La desigualdad económica a nivel mundial es un asunto que ha ganado notoriedad en años recientes, incluso el Papa Francisco y el Fondo Monetario Internacional han advertido de sus efectos nocivos. Estas desigualdades han generado un resentimiento hacia las élites, políticas y económicas, que ha logrado darle un impulso al populismo en política a nivel internacional.

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Según cifras dadas a conocer este mes por la organización no gubernamental (ONG) Oxfam, ocho personas del mundo, son dueñas en total de casi la mitad de la riqueza del planeta. Esos ocho súper millonarios, son todos hombres y han hecho su fortuna, la mayoría de ellos, en el área de tecnología. De esos ocho, la mayoría son estadounidenses, uno es español y otro es mexicano. La riqueza de 3,600 miles de millones de personas equivale a la que amasan estos millonarios.

Entre ellos se encuentran Bill Gates, fundador de Microsoft; Mark Zuckerberg, cofundador de Facebook, Jeff Bezos (Amazon), el mexicano Carlos Slim (Grupo Carso) y el español Amancio Ortega (Inditex).

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Tras anunciar los hallazgos del reporte, Oxfam señaló la enorme brecha existente entre ricos y pobres y sugirió que la diferencia es mayor que nunca, tras incorporar nuevas cifras de China e India que indican que la mitad más pobre del mundo posee menos de lo que se había calculado.

Desde hace cuatro años, el Foro Económico Mundial ya había señalado que el aumento de la desigualdad era una amenaza a la estabilidad social, el desequilibrio de ingresos entre ricos y el resto de la población ha seguido al alza.

Según Oxfam, entre 1988 y el 2011 el 10% del ingreso de la población más pobre aumentó menos de tres dólares al año, mientras que los ingresos del 1% más rico aumentaron 182 veces más. Otros datos que muestran las desigualdad generada en las últimas décadas son los difundidos por Thomas PiKetty, un afamado economista francés contemporáneo, que hizo una investigación que reveló que en los últimos 30 años el crecimiento de los ingresos del 50% con menos recursos ha sido de cero, mientras que los ingresos del 1% más rico ha aumentado 300 por ciento.

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El rechazo de las clases más afectadas por la desigualdad está provocando crisis políticas en todo el mundo. Muchos consideran que en el último año se ha convertido en un factor determinante en la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, la elección de Rodrigo Duterte en Filipinas, el crecimiento de la popularidad de las alas de la derecha más radical en Europa y la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

El descontento de las personas por la desigualdad generada ha hecho que inicien los cuestionamientos si la tecnología que ayudó a los mega ricos a hacerse con sus fortunas también ofrece soluciones sobre como homogenizar más esa brecha que cada vez figura como más distante. No hay que mirar muy lejos para percatarse de los cambios disruptivos que la Cuarta Revolución Industrial plantea, ¿esos cambios podrían también incluir a las personas?

Los cambios transformadores de esta nueva etapa tecnológica han empezado a borrar las líneas entre las esferas físicas, digitales y biológicas. Hoy, todo el mundo se está conectando, generando flujos masivos de información digital en una escala impensable hace una década, sin duda un avance en la homogenización de las clases. Aunque esta democratización de la tecnología no garantiza del todo una mejoría.

Según el Foro Económico Mundial hay cuatro maneras de cerrar la diferencia generada por la inequidad:

1. Estimular el crecimiento

En los últimos años las campañas políticas se han centrado en la generación de empleo como su principal compromiso, pero dejan de lado el factor del desarrollo tecnológico que es un factor real que toma los espacios que los políticos prometen. Los avances en la inteligencia artificial y la robótica consumen esos empleos sin que se pueda frenar ese cambio, ampliando aún más la brecha de desigualdad económica en todo el mundo. Según datos del Foro Económico Mundial el Banco Mundial estima que el aumento de la automatización pondrá en riesgo el 57% de los puestos de trabajo en los 35 países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), incluyendo el 47% de los empleos en Estados Unidos y el 77% de los empleos en China. Con el avance en la tecnología los trabajos existentes serán eliminados o transformados y nuevos tipos de trabajos que requieren nuevas habilidades emergerán. Para evitar que esa nueva amenaza a la brecha de desigualdad siga creciendo, se puede invertir en la creación de programas educativos que capaciten a los jóvenes para los trabajos del mañana, según el Foro Económico Mundial.

2. Generar confianza

Necesitamos transparentar la forma en que controlaremos y manejaremos la tecnología además de desarrollar modelos de seguridad que nos permitan tener la confianza de que estos sistemas no serán hackeados, no funcionarán o se convertirán en instrumentos de opresión para quienes los controlan, según el Foro Económico Mundial.

3. Impulsar la igualdad

Actualmente el 1% posee más del 50% de la riqueza mundial, mientras que el 50% inferior tiene menos del 1% de la riqueza y el 10% más rico tiene casi el 90% de la riqueza mundial y esa brecha se está ampliando a medida que la disrupción tecnológica avanza. Si bien se ha probado que la tecnología es un factor que permite cerrar la brecha de la desigualdad, el acceso a la educación sigue siendo un factor de diferencia. Según el Foro Económico Mundial, se estima que 263 millones de niños y jóvenes en todo el mundo no asisten a la escuela. Esos chicos no van a estar preparados para tener éxito a medida que la tecnología sigue avanzando si no se mejoran esas carencias en la población. La igualdad también implica proporcionar acceso igualitario, oportunidades y derechos para las mujeres y las minorías. Por ejemplo, las mujeres en promedio tienen menos de dos tercios de la oportunidad económica en comparación con los hombres, y el Foro Económico Mundial prevé que la paridad económica para las mujeres tomará 170 años. Según el Foro Económico Mundial, si no eliminamos la desigualdad, la tecnología que se generará para la Cuarta Revolución Industrial exacerbará el ritmo de la desigualdad.

4. Impulsar la innovación cuidando a los seres humanos

Actualmente el mundo está generando mayor innovación tecnológica que en cualquier otro momento de la historia humana. Pero necesitamos asegurarnos que las innovaciones técnicas de la Cuarta Revolución Industrial se apliquen a la solución de la multitud de problemas que enfrentamos, protegiendo a la sociedad de daños irreversibles, según el Foro Económico Mundial.

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