A pesar de que las aeronaves supersónicas han existido durante décadas, el tiempo que demora un vuelo entre Nueva York y Los Ángeles ha cambiado poco desde los primeros días de la aviación comercial.

Los reguladores de Estados Unidos no permiten los vuelos supersónicos sobre la tierra por la explosión sónica que producen. La viabilidad económica también es un obstáculo: un avión comercial supersónico de manufactura europea llamado Concorde fue descontinuado en el 2003, luego de que los fabricantes se enfrentaran a la disminución de las ventas, crecientes costos de desarrollo y un accidente fatal.

La compañía aeroespacial Lockheed Martin, con base en Bethesda, cree que puede cubrir esa brecha con la ayuda de cientos de millones de dólares de la NASA.

Recientemente, un contrato de 247.5 millones de dólares de la NASA, llamado Low Boom Flight Demonstration, fue otorgado a dicha empresa de defensa con sede en Palmdale, California. El proyecto tiene el propósito de construir y probar un avión supersónico experimental llamado avión-X, que volará a 55,000 pies (16,764 metros), alcanzará una velocidad máxima de 990 metros por hora y será más veloz que el sonido. Las labores de desarrollo comenzaron recientemente y se extenderán hasta fines del 2021, dijo la NASA en un comunicado de prensa.

Funcionarios de la NASA describieron el proyecto como parte de un esfuerzo de largo plazo para llevar vuelos supersónicos a un mercado más amplio.

“Nuestra larga tradición sobre la resolución de las dificultades técnicas del vuelo supersónico en beneficio de todos continúa”, dijo en un comunicado el administrador asociado de la NASA, Jaiwon Shin.

Para Lockheed, el objetivo es demostrar a los reguladores federales que el estallido sónico puede mitigarse hasta convertir del sonido en vibraciones casi inaudibles.

En caso de que se desarrolle un avión con estas características, podría propiciar que la Administración Federal de Aviación ponga fin a la prohibición del transporte aéreo supersónico sobre tierra y despejar el camino para que una nueva línea de jets comerciales supersónicos de alta gama fabricados por Lockheed Martin puedan volar.

“La vigente prohibición al vuelo supersónico sobre tierra constriñe significativamente la justificación de la industria para desarrollar un avión supersónico comercial”, dijo Melissa Dalton, vocera de Lockheed Martin. “Al entregar esta aeronave (jet supersónico) a la NASA, probaremos la tecnología para un vuelo supersónico silencioso”.

¿Cómo silenciar al avión?

El proyecto surgió a partir de un contrato otorgado en el 2016, en virtud del cual Lockheed desarrolló un diseño preliminar. En el 2019, la NASA revisará el diseño y comenzará la construcción del avión, que se completará en el 2021.

Un video publicado en YouTube por la NASA muestra un avión puntiagudo y con un solo motor. Con 94 pies de largo (casi 30 metros) y una envergadura de menos de 30 pies, el avión tiene capacidad para un piloto.

Un artículo publicado recientemente por la NASA señala que se silenciará la explosión sónica a través del diseño del casco del avión; éste está diseñado de tal manera que las ondas de choque permanecen separadas cuando tocan el suelo, señaló la agencia espacial.

En un primer periodo la agencia pretende volar el avión-x en cuatro o seis ciudades de Estados Unidos a partir del 2022, con el objetivo de recopilar información sobre la respuesta que darán los estadounidenses a los vuelos, estimando “cuán efectiva es la tecnología supersónica silenciosa en términos de aceptación pública”.

La compañía espera que la información brinde a los reguladores estadounidenses e internacionales datos suficientes para tomar una nueva decisión al respecto.

“Esto apoyará la creación de una base de datos (sobre la respuesta de la comunidad) que permitirá un cambio en las reglas para los vuelos supersónicos sobre tierra y posibilitará los viajes comerciales supersónicos para pasajeros en todo el mundo”, dijo Dalton, la vocera de Lockheed.

Pero incluso si esos “golpes sónicos” pueden mitigarse, las limitaciones económicas que ayudaron a condenar al Concorde podrían dañar a Lockheed Martin algún día.

Algunos analistas consideran que la intención de la NASA de permitir el vuelo supersónico para pasajeros “es inalcanzable”. Richard Aboulafia, analista de la consultora aeroespacial Teal Group, considera que los aviones supersónicos de uso comercial se ubican en “una posición intermedia entre lo (comercialmente) radiactivo y lo tóxico”.

El costo como la principal barrera supersónica

Una de las razones es que los motores capaces de romper la barrera del sonido no son tan eficientes en consumo de combustible como los aviones comerciales como el Boeing 737. El avión-x deberá ser propulsado por un motor de alta potencia, como el motor General Electric F414, mismo que es usado con algunas variantes del avión de combate F/A-18 Super Hornet.

“La idea del viaje comercial supersónico (...) estamos a 40 años de eso; el problema es que esos 40 años están en el pasado”, dijo Aboulafia. La NASA “probablemente no haya realizado ningún análisis de mercado y, si lo hicieron, son muy temerarios”.

Sin embargo, reconoció que el mercado “podría justificar un jet de negocios”.

Es esta la razón por la que Lockheed está tratando de impulsar el proyecto a través de una asociación recientemente anunciada con la compañía aeroespacial Aerion, con sede en Reno, Nevada. Las dos compañías quieren desarrollar un avión comercial supersónico llamado AS2 y, a partir del 2025, producir cientos de modelos para clientes comerciales con ingresos elevados. Eso podría darle a Lockheed Martin, el contratista de defensa más grande del mundo, un lugar en el mercado de aviones de alta gama, actualmente, dominado por una compañía rival: General Dynamics (subsidiaria de Gulfstream).

Dicho avión podría volar aproximadamente 60% más rápido que el avión comercial tradicional, algo que teóricamente podría reducir hasta tres horas de viaje entre Estados Unidos y Europa. Para los acaudalados ejecutivos estadounidenses podría convertir un vuelo de negocios a París o Londres en una excursión de un día, aunque sea costosa y agotadora.

El único accidente mortal que sufrió el Concorde se convirtió en su último episodio de vida. Ocurrió el martes 25 de julio del 2000, al despegar del aeropuerto Charles de Gaulle de París. Su destino final era Nueva York.

Ahora, existe la intención de reinventarlo; la era de la velocidad lo exige. Las distancias también deben de acortarse en tiempo.