La semana pasada el Banco de la República de Colombia le presentó al Congreso el Informe de Estabilidad Financiera en el que se plasma cómo está la salud económica del país, a la luz de lo que dicen los fundamentales. Ese informe es un imperativo constitucional reglamentado por la Ley 31 de 1992, con el que ejecuta el papel de velar por la estabilidad de los precios y para ello es crucial el mantenimiento de la estabilidad financiera, condición en la cual el sistema evalúa los riesgos. En pocas palabras, es la hoja de ruta para la economía colombiana.

Bajo ninguna circunstancia, el contexto político electoral debe intentar manipular lo que muestran los fundamentales cayendo en las lecturas amañadas, intentando mostrar una realidad distinta a la que muestran las cifras. El estado de la economía del primer trimestre del año es mucho mejor que el anterior y superior al del mismo momento del año pasado. Incluso, el deteriorado consumo empieza a reactivarse, o mejor a animarse.

Este domingo, los colombianos elegirán en las urnas al sucesor de Juan Manuel Santos, en una contienda electoral que ha sido dominada por dos visiones de país: la del derechista Iván Duque y la del izquierdista Gustavo Petro. Duque mantiene la delantera en las encuestas de preferencias electorales para la elección del 27 de mayo.

Dice el Emisor en su Informe que el poder adquisitivo de los consumidores colombianos ha mejorado notablemente fruto del control de ese “impuesto silencioso” llamado inflación, que dicho sea de paso está por debajo del techo de 4% puesto por los codirectores. El otro punto es la tendencia que marcan las tasas de intervención del mercado, ya en 4.25 puntos, el nivel más bajo de los últimos dos años; con el único lunar que esa tendencia de dinero aparentemente barato todavía no se siente en el consumo. Lo importante ahora es hacer que el sistema financiero transfiera esa tendencia a su cuenta-habiente que aún sufre los rigores de una tasa de usura por encima de 30% (30.66%). El tercer fundamental del Informe es el dato del crecimiento trimestral que es mediocre, pero ya alejándose bastante del terreno negativo: el PIB entre enero y marzo llegó a 2.2%, una cifra modesta, que debe empezar a crecer sobre un panorama más sólido.

Dice el Emisor que “el entorno macroeconómico ha continuado su tendencia hacia la recuperación sostenida, y como consecuencia de ello se han mitigado gradualmente las principales vulnerabilidades de corto plazo para la estabilidad del sistema financiero”. La recuperación evidente ha reducido la probabilidad de mayores materializaciones del riesgo de crédito en el futuro cercano. “Los establecimientos de crédito continúan manteniendo indicadores sólidos de solvencia y liquidez, pese a la reducción en la rentabilidad y al bajo crecimiento del volumen de crédito”.

Algunos candidatos deben evitar los bulos sobre la realidad de la economía o mezclar peras con manzanas para generar miedo o crisis en el país. El estado de la economía no es el mejor, puede mejorar, pero no está tan mal como quieren hacerlo ver con cifras amañadas. Dice el Informe que hay vulnerabilidades que podrían afectar la estabilidad del sistema financiero, principalmente mediante los mayores gastos para los establecimientos de crédito, que ocasionaría el deterioro en la calidad de la cartera, pero no hay nada alarmante. “Al cierre de 2017 continúan observándose incrementos en la cartera riesgosa y vencida del sector corporativo y de los hogares. Sobresalen los deterioros recientes de la calidad de la cartera de vivienda y de firmas pertenecientes al sector de la construcción, consecuentes con el desempeño de algunos indicadores del mercado de vivienda”, pero todo indica que la economía cambia de ciclo.