Está en la piel, en cada uno de los rincones de nuestro cuerpo. Está en la punta de la nariz, en la palma de nuestras manos, está en nuestro cerebro, martilleando nuestra mente, nuestra memoria.

Es el sentido. No solo los sentidos, sino el sentido: todo aquello que sentimos, que nos desespera, que nos fatiga buscándole lógica, dirección.

Sentido es la nueva puesta en escena de la compañía Tapioca Inn, la misma que el año pasado se llevó la palma de la crítica y del público por igual con la obra Incendios de Wajdi Mouawad. Sentido es de Anja Hilling, una joven autora alemana.

Así como Incendios (una historia que demuestra que nadie conoce en realidad a su madre) conmovió a todos los que la vieron, Sentido tiene el potencial para enamorar al espectador.

10 personajes, 5 muchachos y 5 muchachas, todos adolescentes, narran 5 historias de amor sucedidas durante un verano en un ciudad. Cada historia tiene como leitmotiv uno de los sentidos, de tal suerte que es como ver 5 pequeñas obras distintas.

Lo mejor de Sentido es que captura a la perfección el amor adolescente en su absoluta desesperación, en su agridulce forma de partirle la madre a la gente.

Alguien que la mire

Todos sabemos que en la piel de un adolescente no solo hay granos, también hay una tremenda capacidad para sentirlo todo sin armadura alguna.

Por ejemplo la historia de amor de Fátima y Fred. Fátima solía ser gorda, tener el pelo grasiento y mucho acné, pero bajó de peso, se cortó el pelo y logró que solo le salieran dos espinillas en todo el verano. Con su autoestima de ex fea, está decidida a conquistar a Tommy, el guapo del salón. Pero en su camino se atraviesa Fred, un dj de ojos soñadores... y ciegos.

Fred ama a Fátima y Fátima le corresponde, aunque sin querer. En un monólogo terrible, ella se confiesa: "Quiero que me amé alguien que me mire y me diga que soy hermosa, y tú nunca me vas a mirar".

El otro sentido

Sentido es también la búsqueda de lógica, de sentido, que todos hacemos cuando nos enamoramos (especialmente la primera vez).

Cada uno de los personajes se sorprende, busca explicaciones de por qué y cómo se enamoraron de aquel otro que antes era cualquiera y de repente se convierte en ese alguien al que no solo quieres mirar, sino también tocar, morder, paladear, oler y hasta destrozar.

Bajo la dirección de Hugo Arrevillaga, la compañía de muy jóvenes actores cumple con un texto difícil, muy lírico, que sin la dirección atinada podría ser muy pesado. Por momentos los monólogos parecen ejercicio de escuela de teatro, pero eso no es un defecto, al contrario, nos hace aceptar a los personajes como lo que son, unos jóvenes aprendiendo a vivir y a expresarse.

Sentido es una obra que logra quitarnos la armadura y recordarnos como se despiertan nuestros sentidos cuando llega el amor. No importa que edad se tenga, el amor nos inventa de nuevo cada vez que nos lo encontramos en el camino.

Sentido

Teatro El Granero. Reforma y Campo Marte, Centro Cultural del Bosque.

Jueves y viernes 8 de la noche. Sábados, 7 de la noche. Domingos, 6 de la tarde.

Boletos: $150. Descuentos a estudiantes e INAPAM.

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