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El dilema de la nicotina: ¿por qué la prohibición absoluta está fallando?

Karl Olov Fagerström, una autoridad en materia de tabaquismo, sostiene que las políticas actuales basadas exclusivamente en la prohibición y el absolutismo han fallado. Con 14 millones de fumadores en México y una tasa de éxito muy baja para quienes intentan dejarlo, el doctor Fagerström propone una transición hacia la reducción de daños

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Foto: Nelly Toche

Nelly Toche

La lucha mundial contra el tabaquismo ha llegado a un punto crítico donde la ideología choca frontalmente con la evidencia científica. Mientras países como México mantienen políticas de prohibición estricta, las cifras de mortalidad no descienden a la velocidad necesaria. En este escenario, la voz del doctor Karl Olov Fagerström, psicólogo sueco y autoridad mundial en el tratamiento de la adicción, surge no sólo como un referente técnico, sino como un crítico necesario del modelo actual. Su mensaje es claro: la solución no es ser radical, sino ofrecer opciones.

La epidemia que los muros no detienen

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaquismo causa más de 8 millones de muertes al año. En México, la situación es alarmante: el país registra cerca de 14 millones de fumadores y cada día mueren aproximadamente 170 personas por causas relacionadas al tabaco. A pesar de que el 74.8% de los fumadores mexicanos desea dejar el hábito, el 55% fracasa en el intento.

Para Fagerström, creador del test universal para medir la dependencia a la nicotina, estas cifras son la prueba de que el enfoque punitivo ha tocado techo. "Debemos admitir que las prohibiciones no han dado resultado. Es tiempo de repensarlo y admitir que las alternativas para dejar el tabaco tienen un rol fundamental", señala el experto a El Economista.

La ciencia de la adicción: el cerebro y la dosis

Fagerström explica que la dependencia es un proceso de neuroadaptación. Es decir, en un cerebro fumador, los receptores de nicotina se multiplican para compensar la sobreestimulación. Cuando se interrumpe el consumo bruscamente, el cerebro entra en un estado de hiperactividad que genera irritabilidad, ansiedad, falta de concentración e insomnio.

La clave, según el especialista, reside en la farmacocinética: cómo y qué tan rápido llega la nicotina al cuerpo. "Un cigarrillo produce un pico de nicotina en 15 segundos, en cambio los productos alternativos, como las bolsas de nicotina o los parches, tienen una liberación más lenta y un Tmax (tiempo para alcanzar la concentración máxima) más prolongado", explica.

Fagerström detalla que la biodisponibilidad (lo que realmente llega al torrente sanguíneo) de estos productos suele ser del 50–60 por ciento. Así, un producto de 4 mg entrega realmente 1.5 mg de nicotina, una dosis similar a la de un cigarrillo pero sin los miles de químicos tóxicos derivados de la combustión.

Suecia: el modelo de regulación sobre prohibición

El argumento más contundente de Fagerström es el caso de su propio país. Suecia está a punto de ser el primer país del mundo declarado "libre de humo" (menos del 5% de prevalencia de fumadores). Esto no se logró prohibiendo la nicotina, sino permitiendo la competencia de productos menos dañinos como el snus (un producto con nicotina sin humo, que se consume colocándolo entre el labio superior y la encía) y las bolsas de nicotina.

"El gobierno sueco ha sido único: bajaron los impuestos a los productos de menor riesgo y los mantuvieron altos para los cigarrillos", comenta Fagerström. El resultado es que, aunque los suecos consumen tanta nicotina como el resto de los europeos, tienen las tasas más bajas de cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares del continente. Entonces "la nicotina no es la causa del cáncer; es la combustión del cigarrillo", enfatiza.

El bloqueo institucional y el "miedo" a la industria

A pesar de su prestigio, Fagerström denuncia un fenómeno de "juicio selectivo" de datos en las revistas científicas y organismos internacionales. Afirma que, debido a la mala reputación histórica de la industria tabacalera, cualquier estudio que muestre algo positivo sobre las alternativas de reducción de daño es bloqueado o ignorado.

"He sido editor de revistas científicas por 20 años. Si tienes un artículo que dice algo malo sobre la nicotina, entra sin problemas. Si hay algo positivo, hay un bloqueo. Incluso me han prohibido participar en reuniones de salud pública por haber tenido contacto con la industria para investigar estas alternativas", lamenta.

Para Fagerström, el mensaje para las autoridades mexicanas es que el absolutismo solo beneficia al crimen organizado. "Si prohibimos estas alternativas, el problema cae en manos del mercado negro. Debemos tener incentivos, no solo coerción".

La propuesta del especialista incluye:

Aceptar la nicotina como una sustancia culturalmente presente, similar al cannabis en otros contextos, pero separándola de la forma de administración más dañina: el humo, aunque sin dejar de lado el hecho de que la nicotina es adictiva.

Regular, no prohibir: Establecer controles estrictos sobre el marketing, empaquetado y venta a menores, pero permitiendo que el fumador adulto tenga opciones.

Educación para profesionales: Cambiar el paradigma de que "todo el tabaco es igual". No lo es. La diferencia en sustancias tóxicas entre un cigarrillo (84 detectadas) y productos no combustibles (9 a 19 detectadas) es abismal.

"Si pudiéramos acelerar la transición hacia productos sin humo apenas 10 años, salvaríamos millones de vidas en la Unión Europea y en el mundo", concluye Fagerström. Suecia ya demostró que es posible separar la nicotina de las enfermedades asociadas al tabaquismo. La pregunta es si el resto del mundo tendrá el valor de abandonar el radicalismo para abrazar la evidencia.

Modelos UE-México: de regular a prohibir

Prevalencia de tabaquismo y política hacia alternativas

Suecia 5%; regulación y apertura

Unión Europea (Promedio) 18-20%; modelo de regulación: restrictiva

México 15.3%; modelo prohibitivo

Nelly Toche

Periodista de ciencia en la sección Arte, Ideas y Gente de El Economista. Cuenta con maestría en periodismo sobre Políticas Públicas por el CIDE y es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UVM.

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