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El oficio del actor como voluntad colectiva: Silverio Palacios y Gustavo Sánchez Parra
Durante cuatro días, Playas de Tijuana se convirtió en el epicentro de proyecciones, conversatorios, encuentros, clases magistrales, y talleres que impulsarán una sacudida necesaria para reactivar la industria cinematográfica de Tijuana, y conectarse con el panorama mundial.

Gustavo Sanchez Parra y Silverio Palacios en el Festival de Cine de Tijuana. Foto EE: Nelly Toche
Tijuana, B.C.- En el último día del Primer Festival de Cine de Tijuana, la charla “Reflexiones del Escenario a la Pantalla” ofreció una clase magistral sobre la vocación y la responsabilidad del actor.
Los actores Silverio Palacios (con más de 40 años de trayectoria) y Gustavo Sánchez Parra (ganador del Ariel por Amores Perros), ambos egresados del Centro Universitario de Teatro (CUT) de la UNAM, enfatizaron que el cine es el resultado de voluntades creativas y colectivas y que el compromiso actoral exige un riguroso entrenamiento.
La responsabilidad del actor en la escena fílmica
Los maestros del histrionismo coincidieron en que la actuación, tanto en teatro como en cine, requiere una preparación formal y una mística inquebrantable. Sánchez Parra relató su difícil proceso de ingreso y permanencia en el CUT, donde aprendió que la carrera "no es de talentos, es de saber aguantar el ritmo" y las inevitables decepciones.
Ambos actores, quienes curiosamente iniciaron sus caminos estudiando guitarra clásica, subrayaron que el actor debe aprender a no mentir frente a la cámara. "Para poder ganarte este privilegio [de hacer cine], sí hay que prepararse, porque aprender a no mentir en el cine implica un entrenamiento forzoso. El entrenamiento forzoso es el decidirte a ser tú, a ser honesto, a ser genuino a través de tus personajes".
Palacios destacó que, al contrario del teatro, donde la exageración puede tener cabida, en el cine, una pequeña mentira se agranda hasta el tamaño de la pantalla, haciendo notoria la falsedad.
El cine: Un arte de voluntades colectivas
Frente a una comunidad mayoritariamente estudiantil, una de las reflexiones más potentes de la conversación fue hablar de la naturaleza social del cine. Palacios utilizó una poderosa analogía aprendida en un rodaje de Y tu mamá también en Huatulco: "Tienes que aprender a leer el mar".
El actor explicó que, al igual que un lanchero lee el mar para navegar, el actor debe "leer el set" o el escenario. Esto implica entender y agradecer que “todo lo que está ahí está hecho para ti”.
El cine, afirmaron, es el resultado de varias voluntades creativas—desde el guionista que imaginó la historia, hasta el crew que carga cables, ilumina y mal duerme. “El actor tiene el privilegio de contar las historias, y su deber es trabajar digna, respetuosa y responsablemente para no traicionar el esfuerzo colectivo”.
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La dicha de contar historias
Los maestros enfatizaron la dicha de contar historias de manera responsable, conscientes de que no hay ser humano que no aspire a vivir una vida digna de ser contada. Sobre la crucial relación director-actor, señalaron que a menudo existe una reticencia o temor por parte de los directores ante los actores inquisitivos, quienes preguntan para entender el mundo.
Silverio hizo hincapié en la lógica opuesta de ambos oficios: el director ve de allá para acá, enfocado en el cuadro parcial a través del lente, mientras el actor ve de aquí para allá, en un vasto campo de visión. La única guía común que unifica estas visiones es el guion.
"El mejor actor es aquel que se sabe de P a P, la parte de la historia que le corresponde contar... La feliz coincidencia entre esas dos visiones opuestas es la historia en común que los dos queremos contar, que es la guía, es decir, que está en la guía común, es el guion, así de fácil".
Ambos actores coincidieron en que la comunicación es vital. Palacios subrayó que el cine es el resultado de varias voluntades creativas y que, si no existe un involucramiento de todas las partes, el proyecto pierde su esencia. "Si no hay un involucramiento de todas las partes, de todas las voluntades, creo que el hecho fílmico en su esencia como resultado de varias voluntades creativas... no se da".
Sánchez Parra relató una anécdota personal donde la falta de comunicación con un director por un tema de continuidad rompió su confianza en el proyecto, demostrando que si una parte de la cadena falla, "algo se rompe" y el trabajo se resiente. Ambos lamentaron que la presión económica y la prisa televisiva estén infiltrándose en el cine, sacrificando la calidad que se logra al "cocinar a fuego lento" un proyecto artístico.
Finalmente, ambos lamentaron la desvinculación histórica entre las escuelas de cine y las de teatro en México y concluyeron que la mejora de la industria pasa por establecer vínculos, platicar y experimentar para que los artistas audiovisuales entiendan profundamente el trabajo y las necesidades de los actores.
El consejo final para los directores fue la necesidad de estudiar la naturaleza del actor y entender que la clave del éxito está en un proyecto donde el profesional pueda desenvolverse con sus facultades, sus talentos y su disciplina, buscando siempre la utilidad creativa antes que la fama.
Un festival en el Norte es una buena noticia
Ya en conferencia de prensa, ambos invitados celebraron la iniciativa del Festival de Cine de Tijuana como una oportunidad crucial para descentralizar la industria y el conocimiento cinematográfico, tradicionalmente concentrados en el centro del país.
Sánchez Parra destacó que la inyección de este festival permite expandir fronteras y un intercambio especializado, al traer a gente a exponer sus ideas y puntos de vista y diversidad de exhibición diferente al comercial, el cual "nos abre los canales, nos abre las expectativas, los deseos y los sueños".
Por su parte Palacios dijo que "para que el cine sea nacional tiene que suceder en toda la nación y más aquí en el extremo" donde la identidad se construye y se disputa. Agregó que el “festival legitima el talento local y la capacidad de Baja California, uno de los estados con mayor actividad fílmica, para contarse a sí mismo sin la necesidad de que otros lo hagan”.



