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Al grito de “Mi voto no se toca” se escucharon miles de voces en el Zócalo

Eran las nueve de la mañana de este domingo 26 de febrero, y grupos de personas, conformados por familias, amigos, niños, hombres y mujeres de todas las edades caminaban animados dirigiéndose al Zócalo capitalino. Mucha gente se dio el tiempo de apartar unas horas de este día, para exigir frente a la Suprema Corte de Justicia que de marcha atrás a la reforma electoral que fue aprobada por la cámara del senado esta semana, donde los peligros estratégicos propuestos por el tan sonado “Plan B” implicarían dentro de sus objetivos, menos poder para la intervención del INE como observador y árbitro en las elecciones, y otorgar mayor flexibilidad para las campañas políticas dando mayor terreno de acción a los funcionarios públicos; esto a partir de reducir la estructura de la institución -al menos 300 juntas distritales y la reducción de las 32 juntas locales- que son las instancias que garantizan los procesos de secrecía, identidad y garantía del voto entre otras acciones, por otra parte eliminando la cláusula de vida eterna y reduciendo el presupuesto al organismo, lo que pone en riesgo la capacitación de profesionales, organización de elecciones, gestión, entre otras afectaciones que dejan sin capacidades de fondo y forma al instituto, poniendo en riesgo la viabilidad de elecciones transparentes, bien organizadas y seguras tanto para los partidos políticos como para los ciudadanos.
Hoy miles de personas acudieron a defender el Instituto Nacional Electoral tanto en la Ciudad de México como en otros estados del país de manera ordenada y en paz. Al grito del “INE no se toca”, hay que reiterar que esta marcha a pesar de los dichos de los opositores no tenía color, ideología ni dogma, ya que el instituto nos pertenece a todos sin importar creencias, filiación política, o preferencia sexual, y es que después de tantos años de luchar por construir una democracia, no se puede ni se debe atentar contra esta. El INE es nuestro árbitro, a partir de esta institución nuestro voto se legitima, pero no so eso, el instituto nos garantiza elecciones libres, en donde cada uno de nosotros podemos expresar nuestra decisión libre sobre quien nos gobierna, sin que otros intereses puedan interponerse en nuestro derecho soberano de elegir a nuestros gobernantes. Atentar contra el INE, significa atentar contra nuestra libertad de elección, poner en riesgo y vulnerar a las instituciones que nos garantizan las vías democráticas de representación y estabilidad tanto política como social de nuestro país.
Más allá de las cifras -90,000 a 500,000 asistentes a la plancha del zócalo- y de las luchas estériles por quien tiene más éxito en el llenado del zócalo, más allá de las retóricas mal informadas sobre el retorno a la corrupción y las etiquetas sobre los participantes, la realidad es que el día de hoy, miembros de una sociedad organizada, responsable y ocupada de su democracia se manifestó responsablemente por lo que le toca exigir como derecho a las autoridades del país, el derecho a que su voto sea protegido y garantizado por las vías democráticas, a partir de instituciones legítimas que no representen intereses exógenos al de los ciudadanos, que han confiado en que a partir de construir instituciones sólidas, intereses ajenos y partidarios de unos cuantos, no puedan ni deban poner en duda nuestra fortaleza y legítima democracia. El respeto a nuestras instituciones es el equivalente al respecto que nos manifestamos los unos a los otros.