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El tiempo vale más que el dinero

Joan Lanzagorta | Patrimonio
En mi columna he dicho muchas veces que para invertir y construir patrimonio no se necesita mucho dinero. Lo que sí se requiere es mucho tiempo y por eso es tan importante iniciar desde una edad temprana. El tiempo es el activo más precioso porque es el único que no se puede recuperar.
Para entender eso, es muy importante tener claro cómo funciona el interés compuesto, ese que parece tan abstracto y que pocas personas logran comprender en su totalidad. A mí, que soy matemático, me llevó mucho tiempo entenderlo en toda su dimensión.
Una forma común de explicarlo es con la frase: “intereses sobre los intereses”. Por ejemplo, si inviertes 100,000 pesos a una tasa del 6%, al final del año tendrás 106,000. Tu ganancia fueron 6,000 pesos. Si mantienes invertida la cantidad completa, a la misma tasa, el segundo año ganarás 6,360. Tu saldo será de 112,360 pesos. Si los dejas, el tercer año tu rendimiento será de 6,741.60 pesos y habrás acumulado un saldo de 119,101.60.
Como puedes ver, cada año tu ganancia es mayor, porque los intereses que ganaste, ahora también trabajan para ti. Esto es muy fácil de entender: cuanto más hay acumulado, más crece cada año.
Sin embargo, en los primeros años, este crecimiento se siente lento, incluso decepcionante. La gente piensa que invertir es ver su dinero multiplicarse rápido, pero la realidad es que no funciona así.
En realidad, el poder del interés compuesto, en los primeros años, es como un motor que apenas está arrancando. Después de varias vueltas se alcanzan velocidades interesantes. Lo mejor: esa velocidad puede seguir aumentando de manera indefinida, siempre que tengamos tiempo.
Esto es lo que muchísima gente no alcanza a ver, porque es contraintuitivo. La gente piensa en términos lineales, no exponenciales.
Por ejemplo: si una persona te ofrece 1,000 pesos diarios durante 30 días, o 1 peso el primer día, duplicándose cada día siguiente durante esos mismos 30 días, ¿cuál elegirías?
La enorme mayoría de las personas, de manera intuitiva, escoge los 1,000 pesos diarios. No alcanzan a ver que la segunda opción, la que empieza con sólo un peso, llega a más de mil millones de pesos en esos 30 días. Es pura aritmética y la puedes comprobar: el primer día 1 peso, el segundo 2 pesos, el tercero 4 pesos, el cuarto 8 pesos y así sucesivamente.
Es claro que este ejemplo es teórico nada más: en la práctica es imposible duplicar tu dinero cada día. Pero sirve muy bien para ilustrar la diferencia entre un crecimiento lineal y uno exponencial.
En la vida real, el proceso es mucho más lento, pero el principio es el mismo y su implicación también: cuanto más tiempo permites que el dinero trabaje, más peso tienen los años finales. En otras palabras: cada año adicional que tengas, tiene un poder multiplicador mucho mayor que el año previo.
Pensemos en alguien que empieza a ahorrar sólo $1,000 cada mes desde los 25 años, con un rendimiento del 6% anual real (arriba de la inflación), que se puede alcanzar, de manera razonable, con un portafolio a largo plazo diversificado, eficiente y de muy bajo costo.
Empieza a los | Edad | Años aportando | Aportación mensual | Total aportado | Saldo acumulado |
|---|---|---|---|---|---|
25 | 35 | 10 | $1,000 | $120,000 | $163,879 |
25 | 45 | 20 | $1,000 | $240,000 | $462,041 |
25 | 55 | 30 | $1,000 | $360,000 | $1,004,515 |
25 | 65 | 40 | $1,000 | $480,000 | $1,991,489 |
¿Qué pasa si alguien empieza a los 40 años, aportando el doble para compensar el tiempo perdido? | |||||
40 años | 65 | 25 | $2,000 | $600,000 | $1, 385.990 |
Fuente: Cálculos propios. |
Como puedes ver en la tabla, en los últimos años (entre sus 55 y 65 años), el saldo acumulado crece casi un millón de pesos, más que en los veinte años anteriores juntos. Este es, nuevamente, el efecto del crecimiento exponencial: esos últimos 10 años hacen más trabajo que las dos décadas anteriores.
También quise mostrar qué pasa cuando alguien empieza tarde: a los 40 años. Quiere compensar el arranque tardío y aporta $2,000 cada mes (el doble), con la misma tasa del 6% anual real. Al llegar a los 65 años, su aportación total fue mayor, pero su saldo final es poco más de $600,000 pesos menos que quien empezó quince años antes, aportando la mitad.
Mucha gente todavía me dice que no tiene dinero suficiente para empezar a invertir, a pesar de que pueden iniciar con el dinero que tienen en su bolsillo. La falta de capital inicial ya no es un problema. La falta de tiempo sí, porque ese nunca se recupera. Cada año que esperas es un año menos, pero no de los iniciales, sino de los finales, en los que el patrimonio crece de verdad.
El tiempo es mucho más importante que el dinero. La constancia y disciplina que tengas a lo largo de todos esos años también. Por eso, si no has empezado a invertir, no lo pospongas más.

