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Lactancia en emergencias: un derecho que también interpela a la IP
Un terremoto, un huracán o una inundación pueden dejar en cuestión de minutos sin agua potable, electricidad, alimentos o servicios de salud a miles de familias.

Un terremoto, un huracán o una inundación pueden dejar en cuestión de minutos sin agua potable, electricidad, alimentos o servicios de salud a miles de familias. En esos escenarios, proteger la lactancia materna deja de ser únicamente un asunto de salud pública: también se convierte en una responsabilidad compartida por autoridades, comunidades, organizaciones humanitarias y empresas.
La reciente emergencia provocada por un terremoto en Colombia volvió a poner sobre la mesa una realidad que puede repetirse en México: cuando se interrumpen los servicios básicos, los bebés y niños pequeños son particularmente vulnerables. La falta de agua segura, condiciones adecuadas de higiene y atención médica puede elevar el riesgo de enfermedades gastrointestinales y respiratorias, además de problemas de nutrición.
En este contexto, la leche materna adquiere una relevancia especial. Aporta al bebé agua y nutrimentos, además de componentes que contribuyen a su protección frente a infecciones. Por ello, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF recomiendan que, durante las emergencias, se generen condiciones para que las madres puedan continuar amamantando de manera segura, informada y acompañada.
El reto no termina en los hospitales o albergues. El sector empresarial también tiene un papel que desempeñar. La responsabilidad social empresarial puede traducirse en acciones concretas: habilitar espacios adecuados para lactancia, garantizar condiciones de higiene, ofrecer flexibilidad laboral, facilitar el acceso a información y mantener protocolos de apoyo para trabajadoras y familias durante contingencias.
La experiencia en México demuestra que estas medidas son posibles. Después del huracán Otis, en Guerrero, la Cámara Nacional de Industriales de la Leche (CANILEC) habilitó en Acapulco una sala pública de lactancia que durante tres meses atendió a más de un centenar de madres, padres y familias, con un espacio limpio, seguro y equipado para alimentar a sus bebés.
La dimensión social del problema también está relacionada con la inclusión. La plataforma “Lactancia Materna para Todos”, presentada por CANILEC en julio, parte de una realidad en la que alrededor de una de cada tres personas en edad reproductiva pertenece a grupos que enfrentan mayores barreras para acceder a información y acompañamiento.
Entre sus herramientas se encuentran una asesora virtual disponible las 24 horas, un Directorio Nacional de Lactarios, materiales para mujeres con discapacidad, recursos para madres y padres primerizos, contenidos para familias diversas, orientación para profesionales de la salud e información sobre donación de leche humana.
La brecha es particularmente visible entre las madres con discapacidad. Datos difundidos por CANILEC con base en información del INEGI señalan que cerca de 697,000 madres con discapacidad enfrentan barreras para ejercer su derecho a la lactancia. Además, más de una tercera parte no cuenta con acceso a servicios de salud y una de cada tres vive la maternidad sin pareja, condiciones que pueden limitar las redes de apoyo.
Para las empresas, estos datos plantean una pregunta que va más allá del cumplimiento normativo: ¿qué tan preparada está una organización para garantizar que sus trabajadoras puedan ejercer sus derechos incluso durante una emergencia?
La respuesta puede comenzar con infraestructura, pero debe continuar con políticas. Lactarios accesibles, permisos y horarios compatibles con la lactancia, capacitación de personal, protocolos para contingencias y comunicación interna basada en evidencia son algunas de las acciones que pueden incorporarse a las estrategias de bienestar laboral y sostenibilidad.
La plataforma también contempla recomendaciones para mantener la lactancia durante desastres. En estas circunstancias, el estrés puede dificultar temporalmente la salida de la leche, pero no significa necesariamente que la producción haya desaparecido. El acompañamiento profesional y el contacto frecuente entre madre y bebé pueden ayudar a mantenerla.
Proteger la lactancia, por tanto, no debería considerarse un beneficio adicional. Es una medida de prevención, inclusión y protección social. Para las empresas, asumir esta responsabilidad significa reconocer que la sostenibilidad también se construye alrededor de las personas y de su capacidad para enfrentar situaciones críticas.
En una emergencia, contar con agua, alimentos y atención médica es indispensable. Pero también lo es garantizar que las familias tengan información, espacios seguros y apoyo para alimentar a sus bebés. Proteger la lactancia es proteger salud, derechos y resiliencia; y esa tarea también corresponde al sector privado.
