Monterrey, NL. Pachuca alargó su agonía, la condena que parecía impostergable y que concluiría, irremediablemente, con su derrota. No fue así. Monterrey fue una fiera que devoró a los Tuzos desde la ambición, del arrojo de todo un estadio que empujó a su equipo y que al final vio cómo, entre Óscar Pérez y Víctor Guzmán, dejaban a los Rayados en la amargura total, en la orfandad del triunfo y la ilusión quitada de las manos. El drama norteño estaba escrito.

Un monumental Conejo Pérez y un arranque de furia de Guzmán, que en la penúltima jugada conjugó toda la energía ausente en sus compañeros durante 92 minutos del partido, le dieron a Pachuca su sexto título de liga. El primero con una serie de atajadas que dejó sin gloria a Rayados, que cansaron en el ánimo a su rivales para que al final un remate de cabeza de Víctor Guzmán le diera el título del futbol mexicano, al empatar 1-1 en el partido de vuelta de la final, y vencer 2-1 en el global a Monterrey.

Aquello fue una tragedia. El inconmensurable deseo rayado fue apagado por el futbolista más longevo del balompié mexicano, el portero ?desechado por Cruz Azul, relegado a Segunda División con Necaxa y con más de 700 partidos en canchas mexicanos.

Los rasgos no mienten, Óscar Pérez tampoco. Las protuberancias debajo de sus ojos, las arrugas en su rostro y esos reflejos en slow motion no mermaron el ímpetu de un jugador que desea extender su legado; en el papel, hasta el 2017; en el sentimiento, quizá más.

Soy el último jugador que pasó del llano a la cancha , llegó a decir el Conejo cuando llegó a Pachuca. Es verdad. Basta con mirar la autoridad en la constelación de jóvenes talentos de los Tuzos, ese tipo de compromiso que va más allá del poder autoritario, más bien es complicidad; de una sonrisa, y un abrazo para Pizarro, Gutiérrez y Pizarro. Todos ellos, ni siquiera habían nacido cuando Óscar ya debutaba en la Máquina.

Tuvo razón el Conejo. La estética y formal instrucción de los jóvenes canteranos de Pachuca tuvo ausencia de pasión, de coraje y estabilidad emocional, aquella que fue mermando con el poder ofensivo de Monterrey, que con disparos de Pabón, Cardona y Funes Mori avasallaron la meta de Óscar en ocho ocasiones tan sólo en el primer tiempo, pero que fueron resueltas más que con habilidad con el deseo de trascender, de erigirse como ese líder silencioso.

Así fue, entonces, en una serie de remates que sacó en la línea de gol. Primero un disparo de Rogelio Funes Mori, el rechace también lo contuvo y, por último, entre su compañero mantuvieron su portería invicta. Eran los momentos más convulsos de su meta.

Fue hasta que una falta sobre Neri Cardozo, que el árbitro marcó como penal, que Óscar Pérez enfrentó, cara a cara, el peligro. Edwin Cardona falló el disparo, como si el destino ya estuviera escrito, que anoche, toda la gloria era del Conejo, el niño que jugaba en canchas de San Andrés Tetepilco, en Iztapalapa, que hasta hace unos años su mayor capricho era poseer un Mini Cooper.

Me tengo que cuidar, ya no tengo los mismas habilidades de antes, no puedo estar del tingo al tango , expresó hace unos meses cuando la pregunta sobre su retiro se hizo una costumbre, un aburrido ritual para el portero que no se desvela, no asiste a fiestas y pocas veces se ha visto envuelto en escándalos.

Anoche, el héroe de la noche fue Óscar, sus atajadas mantuvieron con vida a Pachuca, aunque sea mínima, tenían la ilusión de alzar el título, incluso con la expulsión Aquivaldo Mosquera, que detuvo a Dorlan Pabón a la entrada del área, para que Víctor Guzmán rematara un centro de Emmanuel García al minuto 92, cuando todo apuntaba a la prórroga. Para entonces, Rayados ni siquiera tuvo oportunidad de reaccionar.

Óscar se fue a hombros, alabado incluso por la afición rival, que ve en el Conejo aquel héroe invisible, silencioso, que con el ejemplo y el trabajo sostuvo a todo un equipo; pues, que logró que Pachuca alzara su sexto título de liga.

Alonso piensa bien el partido y se lleva la corona

Monterrey, NL. Diego Alonso mandó a la cancha a José Joaquín Martínez al minuto 75, sacrificando a Jonathan Urretaviscaya, cuando parecía que a los Tuzos se les iba de las manos el campeonato, luego de la expulsión de Aquivaldo Mosquera, quien derribó a Dorlan Pabón a unos pasos del área.

El técnico de los Tuzos no se la pensó, sacó a un extremo y metió a un lateral derecho, para luego recorrer de dicha zona hacia la zaga central a Stefan Medina, para respetar su línea de cuatro y no perder la figura en la zaga que lo llevó hasta la final por el título.

Tras sacrificar a un hombre de ofensiva y desdibujar el 4-2-3-1 con el que inició, Alonso apeló al orden de mitad de cancha hacia atrás, a la velocidad y habilidad de sus dos canteranos: Hirving Lozano, quien terminó con libertad para moverse por todo lo ancho de la cancha, y Rodolfo Pizarro, quien arrancó y terminó el juego detrás de su centro delantero, corriendo de manera incansable, buscando las espaldas de los centrales, como lo hizo en la jugada previa al gol del título, que provocó el saque de manos de donde se gestó la corona.

Con orden y la voz de mando de Jorge Hernández y Erick Gutiérrez en zona de recuperación, y un juego casi perfecto en la línea de cuatro atrás, Pachuca y su técnico habían logrado alargar el partido, mismo que todos miraban definiéndose en tiempo extra, a pesar de que Rayados jugaba con todo su arsenal y los arrinconó.

Si el estratega de los Tuzos atinó al meter a José Martínez, lo volvió a hacer al confiar en Víctor Guzmán, jugador de gran velocidad que le iba a ser útil en los tiempos extras, instancia en la que ya no fue necesario echar mano de su ida y vuelta y decisión para ir al ataque, sin descuidar la zona defensiva.

Y es que, como si lo hubiera soñado, la estrategia por la que apostó resultó de manera magistral, con Emmanuel García recibiendo pegado a la banda, librando a su marcador y finalmente levantando la cara para mandar un servicio preciso que remató tras entrar como locomotora al área Víctor Guzmán, quien tras entrar de refresco al 93 aprovechó un despiste de Edgar Castillo en la marca para rematar de cabeza y darle el título a los Tuzos, con apenas 60 segundos sobre la cancha.

De esa manera, con un par de ajustes, para darle solvencia a su zaga y posibilidad de atacar a sus dos canteranos y hombres más veloces y hábiles, Alonso le pintó la cara a Mohamed y superó a un equipo que en el estadio todos veían campeón en el tiempo extra. (Con información de Carlos Herrera Lizalde)

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