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Para leer a otro clásico centenario
Dentro de 20 años -escribió alguna vez Mark Twain- estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por aquellas que sí hiciste. Así que suelta amarras.
Dentro de 20 años -escribió alguna vez Mark Twain- estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por aquellas que sí hiciste. Así que suelta amarras. Navega lejos del puerto seguro. Atrapa los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre.
El escritor, considerado el Charles Dickens del nuevo mundo, fue el maestro de grandes escritores. Cierto es que para muchos, es sinónimo de libros juveniles, casi infantiles, de adolescentes leyendo Las aventuras de Tom Sawyer tirados en el pasto o sumidos en el sillón, aburridos de las aburridas vacaciones familiares.
Pero lo cierto es que su pluma fue responsable de obras de distintos géneros, de crónicas, de artículos periodísticos profundos y de buen tino y un feroz crítico de la injusticia, el racismo y los vicios de carácter de la sociedad de su tiempo. Mark Twain es una de las figuras más importantes de la literatura estadounidense y para la historia de las letras universales es un imprescindible. Escritores serios , de la talla de William Faulkner, Norman Mailer o Ernest Hemingway, que de juveniles solo tenían el arrojo, hablaron de Twain casi con devoción.
Faulkner, sureño como Twain e igual de curtido como reportero, dijo: Fue el primer escritor verdaderamente americano y todos nosotros somos sus herederos .
Para Mailer la prueba de lo buena que es la novela de Huckleberry Finn es que puede ser comparada con las mejores novelas modernas .
Y Hemingway, que no era de elogio presto o adulación inútil, dijo palabras definitivas: Toda la literatura moderna americana procede de un sólo libro de Mark Twain titulado Huckleberry Finn. Todos los textos estadounidenses proceden de este libro. No hubo nada antes. No ha habido algo tan bueno desde entonces. Y así cerró toda consideración de la excelencia de Twain para siempre.
Nacido el 30 de noviembre de 1935 y fallecido hace 100 años en plena primavera, se llamó Samuel Langhorne Clemens hasta los 28 años, cuando se entregó de lleno a la pluma. Mark Twain fue el pseudónimo elegido a modo de barrera entre una vida intensa antes y otra vida apasionada después.
Nacido en Florida en la época de las grandes plantaciones de algodón y los desgarradores cánticos de los esclavos, a los cuatro años se trasladó a Hannibal, pueblo ribereño del Mississippi que sirvió de inspiración para el San Petersburgo de Sawyer y Huckleberry Finn.
Y es que Twain siempre bebió de su experiencia. A los 12 años quedó huérfano de padre, dejó los estudios y se empleó como aprendiz de tipógrafo. Así empezó a familiarizarse con las letras y pronto llegaron las primeras colaboraciones en periódicos de Filadelfia y Saint Louis.
Pero su alma le pedía cambios y a los 18 años decidió iniciar sus viajes en busca de fortuna. Fue piloto de un vapor fluvial -la actividad, confesó, que más feliz le hizo en su vida-, inspeccionó minas de plata y fue buscador de oro.
La Guerra de Secesión interrumpió el tráfico fluvial y el oro tampoco apareció como esperaba. Sus sueños terminaron. Pero llegó la literatura y fue su salvación. Alcanzó gran éxito, tanto como periodista como novelista. Solía decir que cada vez que se encontrara uno del lado de la mayoría, era tiempo de hacer una pausa y reflexionar.
Un clásico, decía, es alguien a quien todo el mundo querría haber leído pero que nadie quiere leer. Pero también decía que todo fuera como eso.