En las pasadas Olimpiadas Culturales, London Festival 2012, realizadas en el marco de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, se presentaron dos producciones mexicanas, una en cada uno de los dos festivales que compusieron esta celebración: el World Shakespeare Festival 2012 y el Globe to Globe. En el primero de ellos, la Compañía Nacional de Teatro (CNT) de México montó, en coproducción con la Royal Shakespeare Company, el estreno mundial de la obra de Luis Mario Moncada, A soldier in every son.

Códice Tenoch, en el Teatro Swan, de Stratford. Y en el Festival Globe to Globe se presentó otra producción de la CNT, dirigida por Hugo Arrevillaga, Enrique IV (primera parte).

Hace unas semanas conversamos con Luis Mario Moncada, quien a propósito del recibimiento de su obra en tierras inglesas nos dijo: A las 18 horas después del estreno ya había entre seis o siete críticas en periódicos ingleses, el feed back es inmediato. Hay de todo. La primera crítica que leí otorgaba cinco estrellas (máxima puntuación) y la calificaba como un soberbio ejercicio, afirmaba que era notoria la colaboración entre las compañías. En general, las críticas reconocían que el trabajo es muy profesional y ambicioso , expresó Moncada.

En el mes de abril, la obra dirigida por Hugo Arrevillaga presentó a manera de entrenamiento algunas funciones en el Zócalo de la Ciudad de México, en La Corrala del Mitote, un escenario creado para este montaje, el cual emulaba algunas características del emblemático Globo, teatro donde Shakespeare montó en vida sus obras. A toro pasado, el joven, pero ya experimentado, Arrevillaga nos compartió emocionado su experiencia.

La productora Mireille Bartilotti y el director Luis de Tavira desarrollaron La Corrala del Mitote, espacio que permitió presentar en el Zócalo el espectáculo antes de que se fuera al Globo. Ahí los actores pudieron entablar un diálogo con el público que llenó las 400 butacas disponibles. Fueron 14 funciones. Fue como tomar acondicionamiento físico , dijo Arevillaga, por las complicaciones del entorno: que fuera un espacio al aire libre.

Recordó Hugo: Yo les decía: ‘es la respiración y el corazón del Zócalo, así es y punto, entonces no luchemos contra él, dialoguemos con él y seamos parte de esa respiración’. Nos costó un poco de trabajo, pero lo logramos hacer y los actores tomaron una condición formidable. Yo me sentía como entrenador de la selección, a veces porque se trataba más de alentarlos, fortalecerlos, darles mucho ánimo, porque a veces daban dos funciones, una a la 1 y otra a las 6 (de la tarde), bajo el calor o la lluvia del Zócalo.

Fue, de verdad, un trabajo de guerreros. Yo estaba muy sorprendido, porque varios de ellos estaban a punto de perder la voz.

Cuando terminó esa temporada, si bien todos estábamos totalmente agotados, yo les dije: ‘estamos listos, así como estamos en ruinas, estamos listos. Cuando lleguemos al Globo se van a sentir en total libertad, van a hacer suyo al Globo, porque ahí no hay tanto ruido, es un espacio hecho para el teatro’ .

La Compañía voló. Un grupo de actores mexicanos recorrían las calles previas a las Olimpiadas. Dominic Dromgoole, director artístico del Globo, los recibió con mucha amabilidad. Ésta fue la primera vez que en este festival se reunía a 37 montajes en 37 lenguas diferentes. Y también fue la primera vez que una Compañía mexicana se presentaba en el Globo, que, si bien no es el original –comentó Arrevillaga- y es una reconstrucción, ese lugar no pierde la fuerza y el valor que tiene. Es un lugar en el que apenas uno entra y toca el escenario, recibe un rayo de energía fulminante que te ilumina, que te genera muchísima alegría y un gran compromiso, sobre todo cuando vas a trabajar sobre él .

El día en que se presentaron se realizó una breve ceremonia en la cual se invocó a Dionisio (dios griego del vino) y se regó una cerveza y una botella de tequila, además de que se soltó un globo rojo en medio del escenario como un símbolo para darles la bienvenida. Después comenzó la función. Había 1,100 personas, entre hispanoparlantes e ingleses. Causaba mucha curiosidad ver qué iban a hacer los mexicanos con Enrique IV (primera parte), una obra que habla sobre la identidad de los ingleses. ¿Qué hicieron con esto los mexicanos que es tan inglés?, se preguntaban.

Apenas abrieron las puertas y los actores salieron con una potencia. Se colocaron abajo, en el centro, como una especie de ceremonia que hacen para darse ánimos, y empezó la música y no sabes lo fuerte que fue: iban como flechas. No dudaban ni un instante de que podían hacer una enorme función. Yo estaba muy orgulloso, me sentía avasallado. Era, de hecho, como ver a la Selección, a tu equipo, ir por todo, no iban a dejar nada. La respuesta de los espectadores era increíble, todo lo entendían. Cuando terminó la obra fue increíble porque el aplauso en el teatro duró siete o 10 minutos, la gente gritaba ¡México! u ondeaba banderas de México y hacían sonar las matracas. Era una fiesta. No podíamos creer que fuera tanta la entrega del público.

Al día siguiente, el periódico inglés The Guardian le otorgó cuatro estrellas. Yo no lo podía creer. A veces leo The Guardian porque me gusta mucho sus reseñas de música. Aparece el nuevo álbum de Radiohead, cuatro estrellas; The Black Keys, cuatro estrellas.

Cuando vi CNT, cuatro estrellas, quería llorar. Fue algo muy fuerte. Había algunos otros diarios que escribían: ‘Shakespeare escribió Enrique IV para los mexicanos’, halagos muy bonitos. Para nosotros fue muy halagador saber que nuestro trabajo había tenido esa fuerza. Hablaban muy bien de la música, del vestuario. Cuando vino el Primer Ministro hace poco a México, le habló maravillas de Enrique IV al presidente Calderón. Yo puedo decir que regresamos a México con una medalla de oro en el corazón , concluyó.

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