En octubre pasado, el Festival Internacional de Cine de Morelia entregó el Ojo a Largometraje Documental Mexicano, la máxima distinción del certamen para un filme de este formato, a la realizadora Marcela Arteaga por su trabajo El guardián de la memoria, un relato de profundo poder de denuncia con un tratado estético impecable, que reúne testimonios de sobrevivientes y desplazados de la fallida guerra contra el narcotráfico en la frontera norte de nuestro país y su lucha por la preservación de la memoria del que fue su hogar, la recuperación de sus muertos, el impacto de la no pertenencia y la revictimización institucional.

El largometraje, que este viernes 15 de noviembre se estrenará con nueve copias en la Ciudad de México, Tijuana, Guadalajara, Monterrey y Ciudad Juárez, es relatado en voz de las propias víctimas de la violencia exacerbada a raíz del Operativo Conjunto Chihuahua, implementado por la administración de Felipe Calderón en el 2008; familiares de personas asesinadas o desaparecidas por el crimen organizado o por propios elementos de la policía y del Ejército, en un contexto en el que la impunidad coarta definitivamente sus vidas.

Es, además, la historia narrada de la disolución social de Guadalupe, un pequeño pueblo en el Valle de Juárez, donde las consecuencias por los perversos intereses territoriales durante la administración de César Duarte, en Chihuahua, disminuyeron drásticamente la población de 15,000 a apenas un millar de habitantes.

A su vez, la cinta entreteje la lucha de Carlos Spector, un abogado de migración en Estados Unidos que promueve casos de asilo político para mexicanos que huyen de la violencia y para los cuales, no obstante la pérdida de sus familiares en actos de barbarie, son violentados durante estos procesos que las autoridades estadounidenses vuelven prácticamente imposibles. Este activista propone a través de la cinta el término “crimen autorizado”: el resultado de la incapacidad del Estado mexicano para proteger a sus ciudadanos del crimen organizado, la corrupción y la impunidad.

“La película se trata de abrir el diálogo, de hacer una reflexión sobre todos los temas que toca, incluida la memoria, para ver si esto cambia de alguna manera”, explicó Marcela Arteaga durante la presentación de la cinta, este martes, en Estudios Churubusco

Más tarde, en conversación con El Economista, declaró: “estoy convencida de que el arte no puede estar desvinculado de la sociedad. Desde mi lugar de cineasta, ésta es mi manera de alzar la voz, de decir basta, de intentar que se sepa lo que está pasando. Siempre he sido muy desconfiada del sistema y es que la historia de nuestro país nos ha vuelto así”.

De los testimonios del filme se desprenden frases como: “no es un duelo porque ni siquiera sabemos dónde están los cuerpos; es una herida abierta”; “el asilo no es un lujo, es el último boleto de la vida para seguir luchando”; “la impunidad no es la consecuencia de la violencia, es la política de la violencia”; “cuando en México se violan los derechos humanos violando la ley, en Estados Unidos se violan implementando la ley”. Esos testimonios, a decir de la directora, han logrado sensibilizar al público que ya ha visto la cinta.

“Si hablamos de efectividad de la película en el poder de sensibilización, sí, la cinta está siendo efectiva, está sensibilizando. Cuando la empecé a hacer nadie quería hablar del tema, y después de las funciones todo el mundo tiene ganas de hablar y de escuchar. Como sociedad nos hemos tenido que ir sensibilizando a fuerza”, agregó la realizadora.

[email protected]