La economía mexicana enfrentará dos grandes retos este 2021, de cómo los procese, resultará la forma en que el país resuelva las coyunturas económicas durante el año. El proyecto económico de Joe Biden, el calentamiento global, la abrupta incursión de China al plano mundial, el mercado internacional de energéticos, las políticas de expansión monetaria y fiscal de las naciones desarrolladas, la pobreza y marginación interna, la falta de dinero del gobierno, los programas sociales, Pemex y la reactivación, estarán supeditados a estos retos. El primero de ellos será recuperar lo perdido tras la recesión menor provocada antes de la pandemia en el año 2019 (-0.1% PIB) y la recesión mayor del año 2020 (-9% PIB), producto del confinamiento por el Covid y la falta de estímulos fiscales para la protección del empleo. El segundo estriba en determinar exactamente qué tipo de relación desea tener el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador con el sector privado el resto del sexenio.

La economía se desaceleró desde mediados del 2018 y acrecentó su freno en el 2019, fundamentalmente por la precipitación en la caída de las inversiones por la falta de cumplimiento del Estado de derecho y la incertidumbre que ello provoca. Esta situación se agudizó el año pasado por el cierre casi total de la actividad económica y la falta de posibilidades por parte del gobierno federal para apoyar a la planta productiva. A lo largo de este año, la difícil situación prevalecerá al menos el primer semestre por lo que una estimación realista del PIB oscilará en 3% (1T 0.8, 2T 0.6, 3T 1 y 4T 0.6). El reto estará en buscar reparar rápidamente los daños estructurales que la economía ha sufrido en estos dos años, en particular el empleo. A lo anterior se agrega que todavía falta mucho para salir de la crisis de salud en la que nos encontramos lo que seguirá mermando las posibilidades de recuperar el empleo de forma importante.

Por su parte, el país no puede salir adelante sin la participación del sector privado en la inversión y la creación de empleos, así como en mantener al gobierno a través del pago de impuestos. Hasta el momento nuestro gobierno ha mantenido una relación en la que ha buscado extraer de manera justa la mayor renta posible y establecer nuevas reglas del juego sustentadas en la ética y la disminución de la corrupción en lo posible. Sin embargo, ha hecho poco para fomentar la actividad económica, apoyar a la planta productiva y fomentar el Estado de derecho, así como estimular la libre competencia. El gobierno y la IP tienen que ir de la mano hacia adelante en donde, por un lado, las cúpulas deben ampliar la defensa de sus interés desde un punto de vista más amplio y no sólo de las grandes empresas, al mismo tiempo que deben dejar de pretender que el gobierno les debe dar todo; por el otro lado, el gobierno debe equilibrar más su relación que, hasta ahora, ha sido más de autoridad que de acompañamiento para el fomento al empleo, que es lo que a todos interesa.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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