A dos días de que el presidente Enrique Peña Nieto entregue su sexto y último Informe de Gobierno, expertos hablan sobre los claroscuros que se tuvieron en el manejo de las finanzas públicas y su escasa contribución a la economía mexicana.

Coinciden en que el sexenio de Peña Nieto será recordado como el más endeudado, con excesos de gasto y con un superávit primario que se logró a costa de reducir la inversión pública, la cual llegó a niveles mínimos históricos.

“Al final del sexenio, tendremos una deuda histórica que se incrementó en más de 10 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), pasamos de 6.3 billones de pesos y vamos a cerrar el 2018 en alrededor de 11.3 billones, es decir, casi se duplica la deuda”, expuso Luis Foncerrada, economista y experto en política fiscal.

Refirió que lo peor del endeudamiento es que no se haya reflejado en una mayor inversión pública, la cual al cierre del 2017 apenas representó 3% del PIB, la tasa más baja en los últimos 80 años.

Foncerrada abundó que esta baja inversión y el mal manejo del gasto público tuvieron un efecto mínimo y hasta negativo en el crecimiento de la economía. “La contribución del gasto público al PIB en unos años fue cero, en otros fue apenas 0.2% y en otros fue negativo en -0.2 por ciento. En promedio, la contribución del gasto público al PIB fue cero”.

Al respecto, Manuel Guadarrama, coordinador de finanzas públicas del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), criticó las estimaciones de deuda, ingresos y gastos que presentaba la Secretaría de Hacienda y Crédito Público cada año en los paquetes económicos, ya que siempre cerraban el año con mayor endeudamiento y mayores gastos.

“Siempre hubo un desfase entre lo que se aprobaba y en lo que se tenía al cierre de cada año. Si bien es bueno tener cierto margen ante alguna eventualidad, en ingresos encontramos una variación de más de 11%, mientras que en el gasto veíamos una de 5%, es decir, se gastaba más de lo que se aprobaba. No es buena práctica tener este nivel de colchón”, dijo.

Mencionó que, si bien en el 2017 se logró contener el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público —la medida más amplia de la deuda— como porcentaje del PIB, el efecto negativo que dejará es el mayor pago de intereses por deuda adquirida en este sexenio.

“Un dato preocupante es que el costo financiero de la deuda representa el tercer gasto más grande del gobierno federal, entonces esto ya es alarmante, incluso en el 2017 vimos que se gastó más en el servicio de la deuda que en la inversión física, lo cual te habla de un mal manejo de las finanzas públicas y del endeudamiento”, refirió.

Enfrentaron escenarios complicados

Félix Boni, director general de análisis en HR Ratings, consideró que las decisiones de política fiscal  se tomaron de manera optimista, ya que no se anticipó una caída tan drástica de los ingresos petroleros como se vio en el 2014. Además, indicó que enfrentaron ciertos escenarios que le generaron incertidumbre al país como el Brexit, la victoria de Donald Trump, y la renegociación del Tratado Libre de Comercio de América del Norte.

“En los primeros años, quizá no consideraron las precauciones que debieron, pero fue por factores de mercado que son difíciles de estimar (...) y han reaccionado de manera adecuada para tratar y controlar el gasto, son retos importantes para cualquier administración”, explicó.

Héctor Villarreal, director general del Centro de Investigación Económica Presupuestaria (CIEP), coincidió y agregó que, en este sexenio, de alguna manera se buscó no romper los balances macroeconómicos y se logró que las finanzas públicas mostraran cierta resiliencia.

“No hay que olvidar que les tocó una despetrolización de las finanzas públicas muy fuerte, lo que fue un golpe fuerte al sistema fiscal. Tuvieron tres años con bastante volatilidad, lo cual para la planeación de un sistema fiscal es veneno puro, porque te complica los escenarios”, precisó.

Faltó reforma al gasto

Villarreal destacó que, si bien la reforma fiscal del 2014 dejó mayores ingresos tributarios, no sirvieron para mejorar el manejo del gasto público. “La reforma con la que se debió haber empezado era la del gasto público, lo que nos llevó a una consolidación fiscal, en la que se logró un superávit primario, pero a costa de ajustes en la inversión”.

Guadarrama recordó el intento fallido de realizar un Presupuesto Base Cero, con el cual se buscaría eliminar la carga inercial que se ha tenido por varios años. Aclaró que el siguiente gobierno deberá hacer cambios significativos en la evaluación de programas sociales, así como un padrón de beneficiarios para tener un mayor margen en el presupuesto.

Juan Pardinas, director general del Imco, concluyó que, en efecto, hubo un mal manejo de las finanzas públicas, por lo que el siguiente gobierno de Andrés Manuel López Obrador deberá tener como prioridad no repetir los errores de endeudamiento y manejo laxo de las finanzas públicas que ocurrieron durante el sexenio de Peña Nieto.

“Se necesitará un nuevo plan de inversión que, además, verifique la calidad de la misma, que genere competitividad y mejore la calidad de vida de las personas”, acotó.

Lo bueno:

  • Mayor recaudación.
  • Menor dependencia de los ingresos petroleros.
  • En el 2017, se estabilizó la deuda.
  • Superávit primario, pero a costa de inversión.
  • Supieron enfrentar incertidumbre ante Brexit, Trump y TLCAN.

Lo malo:

  • La deuda creció más de 10 puntos del PIB.
  • La inversión pública se redujo y llegó a niveles mínimos históricos.
  • El gasto creció, pese a recortes.
  • Poco impacto del gasto público sobre la economía.
  • La economía no creció 5%, pese a reformas.