Para que el infierno volviera a arder, Hernán Cristante tuvo que dejar de ser un diablo. El argentino regresó a dirigir al Toluca a partir de diciembre, pero con la mente renovada después de casi dos años separado del club. Aprovechó ese lapso para desintoxicarse en el diván de un consultorio psicológico y también recordando lo que es cambiar pañales a sus 51 años.

Cristante necesitaba esa frescura mental para dominar su temperamento. Durante su primera etapa al frente de los Diablos Rojos, se convirtió en el técnico más expulsado de la Liga MX al sumar siete tarjetas rojas entre el Apertura 2016 y el Apertura 2018, superando al polémico Miguel Herrera, quien se quedó en cinco en ese mismo lapso.

En total en ese primer periodo, el argentino sumó nueve expulsiones, el triple de las que recibió en toda su carrera como jugador en México desde 1999 hasta 2012 (con los diablos rojos y con Leones Negros).

Debido a ese sello violento, al Toluca de Cristante se le apodó ‘el club de la pelea’, y aunque logró regresar al club a una final de liga en el Clausura 2018 después de seis años, su imagen quedó expuesta como un personaje peleonero que era más visto en las gradas que en la banca.

“Estos casi dos años fuera del Toluca estuve preparándome. Lo digo sin vergüenza, es algo que me costó entender, las expulsiones terminaron espantando a propios y extraños, nunca fui un tipo de pelea, pero me comporté mal. Sigo teniendo reuniones con mi psicóloga, uno tiene que demostrar que aprendió a través de la experiencia”, le dijo a TUDN tras ser anunciado como nuevo técnico de los Diablos Rojos para el actual Guardianes 2021.

La terapia ha rendido efecto: en 2021, Hernán Cristante no ha recibido una sola tarjeta roja, tiene una efectividad del 42.5% y fue líder durante tres semanas, algo que no consiguieron Ricardo Ferretti, Ignacio Ambriz ni Víctor Manuel Vucetich. Con su nueva faceta relajada, regresó al Toluca a una serie de cuartos de final y dejó fuera al más reciente campeón, León, con una estrategia basada en el sacrificio defensivo.

Con su gestión, Toluca fue uno de los cinco equipos que solo recibió dos tarjetas rojas durante las 17 jornadas y Rubens Sambueza, caracterizado también por sus arranques violentos, lleva ya un año sin ser expulsado, contrario al último torneo que había vestido la camiseta escarlata, el Apertura 2018, cuando fue echado dos veces.

Esa labor no es rara en Cristante. Ya en el Clausura 2018, cuando fue subcampeón, consiguió la racha de victorias consecutivas más grande del futbol mexicano (nueve, que fue superada por las 12 de León en 2019 y Cruz Azul en 2021) con un plantel con varios jugadores tachados de indisciplinados, como Ángel Reyna, Luis Quiñones, Pablo Barrientos y el propio Sambueza.

El arquero más campeón en la historia del Toluca (seis títulos), ahora vestido de traje, abraza a sus jugadores y los reúne cuando tiene que levantar la voz, pero no los exhibe. Incluso ha arropado a algunos como el arquero Luis García, criticado desde que ocupa la vacante que dejó Alfredo Talavera.

“Sigo insistiendo que las condiciones que tiene Luis son muy buenas y tiene que ir puliendo muchas cosas, los porteros se equivocan. Mucha gente ha sido muy injusta con él, pero no importa, pueden decir lo que quiera, yo me siento orgulloso de lo que hizo”, dijo el entrenador tras la victoria contra León en el repechaje, donde García fue clave.

La gestión de disciplina y talento es algo que Cristante ha pulido durante 17 años en su Centro de Formación Deportiva en Metepec, el cual lleva su nombre. Ahí, capacita a niñas y niños de entre cuatro y 15 años con una enseñanza integral en la que pregona su filosofía de vida: “El futbol es una parte muy chiquita en el desarrollo del ser humano”.

El argentino revisa a detalle los currículums de quienes desean ser profesores en su escuela, y a los que solo se enfocan en táctica de futbol, los rechaza: “No va el desarrollo de un niño o de un joven por ahí, hay que darle bases sólidas, morales y éticas donde no solo les enseñes a ser el número 1, pues serás eso a través del esfuerzo, de trabajar de forma leal y de ser consciente, con una preparación integral que los va a hacer más competitivos, dispuestos a ser generosos en su entrega y en su forma de resolver problemas”.

El saber gestionar grupos es algo que cultivó desde su niñez, creciendo en una familia con padres separados. Ahora él, en el rol de padre de familia, fue un mediador para que sus tres hijas aceptaran a su nueva pareja, con quien tuvo un bebé durante la pandemia.

Actualmente, dos de sus niñas viven con su nueva familia y todos trabajan en equipo por el bienestar del nuevo integrante: “El enano (bebé) fue un salvavidas para todos, nos tenía haciendo algo durante la pandemia, con los pañales y dándole de comer; vino a curarnos, nos rescató”, señala sonriente el actual técnico del Toluca en una entrevista con Javier Alarcón.

Hernán Cristante vuelve a dirigir en una liguilla después de cinco torneos y lo hará ante más de 6,400 aficionados luego de que la Liga MX autorizó que Toluca abra el 25% de su aforo para los cuartos de final de ida contra Cruz Azul, la noche del 12 de mayo en el Nemesio Diez.

Esa será la prueba más fuerte de ‘el club de la pelea 2.0’, como han nombrado medios y aficionados a la nueva versión de la plantilla de Cristante, enfocada en pelear en la cancha y no con los árbitros.

El argentino de 51 años encara esta cita con la firme idea de que el éxito es mucho más que levantar un trofeo. En una charla TED, recordó la lección más grande que le dio Enrique Meza, su entrenador en aquel Toluca multicampeón de finales de los 90: “El éxito es como una espada de doble filo, una vez que se obtiene, uno no se puede sentar en ella”.

Hablando frente a una multitud al estilo de Bill Gates, Cristante aseguró que los libros le han confirmado la enseñanza del ‘Ojitos’ Meza: “Sé leer y escribir, me gusta leer, he visto muchos autores que hablan del fracaso y del éxito y todos coinciden en algo: el fracaso es la cuna del éxito, es donde uno se vuelve voluntarioso, se golpea donde no quiere golpearse y aprende a no golpearse de nuevo”.

fredi.figueroa@eleconomista.mx