Presionada por un rezagado pass through, o traspaso cambiario sobre la fijación de precios, por el deterioro de expectativas de inflación ante la liberalización del precio de la gasolina en el 2017, y reflejando la escalada de los precios del gas LP, la inflación se convirtió en la moneda de dos caras en la administración de Enrique Peña Nieto.

Durante los primeros cuatro años de su administración, la escalada de precios se mantuvo alrededor de 3%, que es el objetivo fijado por el Banco de México, como el que puede tener la economía sin generar inestabilidad.

Fue en diciembre del 2015 cuando se alcanzó la inflación histórica de 2.13%, incluso debajo del objetivo puntual. Este hecho sin precedentes fue resultado del débil crecimiento económico que liberó de presión la demanda de bienes y servicios, una baja en las tarifas de telefonía móvil, una caída también en el precio de combustibles como gasolina y electricidad, según el gobierno, resultado de la reforma energética.

Sin embargo, en el inter del 2014 al 2016, con una depreciación acumulada del peso de 64%, alimentó un pass through sobre los precios de mercancías, que terminó por confirmarse en presión, la cual se exacerbó a partir de noviembre del 2016, cuando el gobierno federal anunció la liberalización del precio del combustible, para dar paso al llamado gasolinazo.

El 2017, el año del gasolinazo

Al cierre del 2017, la inflación registró una variación de 6.77%, con lo que se alcanzó el mayor registro en 17 años.

Esta variación respondió a la presión alcista que en diciembre completó 18 meses consecutivos, donde el principal motor estuvo en los precios regulados y el impacto de la depreciación cambiaria en energéticos como la gasolina y el gas LP, consignaron analistas de Goldman Sachs y Bank of América Merrill Lynch.

La información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) evidencia que además de la presión cambiaria y del combustible, los precios administrados fueron determinantes en el impulso de la inflación.

Así, los precios de energéticos y tarifas autorizadas por el gobierno registraron una variación anual de 14.44% en diciembre del año pasado; seguida por los agropecuarios, que alcanzaron una fluctuación de 9.75% también a 12 meses.

En el 2018 la inflación se resiste a bajar

La información del Inegi en lo que va del año muestra que se han completado ya cinco meses con una tendencia de inflación a la baja.

Variación resultado de la menor presión de la demanda, el impacto de la baja de tasas en las expectativas, así como un dinámica en desaceleración del comportamiento de precios de mercancías que venían afectados por el tipo de cambio.

Sin embargo, analistas como Alfredo Coutiño, de Moody’s Analytics, explican que desde abril la desaceleración de la inflación comenzó a mostrar cierta resistencia a bajar, resultado de que ya no era tan favorable el efecto aritmético de la alta base de comparación.

De hecho, ante el mayor deslizamiento esperado en el dólar, para la segunda parte del año, el estratega anticipa un repunte en la tendencia de los precios generales. La depreciación esperada a partir de julio será resultado del rumbo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y la incertidumbre por las elecciones, acotó.

Resultado de la incertidumbre y su efecto en el tipo de cambio, el Banco de México ha tenido que desplazar, hasta el primer trimestre del año entrante, su previsión sobre la convergencia de la inflación al objetivo de 3% con +/-1 punto porcentual. Asimismo, ha asegurado que el objetivo puntual de inflación es 3% y están trabajando y dirigiendo las medidas para lograrlo en el menor plazo posible.

No obstante, enfrenta la resistencia de precios administrados y energéticos, como el del gas LP, que todavía, al cerrar el 2017, traía incrementos anuales de 40 por ciento. Una tendencia que, según el Inegi, se mantiene con alzas hasta de doble dígito.

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