Nueva Delhi. La decisión del primer ministro de India, Narendra Modi, de revocar siete décadas de autonomía en el disputado estado de Cachemira, de mayoría musulmana, ha consolidado su posición como hombre fuerte.

La medida para hacer de Cachemira un territorio sindical, similar a la capital de India, Delhi, le da al gobierno federal de Modi un control total sobre la maquinaria policial local del estado.

Retirar la autonomía de Jammu y Cachemira, como se conoce formalmente al estado, también le da a Modi un respiro de las noticias negativas sobre la economía del país, a medida que la atención se aleja de los planes de préstamos soberanos mal concebidos del gobierno, ralentizando el crecimiento y aumentando el desempleo.

Sin embargo, corre el riesgo de empeorar la relación de seguridad de la India con el rival Pakistán, y plantea la posibilidad de una nueva insurgencia en la región.

En un comunicado, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán condenó la medida y se comprometió a ejercer todas las opciones posibles para contrarrestar lo que describió como los “pasos ilegales” de Nueva Delhi.

Mientras que la semana pasada, la India rechazó la oferta del presidente Donald Trump de mediar entre la nación del sur de Asia y Pakistán, que tienen tensiones centradas en Cachemira, un área que es reclamada en su totalidad, y gobernada en parte por ambos.