Alejandro Torrealba es presidente del consejo de administración de Spica Telecom. Esta compañía tiene un lustro con un plan de negocios para conectar zonas rurales vía su marca comercial “Hai”, que en lengua nativa otomí significaría “mi tierra”. Spica lleva invertidos 45 millones de dólares en zonas rurales y toda la inversión tiene origen extranjero.

Spica Telecom inició operación en Jalisco, Hidalgo, Puebla y Tlaxcala, pero tiene la intención de expandirse seguidamente por las regiones 7 y 8, las que presentan un nivel más bajo de conectividad en todo el país, sobre todo Chiapas, Guerrero y Oaxaca. Como socio de negocio buscó a Telefónica, quien, en una suerte de red mayorista, le alquila espacio en su espectro para atender a sus clientes con telefonía e Internet móviles.  

El plan de Spica Telecom pasa por llegar a una cobertura de cinco millones de mexicanos que habitan sólo en zonas rurales. Su mancha cubre a la fecha 1.5 millones de personas en 440 poblaciones rurales y atiende directamente a 350,000 usuarios, de los que factura 200 millones de pesos anuales. Este es el número del que Spica debe hacer magia para pagar insumos, crecer cobertura y desplegar nuevos servicios para consumidores alejados y económicamente deprimidos.

—Ha pasado un año del convenio AT&T-Telefónica por el uso compartido de red. Según comentarios de las propias compañías, ese acuerdo ha resultado beneficioso para ellas. ¿Qué ha significado el mismo para Spica Telecom a un año de esa firma?

—Luego de ese anuncio, ya tenemos un año y no ha ocurrido nada. Telefónica no ha realizado ningún acercamiento, ninguna aproximación seria para tratar de resolver el problema. El problema no sólo lo tiene Spica. Nosotros tenemos los problemas bien identificados, empezando por el incumplimiento de contrato. Y hay otros dos dolientes más, que incluso pudieran ser más conocidos que Spica Telecom. En algún momento los usuarios finales son quienes se verán obligados a salir del aire. Quedarse desconectados; creo que ese es un problema de competencia también.

—¿Cómo afecta en el día a día de Spica Telecom este incumplimiento de contrato de Telefónica que usted dice? ¿Por qué es tan sensible para ustedes el acuerdo de Telefónica con AT&T, como para que Spica pidiera en febrero al IFT auditarlo?

—Veo en dos planos lo que está sucediendo ahora. Todavía estamos conectados, pero Telefónica ya decidió arbitrariamente no permitirnos hacer las ampliaciones de capacidad en las radiobases. En esas zonas rurales todavía hay personas conectadas en 2G y con unas capacidades saturadas. Nosotros queríamos, y lo veníamos platicando ya con ellos, que nos permitieran hacer ampliaciones de cobertura, pero ellos han ido impidiendo todo eso. Telefónica ha expresado que el tema rural no es estratégico, a pesar de que teníamos un contrato firmado seis meses antes para despliegue de radiobases.

Lo que está empezando es haber un deterioro de la calidad del servicio, porque son usuarios conectados a redes que transmiten sólo voz y la data que transitan es una data muy lenta, cuando nosotros pudimos llevarla a 3G y aumentar hasta en cinco o seis veces la calidad del tránsito, mejorando el servicio a los usuarios de allí y telefónica simplemente lo impidió, inclusive con los equipos ya montados en las radiobases.

El segundo plano es cuando empiecen a vencerse esos contratos, pues comenzarán a apagarse esas radiobases. Esto es en la idea de Telefónica. Tratándose de un servicio público esencial, no vemos cómo esto pudiera ocurrir. Telefónica ya ha hablado de que ellos van a cumplirles a los clientes.

Telefónica ya le impidió a Spica hacer el despliegue de una red rural que ya teníamos escrita bajo contrato de 2,000 radiobases. Apenas pudimos montar 273 radiobases. Esto es un daño ya causado, porque ese bloqueo ya se produjo. Luego impidió que se hicieran las ampliaciones de capacidad en las radiobases existentes.

Entonces, cuando todo empezó, nosotros presentamos un escrito ante Telefónica denunciando el incumplimiento, dando así la oportunidad de que ellos subsanaran. Presentamos un escrito de 66 páginas y quince anexos de explicaciones técnicas, pero simplemente recibimos de ellos, ya en el último día del plazo legal para hacer las enmiendas, una carta donde decían que no estaban incumpliendo nada, que es absolutamente falso.

—Pero ellos han deslizado que todos sus clientes, finales y mayoristas, hacen parte del acuerdo con AT&T. ¿Por qué creen ustedes que un convenio por uso eficiente de infraestructura no resulta beneficioso para Spica Telecom?

—Sí, han anunciado a los usuarios que éstos van a pasar a AT&T, pero lo cierto es que AT&T no tiene cobertura en zonas rurales; o si por aparte van a tener algún acuerdo con Telcel. Pero todo eso, cualquiera que sea su solución, discrimina a los usuarios rurales, porque los va a obligar a conectarse a lo que Telefónica quiera que se conecten; es decir, les estará reduciendo la oferta. Ya no estará Spica Telecom en esa zona. Pero Spica es en muchas de esas regiones el único operador y con plan de servicio diseñado especialmente para las personas de los mercados rurales, diseñados al tamaño de su bolsillo. Ese es el punto para esos usuarios.

Hay una clarísima discriminación de Telefónica en cuanto la desconexión de las radiobases de Spica por ese acuerdo con AT&T y la solución que ellos puedan traer abordo, porque simplemente habrá menos competencia en las áreas rurales. Estará allí además solamente el operador preponderante y de alguna manera tendrán los usuarios que conectarse a ese operador.

—¿Han conversado con Altán Redes para usar sus bandas o existen inconvenientes con ellos?

—Definitivamente sí hemos tenido conversación con Altán. Nos hemos sentado con ellos en un par de ocasiones, tratando de buscar algún modelo de negocio que permita que nosotros tengamos la oportunidad, dando el servicio en zonas rurales y que podamos crecer más allí, porque el negocio de Spica Telecom, por ahora, es sólo zonas rurales. 

Nos hemos encontrado con una gran muralla, pese a la buena disposición de las dos empresas. Ese reto está tanto en el modelo de negocio de Altán como en el modelo de negocio de Spica. Se está haciendo, desde el punto de vista técnico, muy difícil acoplarnos y probablemente no se vaya a conseguir una solución a ese tema.

Altán fue creado bajo una serie de reglas que obviamente tiene que respetar y bajo esas reglas es que surge su modelo de negocio. Pero el modelo de negocio de nosotros es distinto. Buscar que nos acoplemos no se ha conseguido hasta este momento. Si vamos a conseguir algo por otras vías con Altán, no lo sé si será posible. Estamos conversando para que esos servicios en zonas rurales no se pierdan y siga expandiéndose.

—¿Qué hay de los Wisp y otros operadores locales para sustituir a Telefónica como socio? ¿Es técnicamente posible?

—Nosotros también somos proveedores de infraestructura en zonas rurales. Construimos las radiobases y usamos las redes de operadores grandes para que el tráfico fluya. En este momento nosotros tenemos desarrollado un know-how. Conocemos bien las zonas rurales; son muchísimos kilómetros recorridos para entender lo que sucede allí. Hemos creado nuestra propia marca que es Hai y lo que necesitamos para ser exitosos es tener ese insumo que nos hace falta.

—¿Telefónica no les dio la alternativa de comprarle su espectro?

—Si Telefónica nos dio una alternativa con su espectro, rentar o comprar, la respuesta es no. Telefónica nunca conversó con Spica el tema de AT&T. Si tenemos interés en alguna de las bandas, la respuesta es sí. Queremos tener nuestro propio espectro en la banda o bandas que sean más convenientes para nuestra operación.

—¿Están interesados entonces en la subasta de pedacería espectral que ya está en puerta? Ahí van incluidos paquetes con cobertura donde ustedes están y también van incluidas bandas que ustedes ocupan…

—Después de estos hechos, nuestra intención con esta operación es tener un espectro propio para no depender de los grandes operadores, porque ya con la experiencia que tuvimos con Telefónica nos queda claro que los operadores grandes quieren enfocarse en las grandes ciudades. Es donde está el dinero grande para ellos y sus productos están enfocados a ese público, no al tema rural.  

¿Qué estamos haciendo para que eso suceda? Estamos platicando con los distintos entes gubernamentales de México para concientizar la necesidad de que un operador como nosotros, que aunque somos el operador más grande que hay en las zonas rurales de México, no tenemos el recurso debido por el nivel de usuario y la geografía donde estamos; no podríamos participar en una subasta de espectro radioeléctrico como está hoy planteado. No podemos comprar un espectro que sea costoso y usarlo inmediatamente como sucedía antes, que se compraban los paquetes y las grandes operadoras lo usaban y decidían dónde o cómo usarlo; todo o una parte.

—Diversas voces en la industria hablan sobre la necesidad de entregar espectro “social” y ya se presume que el concurso de los 41 bloques que nadie quiso en pasadas licitaciones tampoco tendrá mucho atractivo. ¿Qué oportunidad ven ustedes allí?

—Lo que estamos tratando de llevar a los reguladores es la necesidad de un modelo distinto para quien opere en zonas rurales. Las reglas no las ponemos nosotros. La subasta está diseñada no para el mercado de Spica. El ingreso per cápita de un individuo de una zona rural no es equivalente al de una ciudad. El ARPU tampoco es el mismo y por ello el ingreso y la estructura de costos no son los mismos. Por eso nosotros no podremos participar en esta subasta porque no tenemos la capacidad.

Imagina que el gobierno acceda en algún momento a darle a Spica Telecom el espectro como lo vaya necesitando y en la medida que Spica vaya cumpliendo en dar cobertura a todas esas zonas rurales que están necesitadas de esa cobertura.

Que nos den el espectro en una suerte de dos condiciones: que haya cumplimiento de cobertura, que es lo que al final lo que todo mundo desea en México para las zonas más desvalidas, más desprotegidas de telecomunicaciones. La otra condición que aceptaríamos es que Spica puede llegar a un acuerdo económico y decir “yo te pago con un porcentaje de mis ingresos por espectro”.

—¿Y el regulador IFT ha dado seguimiento a todo este caso de Spica con Telefónica? Por cierto, ¿cuánto espectro sería suficiente para sus planes con los usuarios rurales?

Tuvimos en febrero una reunión con el IFT. Nos recibió en pleno con todos los equipos técnicos y escucharon muy bien toda esta situación y nos dieron una generosidad enorme de tiempo. De ahí en adelante no hemos tenido más noticia y este tema nos preocupa, porque los inversionistas extranjeros estamos viendo lo que hace Telefónica; viendo cómo en Telefónica devuelven espectro; cómo trata a su principal socio de zonas rurales y todo esto ocurre bajo la mirada del regulador.

Estamos enfocados en llevar la voz de Spica ante el gobierno. Si lo vamos a lograr… quisiera pensar que sí, porque en el gobierno de México están muy empeñados en que las zonas rurales tengan conectividad. Queremos que nos escuchen; nosotros somos los que estamos allí y los que sí estamos dispuestos a invertir el dinero.

Diría que tenemos como 18 meses antes de que Telefónica comience a apagar definitivamente su red 2G, aunque ya hizo su anuncio de apagar 2G.

El gobierno tiene en sus manos lo que nosotros seriamos capaces de hacer en número de servicios, en número de habitantes, en número de poblaciones y verdaderamente estaríamos hablando que el mapa de conectividad estaría cambiado de aquí a cinco años. Con 25 a 30 MHz de bandas nosotros podemos desplegar el plan que tenemos. Con eso podemos cambiar el mapa de conectividad de aquí a cinco años sin depender de los planes de los grandes operadores, que no están alineados con las zonas rurales.