El Servicio de Administración Tributaria (SAT) cumplió 20 años el 1 de julio. Desde entonces han desfilado nueve personas al frente de esta entidad, pero sólo una ha sido mujer: Alma Rosa Moreno Razo. A ella se le identifica como una de las constructoras del sistema fiscal que hoy conocemos en México, con una verdadera separación del cobro de impuestos y de la administración de los mismos.

Casi dos décadas después, Alma Rosa Moreno, quien trabajó codo a codo con el fiscal de hierro Francisco Gil Díaz, se ganó el mote nada halagador de Alma Negra, pese a ser una persona de trato amable pero que en cualquier mesa de discusión se caracterizaba por ser una férrea defensora de hacer cumplir la ley y con pleno convencimiento de que la cultura fiscal se debe inculcar desde la infancia, igual que se hace con los principios de la democracia.

El problema de México es un problema de cultura, de respeto a las leyes, de aceptación de obligaciones versus aceptación de derechos. Algo que yo busqué (como presidenta del SAT) es la creación de cultura fiscal; esto es, la aceptación de la población de que el pagar impuestos es lo que le da el mismo derecho a quejarse, a exigir , dice en entrevista con El Economista.

Desde su oficina en el piso 31 de la torre ejecutiva de Petróleos Mexicanos, y hoy desde otra trinchera, como subdirectora económico-financiera de la Dirección Corporativa de Finanzas de Petróleos Mexicanos, Moreno Razo conversa sobre su paso por el SAT y no titubea ni un segundo para decir que el gran cambio está en el uso de nuevas tecnologías que permiten tener información de los contribuyentes, incluso afirma que la información son las balas para el fisco.

La recaudación necesita una base de información muy sólida. Creo que ese es el logro que tiene la actual administración tributaria ; y va más allá al decir que no se puede ir a la calle a ver qué se encuentra uno, porque se comete el error de molestar a los contribuyentes cumplidos. Hago ruido innecesario y aquellos que no contribuyen, los grandes evasores, se mueren de risa , dice.

¿Cómo vivió la transición de la subsecretaría de Ingresos antes de que existiera el SAT?

Yo llego a la subsecretaría de Ingresos en 1985, como directora de área de la Dirección General de Política de Ingresos, ahí me enamoro de la materia fiscal, que es no sólo muy relevante sino además apasionante desde la perspectiva de la cercanía que tiene con el sector privado.

Estando en el área de los impuestos usted tiene la posibilidad de estar en la parte económica del sector privado porque los impuestos gravan la parte de la economía.

En política de ingresos mi práctica profesional es en torno a la construcción de sistema fiscal en México, al lado de Paco Gil.

Yo como directora general de Política de Ingresos estaba sentada en la mesa de un subsecretario que tenía toda la administración tributaria dentro de sus funciones, en la época de Paco Gil, en esa mesa yo conocía profundamente cómo operaba en la parte administrativa toda la materia recaudatoria.

Todo eso le da a los que éramos miembros de la subsecretaría de Ingresos en aquel entonces una base muy interesante de información de en lo que consiste realmente la administración de impuestos. Ese fue el elemento que el presidente y el secretario Gurría consideraron en su momento que a mí me apoyaría para cumplir con las labores de presidenta del SAT, en 1998.

¿Qué considera que es lo que más se aportó en esa división del cobro y la administración de los impuestos?

Sí es cierto que la profesionalización de los impuestos no es una experiencia que inventamos nosotros, es una experiencia extendida en varios países y se percibe mucho más sólida cuando se tiene una entidad recaudadora totalmente independiente, profesionalizada sin los vaivenes políticos de un gobierno.

La administración tributaria es mucho más estable y debe serlo porque es muy técnica y además es una materia que es sistemáticamente cuestionada en juzgados porque el contribuyente tiene derecho a cuestionar resoluciones que emite la autoridad y se va a juicio contra la autoridad, independientemente de los juicios de constitucionalidad.

El SAT logró mucho con la separación de funciones y la profesionalización que se ha logrado. La inversión que se ha hecho en sistemas, en formación de profesionales del más alto nivel que encuentra uno en la administración tributaria, ya mucho más estructurada, creo que es lo que permite que el gobierno haya podido incrementar la recaudación en los niveles actuales.

¿Los problemas a los que usted se enfrentaba en aquel tiempo, como la informalidad, cómo se ven ahora?

El problema de México no cambia mucho, es un problema de cultura, de respeto a las leyes, es un problema de aceptación de obligaciones versus aceptación de derechos. Algo que yo busqué es la creación de una cultura fiscal. Esto es la aceptación de la población de que el pagar impuestos es lo que le da el derecho a quejarse, el derecho a exigir.

Yo en mi época, y no nada más como presidenta del SAT sino a todo lo largo de mi paso por la subsecretaría de Ingresos, participé y quise promover la conciencia como gobierno de que la cultura fiscal es trascendente para la evolución de la sociedad.

Yo le diría que el SAT ha avanzado muchísimo en el concepto de sistemas de información. El SAT ha avanzado porque hoy la gente se siente mucho más vigilada. Yo lo veo, mis amigos, yo misma de repente recibo cartas del SAT diciéndome: Te estoy vigilando, qué pasó con tu declaración . ¡Qué bueno!, ese debe ser el rol de la administración tributaria, hacerle sentir al contribuyente que lo tiene cerca, porque los impuestos se llaman así por ser obligatorios.

¿Diría que el SAT logró verse como una entidad seria?

Yo creo que lo ha logrado. No puedo decirle que cuando yo estuve ya había esta percepción, porque el SAT era muy nuevo, porque no teníamos los sistemas que tenemos ahora y desde siempre. Me acuerdo de una frase del subsecretario de Ingresos Guillermo Prieto Fortún: No, señores, ustedes me fuerzan a que yo pierda mi brazo y mi ojo en la lucha para fortalecer el marco fiscal y cuando les digo: traigan el cañón y disparen (porque esa es la parte administrativa), me dicen: no, no, no, nomás queríamos el cañón, apenas vamos a construir las balas .

Las balas para el fisco precisamente son la información, es el ir tras una política de fiscalización inteligente, documentada, apoyada en el análisis de la información, no se puede ir a la calle a ver qué me encuentro porque entonces molesto a los contribuyentes cumplidos, hago ruido innecesario y los contribuyentes que no contribuyen, los grandes evasores, se mueren de la risa.

La recaudación necesita una base de información muy sólida que creo que es el logro que tiene la actual administración tributaria con toda esta información que recopila de muchos lados.

Ya cada empresa manda toda su información digitalizada, llega a una base de datos que la captura y la puede procesar automáticamente. Han pasado muchos años desde aquellas declaraciones que tenían que doblarse de tan grandes que eran. La tecnología ha avanzado muchísimo

Además, la Prodecon no existía

Estas son de las instituciones que han ido evolucionando con el país, con la efectividad de las autoridades. Antes, cuando la autoridad no hacía auditorías, no había Prodecon, de repente cuando la autoridad empieza a cuestionar al contribuyente nace la queja de: ¿A nosotros quién nos defiende? , y nace la Prodecon, creo que muy adecuadamente para que el contribuyente sienta que tiene una autoridad tercera que de alguna manera lo ayude a resolver sus problemas

¿Cuál es la diferencia de estar en este momento en un área como Pemex cuando ya no se depende tanto de los ingresos del petróleo y en realidad enfrenta problemas?

Desde aquí los impuestos no se ven muy bien. El país ha evolucionado, el precio del petróleo ha caído.

Los impuestos siempre le han dolido a Pemex. Se caen los precios del petróleo y ahí llegamos a las necesidades, le exigen gasto fuerte que de alguna manera sí compite con la capacidad de pagar impuestos. De ahí la necesidad de demostrarle (a la SHCP) por qué sí se requiere un apoyo fiscal.

Estamos en una realidad complicada, pero como profesionista ha sido una experiencia maravillosa. Yo sé lo que veía de Pemex del otro lado, yo sé todos los argumentos que en algún momento mis compañeros me llevaban; yo sé la convicción con la que les contestaba, porque Hacienda tiene una capacidad maravillosa y transforma en verdaderos cruzados de la recaudación a todos los que cobramos impuestos, y en esa cruzada a veces matamos muchos enemigos.

Estando de este lado tomo el reto de hablarles con el lenguaje que entienden, con el lenguaje que conocen, conseguir los argumentos para convencerlos de lo que hoy al igual que entonces, es una necesidad: que nos bajen los impuestos.