“Nos sumamos a la cruzada educativa mediante la fundación y financiamiento de instituciones particulares de educación, sin fines de lucro”.

En la edición del pasado martes de El Economista, se publicó un reportaje muy completo sobre el panorama empresarial del destacado inversionista, Alberto Bailleres, recién fallecido. La trayectoria empresarial del desaparecido  Baillères es desde luego impresionante, pero me interesa en particular destacar en esta entrega su faceta como mexicano altruista y filántropo. En tal sentido, mi admirado colega, el economista Federico Rubli, dedicó textualmente su editorial de esa misma fecha “A don Alberto Baillères, mecenas visionario de la educación”. ¿De qué forma se concretó esa aportación?

En la semblanza de Baillères, que es posible consultar en Wikipedia, se constata la pléyade de empresas que estableció, los premios que recibió (entre ellos, la Medalla Belisario Domínguez por parte del Senado, en el año 2015), los discursos que pronunció y los proyectos en que  participó. Pero en ese  recuento, cabe sobre todo destacar las instituciones de apoyo a la cultura en las que tuvo intervención: desde 1967, presidente de la Asociación Mexicana de Cultura y miembro de la Fundación para las Letras Mexicanas, de la Fundación UNAM, A.C: y de la propia Fundación, Alberto Baillères.

La mencionada Asociación Mexicana de Cultura es la entidad que patrocina desde su establecimiento al Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), centro universitario que ha sido de gran importancia para impulsar en el país la educación de calidad. Consulto sobre este tema a mi colega ya citado, Federico Rubli, y en explica con gran entusiasmo: “Baillères dedicó muchísimo de su tiempo personal para el apoyo del ITAM y también muchísimos recursos” “Baillères nunca mezcló las cosas… por un lado estuvieron sus negocios y por otro las campañas en las que actuó como filántropo”. En términos del propio empresario en su discurso por la Medalla Belisario Domínguez: “nos sumamos a la cruzada educativa mediante la fundación  y financiamiento de instituciones particulares de educación, sin fines de lucro”.

En palabras coloquiales, me explica mi colega Rubli, que en muy buena medida gracias a los apoyos directos recibidos de Alberto Baillères, por largo tiempo, el ITAM ha podido poner en ejecución un programa de becas a favor de estudiantes de escasos recursos que ha ayudado a la formación de muchos profesionistas destacados en beneficio del país. En testimonio personal me platicó que en alguna ocasión el rector del Instituto Tecnológico Autónomo de México, de nombre Arturo Fernández, le informó de manera confidencial que los alumnos becados llegaban hasta casi el 40% del total.

bdonatello@eleconomista.com.mx

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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