Estados Unidos tardó 40 años en volver a una Copa del Mundo, de Brasil 1950 a Italia 1990. En este último campeonato, dentro de su lista de 22 jugadores, había dos nombres ‘raros’: Tabaré Ramos y Marcelo Balboa. El primero, nacido en Uruguay; el segundo, hijo de un ex futbolista argentino. Ellos son parte de la sangre latina que ha corrido por las venas de la selección de futbol estadounidense por más de tres décadas.

De Italia 1990 hasta Brasil 2014 (no clasificó a Rusia 2018), Estados Unidos ha tenido por lo menos tres jugadores de origen latinoamericano en sus planteles mundialistas, lo que representa entre el 13 y 21%, con nombres como Claudio Reyna, Pablo Mastroeni, Carlos Bocanegra o Hérculez Gómez.

Actualmente, su plantel sub 23 tiene un 45% de elementos de origen latinoamericano compitiendo en el Preolímpico rumbo a los Juegos Olímpicos de Tokio.

De esa cifra, el 20% tiene raíces mexicanas: Sebastián Saucedo, Julián Araujo, Mauricio Pineda y David Ochoa. Saucedo es el único que milita fuera de la MLS (en Pumas), aunque fue formado en las fuerzas básicas del Real Salt Lake, en Utah.

La apuesta de Estados Unidos por los jugadores de origen latino no es algo nuevo, sin embargo, la camada actual ha emergido en un contexto diferente al de hace 20 o 30 años.

Los chicos de ahora cuentan con mayores oportunidades de crecimiento y exportación, gracias a que los clubes de la MLS ya cuentan con academias de formación y algunos tienen vínculos directos con Europa, como el New York City (hermano del Manchester City) y el New York Red Bull (hermano del Red Bull Leipzig), analiza Hérculez Gómez, mundialista con Estados Unidos en Sudáfrica 2010, en entrevista con El Economista.

“Esta camada de latinos se va a una edad más joven a Europa, su formación es diferente, también se entiende porque cuando crecí no había fuerzas básicas en Estados Unidos. Hoy me pongo a ver al jugador latino y americano en general y tienen muchas oportunidades: los equipos de la MLS ya tienen academias y también vemos equipos como Barcelona que tienen academias (en EU). Entonces, las oportunidades son mayores”.

Algunos ejemplos de esta cita son Richard Ledezma, mediocampista de 20 años que juega en las fuerzas básicas del PSV Eindhoven, o Ulysses Llanez, delantero de 19 años que pertenece al Wolfsburgo y está a préstamo con el Heerenveen. El primero nació en Arizona y el segundo en California, de padres mexicanos, pero decidieron representar a Estados Unidos.

La elección por representar a Estados Unidos o al país latino de sus ancestros “es difícil porque es una decisión íntima” en la que puede haber “amor y respeto por ambos”, señala Hérculez. En ese caso, continúa el ex futbolista, pueden entrar otros factores más relacionados con el desarrollo deportivo para tomar la decisión. Y ahí es donde EU tiene la ventaja sobre México:

“No es lo que cada país te ofrece y que haya que medir la mejor oferta, pero sí creo que ya es reconocido que un programa exporta mucho más que el otro; hay menos trabas con la Federación de Futbol de Estados Unidos, en cambio un jugador de la Liga MX es mucho más difícil que vaya a Europa, por lo que cobra, (el precio) al que quieren venderlo, que quieren que cumpla procesos… Es mucho más tardado que un futbolista mexicano se vaya a Europa que un americano”.

De acuerdo con un reportaje de este diario, la MLS ha exportado a cinco estadounidenses de 22 años o menos a Europa durante la temporada 2020-21, ingresando 16.2 millones de euros, mientras que en ese mismo periodo, la Liga MX solo exportó a un mexicano menor de 23 años a un precio de 3.5 millones.

El crecimiento de la MLS también es factor para que los jóvenes de origen latino prefieran forjarse en Estados Unidos, representarlo a nivel selección y luego dar el salto a Europa. Uno de esos casos es el de Sebastián Soto, quien rechazó jugar para Chile y México y optó por la sub 23 estadounidense. El delantero nació en California, se formó en el San Diego Surf (que perteneció a la Academia de Desarrollo de la Federación de Futbol de Estados Unidos) y actualmente juega para el Norwich City de la segunda división de Inglaterra.

¿Por qué es atractivo el futbolista latino para las selecciones de Estados Unidos?

“Porque es un poco de lo mejor de ambos mundos: tiene el orden y la disciplina del americano, pero también el sabor y el colmillo latino, una habilidad y alegría que viene con su juego, es un jugador técnicamente más dotado que otros porque desde una edad temprana crecen con el futbol como parte de la cultura de su familia”.

En los últimos tres torneos Preolímpicos (rumbo a Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016), Estados Unidos no contó con más de dos jugadores de origen latinoamericano en sus planteles. Los de ascendencia mexicana militaban en clubes de Liga MX como San Luis (Michael Orozco, 2008), Tijuana (Joe Corona, 2012) y Juárez (Alonso Hernández, 2016), pero actualmente el futbol mexicano ya no es un semillero para estos seleccionados, indica el ex mundialista estadounidense.

“Hoy vemos muchos más jugadores de origen latino que no tienen necesariamente que ver con la Liga MX, lo que siempre era el caso. Mi generación tenía jugadores como Edgar Castillo, José Francisco Torres o Michael Orozco. Hoy hay muchos latinos que militan en Europa, el latino es un jugador que ahora tiene más puertas abiertas que nunca. La Federación de Estados Unidos ha buscado, en los últimos años, cómo mejorar esa relación con la comunidad latina y aún hay mucho trabajo por hacer, pero veo con mucho optimismo ese panorama para el jugador latino porque la vara estaba muy baja antes”.

La creciente atracción de los mexicoamericanos hacia el futbol de Estados Unidos tiene que ver con asuntos administrativos y de estructuras, diagnostica Hérculez Gómez.

En su opinión, “el futbolista mexicano es muy bueno técnica y tácticamente, pero hay un momento donde hay otros factores ajenos a su decisión, más de pantalón largo, donde se pierde todo para ellos (…) de esta forma, la pregunta ya no va a ser cómo vemos a la selección de Estados Unidos (en comparación con México), sino qué pasa con el futbol mexicano, porque hasta Canadá está exportando jóvenes a Europa”.

fredi.figueroa@eleconomista.mx