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Hidratación en el trabajo, un asunto de salud y productividad
Conocer cuánta agua debe tomar un trabajador durante su jornada permite prevenir los efectos de la deshidratación y mantener el bienestar y la productividad laboral.

Conocer cuánta agua debe tomar un trabajador durante su jornada permite prevenir los efectos de la deshidratación y mantener el bienestar y la productividad laboral.
La hidratación en el trabajo impacta directamente en el bienestar, la productividad y la seguridad de las organizaciones, especialmente en actividades expuestas a altas temperaturas o esfuerzo físico, por lo que un consumo adecuado de agua ayuda al organismo a regular su temperatura y a prevenir las consecuencias de la deshidratación.
De hecho, el 73% de las personas afirma que el consumo de agua eleva “mucho” su bienestar y mejora su productividad, señala el informe Hidratación en el espacio de trabajo de Waterlogic.
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Lo anterior se explica porque el cerebro está compuesto en un 85% por agua, así como el 75% de los músculos, por lo que mantenerlos bien hidratados es necesario para realizar sus funciones de manera óptima y alcanzar un buen rendimiento físico, dice el Instituto de Investigación Agua y Salud (IIAS).
En el marco de la Semana Mundial del Agua, celebrada del 23 al 27 de agosto de 2026 bajo la organización del Instituto Internacional del Agua de Estocolmo, la importancia de garantizar una hidratación adecuada en el trabajo cobra relevancia, pues el bienestar y la productividad de las organizaciones dependen de ello.
No existe una cantidad única de agua que deba consumir una persona trabajadora durante su jornada, ya que sus necesidades dependen de la intensidad y duración de la actividad, así como de factores ambientales como la temperatura y la humedad.
Como referencia, Leonardo Rodríguez, médico ocupacional y fundador de Medicbi, dice que, para mantener una buena hidratación lo ideal es que una mujer consuma alrededor de 2 litros y un hombre aproximadamente 2.5 litros al día, pero en zonas cálidas y húmedas el consumo puede aumentar de tres o cuatro litros.
Para un mejor control de la hidratación durante la jornada laboral, recomienda mantener una ingesta regular de agua de aproximadamente de 250 mililitros cada 20 a 40 minutos, según el Instituto Nacional Estadounidense de Estándares (ANSI).
Además, recuerda que la Secretaría de Salud cuenta con la Jarra del Buen Beber, una guía que indica las cantidades correctas para una hidratación saludable y que aconseja el consumo de entre seis y ocho vasos de agua.
En contraste, Erick Iván Pérez Nieto, especialista en medicina del trabajo, sugiere la autorregulación: “Toma toda el agua que necesites. Hay que escuchar a nuestro cuerpo para saber cuánta agua hay que tomar. Si tienes sed, si sudaste, si estás cansado, si la orina tiene un color con una concentración mayor a la habitual, hay que tomar agua”.
Puntualiza que el 95% de la hidratación debe provenir del agua y por prevención se puede complementar con una bebida de medio litro de suero con electrolitos, especialmente si hay síntomas de deshidratación como boca seca o pérdida de elasticidad en la piel y, evitar bebidas energizantes.
Por su parte, Rodríguez aconseja no consumir electrolitos en exceso, ya que pueden provocar un efecto adverso de deshidratación; sugiere consumir bebidas conformadas principalmente por sodio, magnesio, calcio y potasio, elementos que se pierden al deshidratarse en el trabajo.
No obstante, los expertos mencionan que cualquier empleado puede deshidratarse, especialmente quienes trabajan al aire libre y están expuestos directamente al sol, como en construcción, agricultura y minería o a fuentes de calor y equipos de protección como soldadores, fundidores y operadores de hornos.
Deshidratación aumenta riesgos
La deshidratación puede poner en riesgo la vida y la seguridad en el entorno laboral y si excede el 2% del peso corporal, el rendimiento y la capacidad de trabajo disminuyen, afectando la función cognitiva y la toma de decisiones, factores necesarios para la productividad, el rendimiento y la prevención de accidentes laborales, indica el IIAS.
El riesgo de sufrir accidentes aumenta cuando aparece la deshidratación; puede generar dolores de cabeza, cansancio, fatiga, falta de concentración, calambres, confusión y debilidad, indica el Instituto. Detalla que el 80% de la sangre es agua y cuando el organismo está deshidratado, el sistema circulatorio e inmunológico lo resienten.
Sobre ello, Erick Iván Pérez Nieto afirma que la deshidratación influye en la accidentabilidad laboral porque la pérdida de líquidos y electrolitos afecta la concentración y el tiempo de reacción de una persona, además, en circunstancias graves, puede incidir en un golpe de calor.
“Provoca mareos y desmayos y al subir drásticamente la temperatura corporal sin que se pueda controlar rápido, se afecta el cerebro. Esto incrementa la probabilidad de sufrir una crisis convulsiva o la pérdida del estado de conciencia, sumando un daño metabólico, térmico o corporal en órganos como el cerebro, el riñón o el corazón”, menciona.
La falta de hidratación disminuye el estado de alerta y provoca un deterioro cognitivo que también afecta a la memoria, dice Rodríguez. “Es precisamente en ese momento cuando ocurren los accidentes de trabajo, hay una disminución de la condición física y de resistencia. Te empiezas a sentir débil”, subraya.
Los expertos coinciden en que mantener una hidratación adecuada durante la jornada laboral es esencial para cuidar no solo el bienestar y la seguridad en el trabajo, sino también para mejorar la productividad.



