Apenas habían pasado 14 minutos del concierto cuando la tierra se convirtió en un mar agitado. Quienes pudieron salir del foro detuvieron la huida al ver que una tienda de autoservicio se caía unos cuántos metros delante de ellos. 

Todos regresaron a la quinta, en la que se ofrecía el espectáculo y que es la sede sindical de miles de músicos. Pero también ahí un edificio parecía desmoronarse. El 19 de septiembre de 2017 fue el inicio de varios días de miedo, incertidumbre y pérdidas para muchos capitalinos. También para los artistas. 

Desde aquella fecha, afirma Víctor Guzmán, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de la Música (SUTM), los agremiados “y toda la gente del espectáculo” no han podido recuperarse. A la crisis que venían soportando desde hace unos cuatro años, se sumó el cierre de establecimientos donde tocar y la baja en las contrataciones de particulares. 

19s, déjà-vu de 1985

El año pasado, seis horas después de recordar a los fallecidos por el terremoto del 19 de septiembre de 1985, un déjà-vu le sobrevino a varios. Un sismo de magnitud de 7.1 con epicentro en Morelos, se desfogó por la Ciudad de México, Puebla, Oaxaca, Guerrero, Estado de México, Michoacán y Tlaxcala. Murieron 369 personas, 228 en la capital del país.

Víctor Guzmán González, líder del sindicato de músicos, se encontraba en la quinta de Taxqueña, la sede del SUTM. Estaba en el edificio que alojaba al personal administrativo, logró salir enseguida, pero otros lo hicieron hasta que dejó de temblar. El inmueble de cinco niveles fue el único que resultó dañado. 

En el Foro Cultural de esa unión había varias personas escuchando el concierto que se ofrece de forma gratuita todos los martes a la 1 de la tarde. Afortunadamente no hubo lesionados. Solo ataques de nervios azuzados por el derrumbe del Soriana, que hasta la fecha permanece en ruinas.

Desplome de contrataciones

Desde hacía unos cuatro años, las contrataciones de música en vivo habían ido a la baja por la crisis en las televisoras, también porque con las nuevas tecnologías es más fácil y barato que la gente escuche música grabada, explica Guzmán González.

Pero la situación “empeoró a partir del temblor. No nos hemos recuperado”, afirma. El último año los ingresos por eventos “disminuyeron 60 por ciento”. Los sindicalizados aportan una cuota del 5 por ciento de lo que cobran por cada presentación. Y en el periodo septiembre 2017-2018, los músicos y cantantes han tenido mucho menos contrataciones, señala.

Varios lugares donde había música en vivo cerraron; otros recortaron gastos por las pérdidas de clientela, debido al sismo, y prescindieron de sus servicios, explica. “En situaciones de crisis lo primero que deja de ser esencial es el espectáculo, la música, la danza, todo lo que tenga que ver con el arte puede esperar”, dice resignado.

Los Ángeles Azules, guardianes de los músicos

Los músicos “no tenemos un solo patrón. Puede ser una familia en una casa, un hotel, una televisora”, por lo tanto, carecen de seguridad social. Las cuotas que aportan los casi 9 mil agremiados sirven para costear, además de la operatividad, medicinas, consultas y una que otra operación quirúrgica. 

El promedio de edad de los socios sindicalizados es de 50 años, y 70 por ciento son hombres. Los padecimientos más comunes son lesiones por cargar y mover instrumentos, enfermedades de la próstata y del oído y males crónico degenerativos como la diabetes. Los desvelos y sí, el alcohol o las drogas, afectan a varios, admite.

Grupos famosos como Los Ángeles Azules, El Tri, o músicos como los que acompañan a Luis Miguel o tocaban para Juan Gabriel, son quienes pueden colaborar más a sostener el sindicato, apunta Víctor Gómez. 

Ellos llegan a ganar millones de pesos, por lo que sus aportaciones son muy altas, mientras que muchos, “que no tienen la fortuna de ser conocidos, contribuyen con 150 pesos”, revela Víctor Gómez.

Muchos clientes no regresaron

Carlos Ríos, propietario de Don Keso, un restaurante bar que viene ofreciendo música en vivo desde hace veinte años, confirma que muchos negocios no logran recuperar la cantidad de clientes que tenían antes del terremoto. Principalmente para aquellos que, como el suyo, se encuentran en la “zona cero” de la colonia Condesa, en la Ciudad de México, donde hubo varios derrumbes.

En la calle de Amsterdam, donde se ubica Don Keso, varios edificios están acordonados, sus fachadas lucen descuidadas por el abandono de un año. “Todavía nos está afectando, no nos hemos recuperado porque muchas oficinas siguen cerradas”, y muchos de estos trabajadores solían comer en su restaurante.

La primera semana no dio servicio, pero abrió el local para prestar los baños a los rescatistas, permitir que cargaran sus celulares y regalar café a los voluntarios. Cinco días sin clientela le dejó una pérdida económica de alrededor de 250 mil pesos, informa. 

Los dos fines de semana posteriores al terremoto canceló también la presentación de los músicos. Carlos Ríos, a diferencia de otros locatarios, ha seguido contratando a artistas, pero la baja de 60 por ciento de su clientela le sigue generando preocupaciones. 

El seguro no ayuda

Como el movimiento telúrico no afectó el edificio donde se ubica Don Keso, no ha recibido apoyos económicos de las autoridades del gobierno de la Ciudad de México, detalla su propietario y gerente. 

En el sindicato de músicos sí hubo daños a la estructura de uno de los inmuebles, el de las oficinas administrativas. Los estudios de grabación y la tienda de instrumentos son ahora despachos improvisados. Expedientes y escritorios conviven ahora en las consolas de audio, micrófonos y paredes insonorizadas.

“Tendrá que ser demolido por las fallas estructurales”, precisa Víctor Gómez. Apenas en agosto pasado, a casi un año del sismo, el gobierno capitalino lo integró a la lista de lugares no habitables. “Entendemos la carga de trabajo, y que hay muchas viviendas que se encuentran en la misma situación”, aclara.

Al parecer será el sindicato quien asuma el costo de la demolición y de la nueva construcción. Aunque tienen aseguradas sus instalaciones, “las aseguradoras tienen hecho su negocio para no pagar. Por las cláusulas que alegan, tendríamos que aportar más dinero de lo que ellas nos darían. Es ridículo”.

Víctor Gómez González sostiene que no hay presupuesto que alcance para enfrentar el caos que dejó el temblor. “Estamos viendo de dónde se puede conseguir recursos para sacar este hermoso sindicato que lleva 80 años. Algunos nos preguntan cómo ayudarnos: contratando música en vivo”,  les contesta.