La Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) está viviendo por primera vez en la historia una contingencia ambiental por PM 2.5 (partículas con un diámetro aerodinámico igual o menor a 2.5 micrómetros), a pesar de que desde enero de este año se lleva la medición de estas partículas y comenzaron a aparecer en el reporte de calidad del aire de la CDMX, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, confirmó que no existe hasta la fecha un protocolo oficial cuando se rebasan los índices permitidos. El límite es de 145 puntos y el índice siguió por arriba de los 160 puntos en algunas estaciones.

A esta alerta se suma la contingencia ambiental por ozono. La Comisión Ambiental de la Megalópolis (Came) activó la tarde de este martes 14, la alerta debido a que el Índice de Calidad del Aire llegó por arriba de los 140 puntos en algunas estaciones de la ZMVM, la cual cubre 16 alcaldías y 18 municipios del Estado de México.

Se requiere una revisión

En entrevista, Adalberto Jurado, jefe de la carrera de Ingeniería Ambiental de la Universidad La Salle, confirmó que no tenemos suficientes elementos para atacar una contingencia de este tipo, “incluso se comentó por las autoridades que se tienen que checar los protocolos para estos contaminantes, pues no existen”.

Dijo que sería importante hacer una revisión de nuestras estaciones, ya que no todas miden este tipo de partículas y eso también pudo provocar los aumentos en los niveles adecuados.

En México, contamos con la NOM-025-SSA1-2014 sobre salud ambiental, la cual establece los valores límite permisibles para la concentración de partículas suspendidas PM 10 y PM 2.5 en el aire ambiente y criterios para su evaluación. Sin embargo, el especialista asegura que una norma debe ir acompañada de acciones y tomar en cuenta diferentes aspectos. “Por ejemplo, las normas las establece la autoridad ambiental, pero los máximos permisibles para saber las condiciones a la salud los establece la Secretaría de Salud”. Agregó que debe haber participación de las universidades e instituciones para establecer un protocolo ambiental adecuado y fortalecido.

El catedrático compartió que en esta ocasión fue visible el grado de contaminación, pero muy probablemente el problema se presenta cada año en la temporada de incendios y sequías. “Para que una sustancia sea tóxica necesitamos concentración, exposición y susceptibilidad, estos factores son recurrentes en las ciudades como ésta”.

Por último aseguró que las medidas preventivas deben ser redefinidas en cuanto a valores y situaciones específicas, pues en este caso ya desde el sábado veíamos venir el problema. “La idea de las contingencias no es reducir sino evitar que suba (el contaminante) en un primer término”. E hizo un llamado: “Deberíamos empezar por nombrar al presidente de la Came, que sigue sin ser dado a conocer”.

Evidencia de los riesgos para la salud

De acuerdo a la NOM-025-SSA, la evidencia acumulada hasta ahora indica que los contaminantes atmosféricos son responsables de contribuir al aumento de la mortalidad general, de la mortalidad infantil, de la mortalidad de mayores de 65 años y de las hospitalizaciones por enfermedades respiratorias y cardíacas.

Estudios realizados en la Ciudad de México y otras áreas metropolitanas del país indican que el incremento en las concentraciones de PM10 y PM2.5 está asociado a un aumento en las visitas a urgencias por asma y con un aumento en las consultas por infecciones de vías respiratorias altas y bajas.

Los efectos de las partículas sobre cambios en la función pulmonar están ampliamente documentados en personas asmáticas y no asmáticas. Los niveles actuales de PM10 y PM2.5 se han asociado con reducciones agudas en el volumen espiratorio forzado del primer segundo (FEV1) y en la capacidad vital forzada (FVC), estas reducciones se observan tanto de forma inmediata como tardía.

Además, hay evidencia de que la función pulmonar mejora cuando la exposición se reduce, incluso ante exposiciones de largo plazo; con una disminución neta de 10 µg/m3 (microgramos por metros cúbicos) de PM10 por un período de 10 años.

La exposición a largo plazo a niveles altos de PM2.5 se asocia significativamente a hospitalizaciones por neumonía adquirida, mientras que la exposición a PM10 durante los meses de verano se asocia con mayores síntomas de apnea obstructiva y menor saturación durante el sueño.

También las investigaciones señalan que la exposición a PM2.5 produce cambios en la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Un estudio llevado a cabo con adultos mayores de la Ciudad de México encontró que por cada incremento de 10 µg/m3 en la concentración de PM2.5 se redujo el ritmo cardiaco en un 5% y el efecto fue mayor en pacientes hipertensos. Estudios epidemiológicos relacionan la exposición a PM10 y PM2.5 con un incremento en la mortalidad por causas no externas, principalmente cardiovasculares y respiratorias; también se ha relacionado con la mortalidad postneonatal.

Pobres y adultos mayores, los más vulnerables

Algunos estudios incluso señalan un incremento en la mortalidad debido a complicaciones respiratorias cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y afecciones al desarrollo, todos ellos relacionados con la exposición a la fracción fina, ozono y sulfatos. Este efecto se incrementa en personas de estrato socioeconómico bajo y en adultos mayores de 65 años.

En el análisis de la norma se menciona que la medición de las PM2.5 es incipiente en varias de las ciudades del país y únicamente se cuenta con información del comportamiento de este contaminante en la Zona Metropolitana del Valle de México y en Mexicali, para algunos años, por lo que se deberían replantear las acciones.

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