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Alcohol en México: la cerveza domina, los jóvenes beben menos y el gasto se va a destilados

En México el alcohol sigue presente. La cerveza concentra la mayor parte del consumo, los destilados sostienen el gasto y el vino permanece ocasional.
El consumo de alcohol en México sigue siendo amplio y estructural, aunque muestra señales claras de ajuste. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025, elaborada por la Secretaría de Salud y el Instituto Nacional de Salud Pública, 73.1% de la población entre 12 y 65 años ha consumido alcohol alguna vez en su vida. Sin embargo, el consumo reciente es menor: 46.1% bebió en el último año y 30.9% lo hizo en el último mes, cifras inferiores a las observadas en 2016. El alcohol no ha salido de la mesa mexicana, pero sí se consume con menor frecuencia.
En México se bebe más porque el consumo de alcohol se mantiene alto entre los adultos, aun cuando los jóvenes han reducido su ingesta. La ENCODAT 2025 muestra que la proporción de personas que ha consumido alcohol alguna vez en su vida aumentó 2.1 puntos porcentuales, al pasar de 71.0% en 2016 a 73.1% en 2025, mientras que casi la mitad de la población adulta bebió en el último año y una de cada tres personas adultas tuvo episodios de consumo excesivo. Esto hace que, aunque la generación Z consuma menos alcohol, el peso total del consumo en el país siga siendo elevado.
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Qué se bebe en México: cerveza, destilados y vino
Cuando se observa el tipo de bebida, el patrón es consistente. La ENCODAT 2025 confirma que la cerveza es la bebida alcohólica más consumida en México, muy por encima de cualquier otra categoría, tanto en el consumo del último año como del último mes. En segundo lugar se ubican los destilados —tequila, whisky, ron, vodka—, mientras que el vino aparece con una participación menor, asociada a un consumo ocasional y no cotidiano.
Si este comportamiento se cruza con estimaciones de mercado del sector de bebidas alcohólicas en México, la fotografía se vuelve más precisa. En términos de volumen total consumido, la cerveza concentra más de la mitad del alcohol que se bebe en el país, con participaciones que rondan entre 50% y 55% del mercado. Los destilados representan alrededor de un tercio, cerca de 30% a 35%, mientras que el vino se mantiene en un rango cercano al 10%, con variaciones según región y nivel de ingreso.

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Estas proporciones no describen preferencia individual, sino peso real en el consumo total, y ayudan a entender por qué la cerveza sigue siendo el eje del mercado, mientras el vino ocupa un lugar más reducido pero simbólicamente relevante.
Esta estructura explica por qué el volumen total de alcohol se sostiene en productos de alta disponibilidad y precio accesible, mientras que el vino y ciertos destilados se vinculan más con experiencias gastronómicas específicas, comidas formales, maridajes o consumo social en restaurantes y bares, donde el gasto por ocasión es mayor aunque la frecuencia sea menor.
Quiénes toman hoy y dónde se concentra el consumo
El consumo tampoco se reparte de forma homogénea por edad. Los datos muestran que los jóvenes beben menos que antes. En la población de 12 a 17 años, solo 17.8% consumió alcohol en el último año y 7.5% en el último mes, prácticamente la mitad de lo observado una década atrás. El consumo excesivo también se redujo de manera marcada en este grupo, lo que confirma que la caída no es solo en frecuencia, sino también en intensidad.
En contraste, el alcohol se concentra en la población adulta. Entre quienes tienen 18 a 65 años, 47.4% bebió en el último año y 31.8% en el último mes, y 33.0% reportó consumo excesivo en el último año. El peso del alcohol en México recae así en personas en edad productiva, especialmente hombres, que concentran los niveles más altos de consumo intensivo.

VINOS
En términos territoriales, el consumo reciente es más elevado en regiones con mayor urbanización y oferta gastronómica. El Norcentral, Noroccidente, Península Norte y la Ciudad de México registran las prevalencias más altas de consumo en el últimos mesese, lo que refuerza la relación entre alcohol, vida urbana, ingreso disponible y restauración.
Una mesa que cambia
Los datos dibujan un cambio claro. México no dejó de beber, pero ya no lo hace de la misma manera. La cerveza continúa dominando el volumen y la cotidianidad; los destilados sostienen una parte relevante del gasto, sobre todo en contextos urbanos; y el vino permanece como una bebida de ocasión, más ligada a la experiencia que a la rutina. Al mismo tiempo, los jóvenes reducen su exposición y el consumo se concentra en adultos. Para la gastronomía, el alcohol no desaparece: se reorganiza alrededor de la ocasión, el contexto y el tipo de bebida.



