Hace 10 años los clubes escoceses eran invitados recurrentes en las finales de la Europa League. Ahora el panorama cambió. Han perdido ante las inversiones millonarias de los oligarcas rusos y de la cantera inagotable de jugadores que es el futbol portugués, pero las diferencias económicas y crisis deportivas han aumentando la brecha ante los equipos ricos.

El defensa más costoso de la historia del futbol comenzó su carrera profesional en partidos con más de 46,000 personas en las gradas. Virgil van Dijk, futbolista holandés que en enero del 2018 le costó a Liverpool 78.8 millones de euros por su fichaje, tuvo su primera experiencia en el futbol internacional; es decir, fuera de su país, en Escocia, como defensa de Celtic.

Jugar en Celtic Park era siempre tener el apoyo incondicional de los aficionados, la pasión desbordada en las gradas y, por lo menos dos veces al año, enfrentarse a los rivales eternos del equipo, Rangers, por la supremacía del balompié de la isla británica, y que mantenía la estabilidad financiera del torneo, pero, cuando en el 2012 el rival de Celtic descendió por problemas administrativos, el torneo se devaluó 160 millones de euros.

Celtic es el único equipo escocés que ha ganado una Champions League, entonces Copa de Europa, cuando en 1967 superó 2-1 a Inter de Milán, jugando por primera vez el torneo y con todos los jugadores del plantel de nacionalidad escocesa; es decir, sin extranjeros.

Actualmente, Celtic y Rangers participan en Europa League y buscan clasificarse a la fase final, después de cinco y ocho años, respectivamente, de ostracismo del futbol escocés. Este logro lo consiguen lejos de participar en la Champions League (debido a las reformas sobre la distribución de lugares para los equipos en competencias europeas), a la crisis económica en la Premiership de Escocia y el aumento de la brecha financiera entre los equipos ricos y el resto.

Mercados acotados, con poca inversión en fichajes y salarios, además de una dependencia económica de la Premier League de Inglaterra y el éxodo de sus mejores jugadores a mejores ligas, son algunos de los motivos para el descenso competitivo de equipos históricos, como Celtic y Rangers.

Un informe de la UEFA, realizado en el 2017 sobre las condiciones de la industria del futbol en algunos países miembros, revelaba que el futbol escocés generaba 133 millones de euros anuales. Su nivel de ingresos estaba por debajo de países como Kazajistán (134 millones de euros), que hasta 1990 era parte del régimen soviético, o de naciones como Dinamarca (142), Noruega (144) y Suecia (167), donde los torneos enfrentan dificultades climáticas, por lo que registran bajas asistencias a los partidos.

También, según datos del Global Sports Salary Survey, informe realizado por Sports Intelligence, Celtic y Rangers se ubicaban fuera de la línea de los 200 equipos que más invierten en salario de jugadores.

Celtic había incrementado su gasto promedio en salarios gracias al círculo virtuoso que significaba no tener competencia doméstica —por el descenso de Rangers— y calificar constantemente a Champions League, donde se aseguraba hasta 20 millones de euros anuales. Según el informe, el salario promedio anual por jugador llega a 955,000 euros; mientras que su rival Rangers apenas llega a 428,000 euros anuales por jugador.

En relación con los clubes que más invierten en salarios, como Real Madrid, Barcelona y París Saint-Germain, los escoceses destinan entre ocho y 20 veces menos en sueldos para sus jugadores, por lo que una alternativa para seguir subsistiendo es vender al talento que logran observar en la baja juventud, como en el caso de Virgil van Dijk, que llegó a Celtic a los 21 años de edad, cuando no pensaba que se convertiría en el defensor más costoso de la historia del futbol.