El director de teatro Luis de Tavira, cuya calidad ética y artística le ha formado un nombre imponente en la agenda cultural en México, con una trayectoria de poco más de medio siglo de experiencia, ofreció sus impresiones sobre las nuevas políticas culturales aplicadas en la Cuarta Transformación al recibir la Medalla Bellas Artes al Teatro 2019.

“La peor forma de enfrentar la exigencia de austeridad es el dispendio, y no hay peor dispendio que el error de invertir los pocos recursos que hay en donde no funcionan”, dijo el director Luis de Tavira luego de recibir la medalla Bellas Artes de parte de la titular del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL).

“La cultura no es un lujo burgués, prescindible en tiempos de crisis, no es una mercancía transformada en una expresión folclórica o turística, es la construcción de la conciencia y la comunidad. Las relaciones del teatro y la política son indiscutibles; pero la política debe entender que sólo la cultura cambia a la sociedad. La política no la cambia. De ahí que una política en favor de la cultura es aportar realmente por el cambio. El mayor error de la política cultural es dar respuestas simples a problemas complejos”, comentó en entrevista el galardonado.

“El teatro de Luis de Tavira nos recuerda que los dilemas éticos de la humanidad son posibles de ser debatidos desde una escena, desde un lugar donde el teatro nos conecta con la posibilidad de devolvernos a la vida como un espacio de construcción, de ética y, creo yo, de política, porque teatro y política están intrínsecamente vinculados”, dijo Lucina Jiménez al entregar el máximo galardón.

“Lo recibo con profunda alegría, con sencillez cabal, pero sobre todo con enorme gratitud por cuanto significa recibirlo del Instituto Nacional de Bellas Artes, que ha sido la casa donde se ha demorado durante muchos años el afán de mi quehacer teatral”, dijo al merecer la medalla que reconoce su aporte a la cultura en México.

Con la serenidad que le caracteriza, el director de escena declaró de forma didáctica que el teatro es un pilar de la sociedad moderna, al ser el canal en el que la democracia brilló para ser el modelo de gobernanza desde la antigüedad, también por cuestionar y hacer consciente al hombre de sí mismo, por lo que consideró importante trabajar desde las instituciones en un teatro de calidad.

“Me parece importantísimo construir un teatro para todos, que es para todos y es teatro porque no renuncia a la exigencia, rigor y profesionalismo del arte. El mal teatro no va a crear el teatro nacional ni producir la semilla de cultura”, dijo el director.

Cuestionado por el cambio de gobierno y el desempeño de las actuales autoridades culturales, opinó: “Yo sigo esperando, estoy convencido de que sus intenciones son las mejores. Yo quisiera ser paciente y ofrecerme a sumar, a no ser visto ni como un privilegiado, que no soy, porque sólo alguien con muy mala consciencia puede considerar que ser artista es ser privilegiado en este país, ni ser visto como un adversario, sino un sujeto que piensa como piensa y que, en la diversidad de pensamientos, suma”.

“No se puede hacer a un lado a la sociedad civil que propone las acciones de cultura; no se puede volver adversario al intelectual y al artista, se tiene que convocar a la comunidad que enfrenta tan gravísimos problemas”, señaló.

“Tal vez nunca había sido más angustiosa mi perspectiva, vivimos tiempos de una enorme miseria espiritual, de nihilismo y escepticismo, azorados frente al crecimiento de la violencia y la ausencia de todo valor, es el momento de esperar contra toda esperanza y sembrar aquello que dé fruto. El teatro hoy es una poderosa semilla”, concluyó.

A la máxima figura de la escena teatral lo acompañaron la actriz Marina de Tavira, la directora Patricia Yáñez y el director de la Compañía Nacional de Teatro, Enrique Singer; así como algunos de amigos como el escenógrafo Alejandro Luna y Philippe Amand; los directores Mario Espinosa y José Caballero; el diseñador de iluminación y coordinador del Sistema de Teatros de la Ciudad de México, Ángel Ancona; las actrices Arcelia Ramírez y Julieta Egurrola; actores como Diego Luna y José María de Tavira, y otros integrantes de la comunidad teatral.

Luis de Tavira

(Ciudad de México, 1948). Estudió Letras Clásicas y Filosofía en el Instituto Libre de Literatura, en Puente Grande, Jalisco, durante los años en los que perteneció a la orden religiosa de la Compañía de Jesús, y más tarde, Arte Dramático en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde su juventud se inclinó por las obras de Bertolt Brecht, el teatro social y el teatro político. Durante su trayectoria como dramaturgo ha puesto en escena más de un centenar de obras de teatro.

Contribuyó a la fundación del Centro Universitario de Teatro de la UNAM, el cual dirigió por un periodo de cuatro años. Fue fundador del Taller de Teatro Épico de la UNAM y del Centro de Experimental Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes. Ha impartido conferencias, cursos y talleres de teatro, estética e historia del teatro en Italia, Costa Rica, Estados Unidos, Colombia, Cuba, Francia, Dinamarca y Argentina. También es cofundador de La Casa del Teatro, y estuvo al frente de la Compañía Nacional de Teatro como director artístico.

En el 2006 fue galardonado con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes por el gobierno de México. Es miembro del Consejo Mundial de las Artes de la Comunidad Europea y ha sido becario del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes.

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