El nuevo etiquetado de alimentos ultraprocesados, los cuales su consumo en exceso pueden provocar enfermedades como obesidad, diabetes, hipertensión, entre otras, ayudará a que gradualmente se inhiba el consumo de este tipo de productos, destacó Laura Arellano, coordinadora de la carrera de Nutrición y Ciencias de los Alimentos del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Universidad Jesuita de Guadalajara.

Por medio de un comunicado, la académica destacó que el objetivo de esta nueva medida no es que la gente deje de consumir productos ultraprocesados de manera inmediata, ni acabar con la obesidad, sino que los consumidores tomen decisiones más informadas sobre lo que consumen.

El nuevo etiquetado que entró en vigor el pasado 1 de octubre, señala cuando un producto contiene cantidades excedentes a las recomendadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de nutrientes críticos como lo son las calorías, azúcares, grasas saturadas, grasas trans y sodio.

El etiquetado que es colocado en la parte frontal de los productos contempla 5 sellos en forma de octógonos que indican cuando un producto tiene: exceso de azúcares, exceso de grasas saturadas, exceso de grasas trans, exceso de sodio o exceso de calorías. También se vale de dos leyendas para destacar cuando el producto contenga cafeína o edulcorantes y se destacará que su consumo no es recomendable para la población infantil.

Laura Arellano recomendó “elegir el (producto) que tenga menos sellos y si se tiene alguna condición de salud que requiera que controles más el consumo de alguno de ellos, por ejemplo el azúcar, buscar el que no tenga ese sello en especial”, dijo.

Expresó la esperanza de que el nuevo etiquetado también motive a la industria de alimentos a empezar a modificar los productos que venden, destacó el caso de Bimbo, quien “reformuló algunos de sus productos para tener la menor cantidad de sellos posible en sus empaques”.  

La iniciativa privada del país ha mostrado su rechazo al nuevo etiquetado frontal desde el inicio del proceso por el cual se modificó la Norma Oficial Mexicana NOM-051-SCFI/SSA1-2010 (NOM-051), que contempla el nuevo etiquetado de alimentos y bebidas no alcohólicas preenvasados.

La IP acusa que el etiquetado tendrá repercusiones en el comercio nacional e internacional y destaca una afectación a los productores de azúcar del país, entre otros efectos negativos.

Responsabilidad del Estado

La coordinadora de carrera del ITESO destacó que la obesidad es un tema de salud complejo y con múltiples variables, propiciada por entornos alimentarios poco saludables producto del estilo de vida y el nivel socioeconómico, que abonan al problema y que no se resuelven de manera individual. Es por ello, dijo, que “los gobiernos son en gran parte responsables de generar las condiciones que garanticen el derecho a la salud y al bienestar de su población”.

“Si no estás en un entorno saludable que te permita tomar decisiones alimentarias informadas y saludables, y bajo las condiciones de vida que tenemos, difícilmente vas a poder tener una dieta y hábitos saludables”, afirmó Laura Arellano.

La académica destacó que el nuevo etiquetado que se implementa en México es más severo que en otros países en relación con el problema de obesidad que sufre el país, que registra el primer lugar a nivel mundial en obesidad infantil y el segundo lugar en obesidad en adultos.   

Resaltó la obligación que tiene el gobierno mexicano de informar qué tipo de alimentos come la población y pide ver el nuevo etiquetado como parte de una medida de salud pública obligatoria que tienen que tomar las autoridades.

 “¿Qué calidad de vida quieren las autoridades sanitarias para nuestro país? No hay dinero que alcance para atender todas las complicaciones derivadas de enfermedades como la diabetes, porque el número de personas enfermas es demasiado alto. Como nación, ¿qué futuro queremos para nuestras poblaciones?”, cuestionó la académica en el comunicado.

Pérdida de raíces

Laura Arellano aseguró que los mexicanos “estamos perdiendo nuestras raíces y nuestra cultura por comer alimentos chatarra. Se pierden recetas, ingredientes y hasta el campo en aras de producir, por ejemplo, trigo, caña y soya, que son algunos de los ingredientes comunes con los que se hacen estos productos”, dijo. 

En opinión de Arellano, los productos ultraprocesados no sólo representan un atentado contra la salud de los consumidores, sino también contra “la economía, las tradiciones, la cultura, el campo y el medio ambiente”.

Es por ello que la académica ve en el nuevo etiquetado una posible forma de que los mexicanos recuperen una alimentación natural y nutritiva, a la vez que hace un llamado a reflexionar acerca de qué es lo que consumimos.  

Fases de implementación del nuevo etiquetado

El nuevo etiquetado que entró en vigor el pasado 1 de octubre de 2020, contempla 3 fases para su implementación:

La primera fase abarca del 1 de octubre 2020 al 30 de septiembre 2023, y en esta se considera la colocación de los octógonos de advertencia que indican cuando un producto posee un alto contenido de calorías, azúcares, grasas saturadas, grasas trans y sodio, así como la colocación de las leyendas que indican cuando un producto contiene cafeína o edulcorantes que no son recomendables para el consumo infantil. 

Esta primera fase también determina que a partir de abril del 2021 se restringirá la colocación de elementos llamativos publicitarios en los empaques que contengan alguno de los sellos de advertencia.  

En la segunda fase, que comprende del 1 de octubre de 2023 al 30 de septiembre de 2025, serán modificados los criterios nutrimentales que establecen cuándo un producto lleva sellos de advertencia, esto con el fin de hacer más estrictos los límites de contenido de azúcares, grasas saturadas, grasas trans y sodio, que pueden poseer los productos y así impulsar a que los alimentos y bebidas industrializados contengan la menor cantidad de nutrientes dañinos que pongan en riesgo la salud de los mexicanos. 

La tercera fase que será implementada a partir del 1 de octubre del 2025, se contempla que para la aplicación de los criterios de exceso de nutrimentos se tomarán en consideración la totalidad de los mismos presentes en el producto (tanto los contenidos de forma natural y los que se añadan al momento de la elaboración).