Contar con un programa de voluntariado institucional en cualquier organización es valioso, pues se fortalece la gestión y desempeños de los colaboradores y por ello es importante dejar a un lado la improvisación y desarrollar una estructura con bases sólidas de su composición, afirmó el director de la Alianza Mexicana del Voluntariado (Amevol), Emilio Guerra Díaz.

El directivo comentó que de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo un voluntario es: aquella persona que realiza un trabajo no obligatorio sin recibir remuneración a cambio, en el que dona tiempo para realizar actividades sea a través de una organización o de manera directa para ayuda de otros fuera de su propio hogar .

Guerra Díaz expuso que la acción social voluntaria se manifiesta gracias a la afluencia de personas que concurren a una organización, a un voluntario que tiene uno o varios programas, proyectos y genera diversos servicios.

Por la fuerza de la participación de más personas bajo una organización, la contribución voluntaria está estructurada y genera satisfactores, mayor impacto y efectos en la comunidad beneficiada , explicó.

El también consultor de desarrollo institucional para programas de voluntariado expresó las tres principales áreas que debe considerar todo voluntariado: saber convocar, saber retener y saber reconocer el esfuerzo voluntario.

Y corresponde a las organizaciones detonar la cultura del voluntariado a través de organizar sus propios grupos, de darles visibilidad y señalar los resultados obtenidos. De ahí la importancia de los talleres que guían a las organizaciones a conformar un programa institucional de voluntariado , mencionó.

Guerra Díaz precisó que para garantizar la contribución del voluntariado es necesario que la organización trabaje en:

a) La actitud institucional. Se trata de apoyar al programa, debe invertir recursos y tener una visión con respecto al servicio voluntario que le permite alcanzar los objetivos y metas. El programa de voluntariado es alineado a los propósitos institucionales.

b) La aptitud institucional. Tanto la organización como el voluntariado dedican tiempo y recursos a su capacitación, a su preparación, a velar por las relaciones interpersonales, marcar un estilo de liderazgo.

c) La actitud personal del voluntariado. La motivación es un recurso, pero también se consideran sus opiniones y recomendaciones, reforzar su experiencia gracias al servicio, su espiritualidad respecto a contribuir al bien común, retroalimentar su desempeño.

d) La aptitud personal del voluntariado. La organización y el voluntariado destinan recursos para la constante preparación y capacitación de los voluntarios, les enriquece con temas asociados a su vida personal y profesional, estimula su creatividad e innovación.

El directivo de la Amevol detalló la triada del voluntariado, que es una propuesta que permite advertir que en la acción social voluntaria existen tres actores: primero, la organización; segundo, el voluntariado o grupos de voluntarios de la organización, y tres, la comunidad a la que se dirige el esfuerzo voluntario.

Siendo el objetivo primordial el llevar un beneficio a la comunidad. Los medios para ese fin los conforman la organización y el voluntariado ya que una organización que sólo esté pensando en beneficiarse de la acción voluntaria sin llevar provecho a la comunidad termina distorsionando el sentido del voluntariado que se enfoca en el bien común , consideró.

edna.herrera@eleconomista.mx