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Arte e Ideas

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Un atlas espacial, el bosón y unos aminoácidos

Este año, la ciencia mexicana se despide con aportaciones al conocimiento mundial y con la promesa de aumentar el presupuesto a 1% del PIB destinado a ciencia.

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Este año, la ciencia mexicana se despide con aportaciones al conocimiento mundial (como el trabajo de científicos mexicanos en el CERN cuando se descubrió el bosón de Higgs , el atlas de la Vía Láctea, o la patente de aminoácidos para desarrollar la vacuna contra la ateroesclerosis) y con anuncios positivos como la promesa de aumentar el presupuesto a 1% del PIB destinado a ciencia, tecnología e innovación.

Dentro de las principales aportaciones que se hicieron este año destacan la secuenciación del genoma de una pequeña planta carnívora llamada Utricularia gibba, que desafíó la idea de que los organismos necesitan del llamado ADN basura para vivir.

En septiembre del 2012, el proyecto Enciclopedia de los Elementos del ADN (ENCODE) afirmó que la mayoría del ADN basura es básico para los organismos complejos, porque son una serie de interruptores que determinan cómo trabajan los genes, de ahí que 98% del genoma humano sea basura y sólo 2%, genes codificadores.

Sin embargo, Luis Herrera Estrella, director del Laboratorio de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) del Cinvestav y otros científicos encontraron que la Utricularia gibba reta esta afirmación, pues contiene sólo 3% de ADN basura y 97% de genes útiles.

Y, hablando de Herrera Estrella, a finales del 2012 se convirtió en el primer científico mexicano en ser distinguido con la beca del Instituto Médico Howard Hughes (HHMI). Otro mexicano distinguido, pero en el 2013, fue Ranulfo Romo, que ingresó a la Academia Americana de Ciencias y Artes.

Algunos mexicanos que han pertenecido a esta prestigiada institución son Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990, y los universitarios Marcos Moshinsky, investigador emérito del Instituto de Física, y José Sarukhán, ex Rector de la UNAM y fundador del Instituto de Ecología.

Pero hubo otras aportaciones que sonaron fuerte, como la de Jaime Mas Oliva, quien patentó 12 aminoácidos desde hace siete años en Europa y en México, y desde hace cinco años en Estados Unidos y está en trámite en Canadá.

Gracias a los 12 aminoácidos, Mas Oliva encontró la forma de medir la presencia de la CETP, un indicador del riesgo que se tiene de llegar a la aterosclerosis, lo que daría pauta a los médicos de qué tan agresivo debe ser el tratamiento de las personas que ya padecen la enfermedad.

Con tecnología lista para transferir y el desarrollo de una vacuna contra la aterosclerosis, se busca a un socio capitalista (en México y en Estados Unidos) decidido a apostar un par de millones de pesos para lograr la vacuna.

Y en temas de salud, recientemente investigadores del Instituto Tecnológico de Monterrey (ITESM), campus Monterrey, desarrollaron una empresa llamada Samsara Stern Bank cuyo objetivo es manipular y multiplicar las células madre.

Mexicanos en el extranjero

Pero también en el extranjero hay colaboración mexicana que ha llevado a cosas como el descubrimiento del origen de la enfermedad del sueño, la narcolepsia, que es ocasionada por la pérdida de 70,000 neuronas que producen hipocretina, así lo afirmó una investigación realizada por un grupo de científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, encabezado por el mexicano Alberto K. de la Herrán Arita.

Otras colaboraciones importantes son las que hacen los mexicanos en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear o Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales (CERN), con sede en Ginebra, donde trabajan más de 70 investigadores connacionales de la UNAM, IPN, Universidad de Puebla, Universidad la Autónoma de Sinaloa, entre otras.

El CERN recibió el Premio Príncipe de Asturias y una mención especial de la Real Academia Sueca de Ciencias por el descubrimiento del bosón de Higgs, aunque el Premio Nobel de Física fue para los teóricos: el belga François Englert (80 años) y el británico Peter Higgs (84 años), que hace más de medio siglo propusieron, independientemente, la teoría que ayuda a explicar el origen de la masa.

Otro proyecto donde nuestro país está presente es en la misión Gaia, que consiste fundamentalmente en determinar la posición y el movimiento de unos 1,000 millones de estrellas, pero también su distancia, el parámetro más difícil de obtener. La más próxima se encuentra a casi 40,000 millones de kilómetros.

El telescopio espacial europeo, el cartógrafo de la galaxia , fue lanzado con éxito el jueves 19 de este mes, con la misión de realizar un atlas en 3D de la Vía Láctea, participarán de los datos de este instrumento los mexicanos Luis Aguilar, Octavio Valenzuela y Bárbara Pichardo.

Entre estas y otras participaciones en consorcios internacionales, los mexicanos contribuyen al desarrollo del conocimiento.

elizabeth.ruiz@eleconomista.mx

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