Los últimos acontecimientos económicos en el mundo sugieren que tendremos un año de relativa estabilidad. Hay una leve recuperación macroeconómica mundial y las expectativas de crecimiento del Fondo Monetario Internacional para Europa ya no son tan pesimistas como en los últimos años.

La recuperación de Estados Unidos parece lenta, pero será positiva y constante; en el plano interno, la reelección de Obama significa crecimiento bajo y disputas internas profundas. En Asia, Japón y China parece que crecerán moderadamente y no habrá sobresaltos espectaculares.

Eso es un panorama que resulta benéfico a América Latina en general y que nuestro país debería aprovechar. Sin embargo, parece que en México el panorama económico se está supeditando al escenario político, pues aunque el 2012 fue un año de transición presidencial, no fue un año de emergencia económica como sucedía cada sexenio, pero sí de turbulencia política.

El grave problema de esto es que nos quedemos con la inercia del sexenio anterior de bajo crecimiento económico y nulo impulso a las reformas estructurales que hacen falta en el país.

Si bien el plan del nuevo gobierno es que la reforma laboral genere las condiciones de productividad, creo que no hay claridad en los demás temas económicos.

La estrategia es clara: decir lo que los sectores empresariales y sociales quieren escuchar. La economía no va a crecer sólo porque haya un nuevo gobierno o porque todos lo deseemos. Se necesitarán fijar las bases que permitan la inversión nacional y extranjera, que impulsen la industria nacional, que den estabilidad al sistema financiero, que haya condiciones sociales para la paz y la seguridad, en fin, una serie de elementos que hagan posible el crecimiento.

Los tiempos de la demagogia los hemos vivido en México y eso no ha generado un mejor nivel de vida para los mexicanos. La última vez que se tuvo un crecimiento económico con desarrollo y bienestar fue en los años 60 y los gobiernos populistas eran los tomadores de decisiones. Ese México ha cambiado y la política ahora no puede supeditar a la economía como en esos años.

Para los siguientes seis años, se va requerir una profunda reforma que impulse el mercado interno, que haga competitivas a las exportaciones y que amplíe nuestro portafolio de socios comerciales y nos disminuya la independencia con Estados Unidos. Se requerirá de una verdadera reforma educativa y la definición de una política industrial.

El lograr esto será muy difícil si seguimos haciendo lo mismo. Si el gobierno se preocupa un poco más de lo verdaderamente importante y no de estar tapando las dudas sobre su triunfo en las elecciones, tendremos una expectativa de país diferente. Es tiempo de que México se convierta en el líder económico indiscutible de América Latina.?

*El Dr. Eduardo Carbajal es director de la Sede Perú, del Sistema Tecnológico de Monterrey. ?

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