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La economía oscura: lo que el PIB no ve

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Muchas generaciones nos maravillamos con la forma en que era posible observar el universo a través de los emblemáticos telescopios Hubble y James Webb, los cuales revolucionaron la ciencia con imágenes de detalles asombrosos. Bien, pues hoy podemos decir que estábamos mirando al espacio exterior a través del ojo de una cerradura.
La astronomía está a punto de dar un salto enorme con el telescopio espacial Nancy Grace Roman de la NASA, que cuenta con un espejo similar al del Hubble, pero con un campo de visión 100 veces más amplio. La explicación técnica es compleja, pero a gran escala supone dejar de fotografiar estrellas de manera individual para tomar imágenes de altísima resolución que permitan cartografiar la “materia oscura” y la “energía oscura”; es decir, descubrir 95% del cosmos que no emite ni refleja la luz.
La economía padece exactamente la misma limitación óptica. La política económica suele operar con visión de teleobjetivo: la atención se concentra únicamente en los datos oficiales del PIB, las tasas de interés o la inflación quincenal. Analistas, gobiernos y mercados hacen un acercamiento a esos indicadores formales, los cuales equivalen a una pequeña fracción del universo económico. Así, contamos con indicadores para el 5.0% visible, pero existe 95% restante de una dinámica real compuesta por una “materia y energía oscura” que no queda registrada en las estadísticas habituales, pero define la trayectoria del país.
La narrativa oficial nos quiere hacer ver la economía como la Estrella de Belén: un pequeño punto brillante lleno de referencias míticas. Pero en realidad, en México la materia oscura de la economía es la informalidad estructural. Según datos del Inegi, 56.2% de la fuerza laboral nacional se encuentra en la informalidad. Son más de 34 millones de personas que producen, consumen y sostienen la estructura económica al margen de la seguridad social y los registros fiscales; de cada 100 pesos del PIB, cerca de 24 son generados por ese amplio sector que opera en la nebulosa oscura de la economía nacional.
¿Y qué más energía oscura, invisible y subterránea en la economía que los flujos financieros del crimen organizado y los costos de la violencia? El Institute for Economics & Peace, en su informe del Índice de Paz México, calcula que el impacto económico de la violencia en el país equivale a 11% del Producto Interno Bruto. Esos recursos no se aprecian con el telescopio gubernamental, pero ahí están presentes: las extorsiones, el cobro de piso, el control de las cadenas alimentarias y el lavado de dinero ejercen una fuerza gravitacional que distorsiona los precios, frena la inversión productiva y expulsa al capital.
Agradecemos al Hubble y al James Webb por dejarnos ver un pequeño acercamiento al universo; ahora vamos a descubrir qué hay allá afuera con el telescopio Nancy Grace Roman. Sin embargo, para darnos cuenta de toda la materia oscura que flota en nuestra economía no requerimos tecnología de punta, simplemente abrir los ojos. Estamos atrapados en la visión de túnel de un país que toma decisiones sobre el futuro analizando solamente al sector formal, sin preguntarse qué se oculta entre las estrellas que vemos a simple vista.

