y abril de este año. Significa responder a la problemática de limitación de la capacidad de pago ante la suspensión de actividades de miles de empresas que han paralizado a la actividad económica.

La reestructuración de las pasivos de las empresas configura un conjunto de medidas para que puedan operar. Es un oxígeno necesario. Ocurre lo mismo con la deuda de los países, sujeta permanentemente a su reestructuración para el alivio del pago del principal y los intereses. Es la labor que a nivel mundial realizan el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Central Europeo.

México tiene una larga experiencia en la renegociación de la deuda gubernamental y privada. Con base en ella es que las autoridades financieras del país han diseñado las medidas referidas, mientras la Asociación de Bancos de México (ABM) espera el plan definitivo para opinar. Es de esperarse que el plan tenga los ajustes que la organización bancaria incorpore, de acuerdo con la experiencia acumulada en materia de diferimiento de pagos.

La planta productiva mexicana es muy vulnerable, entre otra razones, por la alta proporción de empresas medianas y pequeñas que requieren de capital de riesgo y créditos bancarios para subsistir. Por eso hasta los 80 el gobierno tuvo diversos fondos de fomento dependientes de Nafinsa para apoyar a las empresas con estudios de preinversión, aportaciones de capital, apoyo tecnológico, creación de conglomerados empresariales, parques industriales, crédito con tasas subsidiadas con base en recursos obtenidos en una parte del Banco Mundial. Fue una exitosa experiencia.

Hacer que regrese el crédito es tan importante como hacer que regrese el empleo. Contribuyen a tener una microeconomía competitiva. Si ésta desaparece por descuido o por atender a otras prioridades, se estaría sacrificando uno de los factores determinantes del desarrollo económico y social, tan importante como son una macroeconomía estable, la inversión en capital humano y tener una vasta relación con el mundo externo.

México no es una isla. Depende de las cadenas de valor en la producción, de las exportaciones, del turismo, de la inversión extranjera directa o de cartera, de las remesas. Vivimos en un mundo interdependiente, de tal manera que el crédito para las empresas es fundamental para sobrevivir.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.