El Tratado entre México. Estados Unidos y Canadá (T-MEC) brinda a México oportunidades para beneficiarse tanto del Just In Time (JIT, justo a tiempo,) como del Just In Case (JIC, por si acaso), destacó Roberto Zapata, socio senior en Consultores Internacionales Ansley y ex embajador de México ante la Organización Mundial de Comercio (OMC).

“México tiene que saber leer las actuales circunstancias para posicionarse, tiene que saber para cachar aquello que se llegue a deslocalizar o aquellas cadenas de suministro que lleguen a crear redundancia, por si las dudas, el Just In Case”, comentó Zapata, en un foro organizado por la Universidad Panamericana.

Con la logística JIT y JIC, las empresas pueden tener diferentes estrategias de gestión para las existencias.

Por un lado, la logística JIT depende de los contratistas y sus beneficios acreditados son una mayor eficiencia y costos reducidos. Sus inconvenientes son el retraso en la entrega de bienes cuando se agotan las existencias comerciales y las interrupciones en la fabricación si no se dispone de trabajadores esenciales.

Por el contrario, la logística de JIC se basa en reservas compradas y almacenadas para satisfacer la demanda y sus beneficios son la posesión directa y la entrega garantizada de bienes. Sus inconvenientes declarados son el aumento de costos y personal.

Zapata planteó que actualmente México cuenta con oportunidades relacionadas con estas estrategias de gestión y puso como ejemplo a los sectores farmacéutico, agrícola, automotriz, alimentario y de semiconductores.

Estas oportunidades se pueden maximizar gracias al T-MEC, que con sus bemoles, de todos modos genera certidumbre para los inversionistas”, dijo Zapata.

Actualmente se está dando una combinación de hábitos de consumo cambiantes (los consumidores compran “cosas” en lugar de “experiencias” durante los bloqueos de Covid-19), reabastecimiento y fortalecimiento de las cadenas de suministro (pasando de “justo a tiempo” a la gestión de inventario “por si acaso”).

Según Zapata, el T-MEC es una ventaja con la que cuenta México y cuyos “altos estándares” servirán de base o parámetro para las posiciones que en un futuro tome Estados Unidos en la negociación de nuevos tratados de libre comercio.

“Se habla mucho del nearshoring o deslocalización de las cadenas y México tiene el código de reglas para respaldar eso. Me parece que el valor de ese instrumento (el T-MEC) es que genera certidumbre respecto de la relación comercial con Estados Unidos, en un mar de incertidumbre a nivel mundial en términos comerciales”, comentó.

Por lo tanto, Zapata puso énfasis en que México sepa leer estas circunstancias, sepa sacarles provecho y echar por delante todo el entramado y toda la red de apoyo necesaria para elevar su competitividad.

“Lamentablemente algunas señales que llegan al día de hoy van en sentido contrario: una de las redes esenciales para la competitividad y para la manufactura en México es tener certidumbre en el abasto de energía”, dijo.

Relocalización al alza

De acuerdo con la firma Maersk –la mayor naviera del mundo– el nearshoring se intensificará en México, impulsado por sus ventajas logísticas y legislativas frente al resto de América Latina, proyectó Ricardo Rocha, director de Logística y Servicios para Latinoamérica y el Caribe de Maersk, la mayor empresa naviera del mundo.

Rocha destacó que a México le beneficia la tendencia de que los grandes importadores estadounidenses quieren diversificar sus riesgos de proveeduría desde China y, general, disponer de una proveeduría próxima como parte de las lecciones que dejó la pandemia de Covid-19.

En la última década, México ha ganado participación en el total de importaciones de productos a Estados Unidos, al pasar de 12% en 2010 a 14.9% en 2020.

roberto.morales@eleconomista.mx