Entrevista a Arcelia Ramírez, actriz ovacionada en Cannes.

Arcelia Ramírez es una de las actrices más prolíficas y referenciales de este segundo gran apogeo del cine mexicano. Su filmografía supera las cuatro decenas de largometrajes. Destacan sus ejecuciones en cintas como La mujer de Benjamín (1991), Como agua para chocolate (1992), Cilantro y perejil (1995), En un claroscuro de la luna (1999), Nadie te oye: Perfume de violetas (2001) y Las razones del corazón (2011), sin mencionar su trayectoria como actriz de televisión y sobre las tablas.

Ovación inusitada

Por su actuación en La civil (2021), primera ficción de la directora belga-rumana Teodora Mihai, el periplo de una madre en la búsqueda de su hija secuestrada por el crimen organizado en el norte de México, con una voluntad inexpugnable pese a un deplorable sistema judicial, Ramírez fue merecedora de una inusitada y prolongada ovación en la reciente edición del Festival de Cannes, en Francia.

El Economista conversó con la histrionisa en el marco de la edición 24 del Festival Internacional de Cine Guanajuato, donde se apersonó para participar en el homenaje al cofundador del encuentro, Ernesto Herrera, fallecido en febrero pasado por complicaciones de Covid-19. La conversación se afincó en el séptimo arte, la emergencia sanitaria y su percepción sobre las políticas públicas en México en materia cultural.

—Arcelia, ¿qué reflexiones te deja este año y medio de pandemia?

Es una sacudida brutal lo que hemos vivido. Es una situación que nos obliga a priorizar, a replantear lo que realmente es importante. En lo colectivo creo que hay un asunto de conciencia con la naturaleza que espero que realmente se transforme en una voluntad política para proteger el medio ambiente, amén de lo que uno pueda hacer de manera individual. Tiene que haber acciones definitivas y contundentes.

Ahora enfrentamos los efectos por la imposibilidad del pleno retorno de la cultura.

El medio artístico es uno de los sectores que más sufrió en esta pandemia. Todos los espectáculos en vivo, el teatro, la danza, la música, las filmaciones, las series, todo tuvo que parar porque es una actividad absolutamente colectiva. Ha sido muy violento, con momentos muy complicados. Todo lo que ha pasado con los apoyos al cine, a los estímulos, a la producción y la exhibición. La gente no está regresando a las salas plenamente ni a los teatros. Vamos a tener que hacer mucho trabajo para volver a una nueva normalidad en la que todas estas manifestaciones culturales puedan vivir. Tiene que haber un proyecto de recomposición colectiva para restablecer las artes escénicas.

—En tu opinión, ¿qué acciones se requieren para la reactivación de las artes que no encontraron un nicho en la virtualidad?

Además del avance de la vacunación que nos proteja de este virus tan arbitrario, se deben dar condiciones de seguridad, de difusión, apoyo para la producción, es decir, todo un proyecto cultural que tiene que echarse a andar, y no puede haber un proyecto sin recursos.

—¿Qué percibes de las políticas culturales desde el gobierno federal?

Creo que hay una buena intención de terminar con la corrupción, que sí ha sido el cáncer de nuestra sociedad. Pero el cambio de los mecanismos y estructuras de apoyo ha sido lento e insuficiente. Creo que hay que robustecer este apoyo, hay que hacer que sea claro y transparente.

Por otro lado, es necesario entender que la cultura en la educación es fundamental para las transformaciones. Por ejemplo, hablando de cine, nunca vamos a conseguir una industria si no tenemos las herramientas desde pequeños para acceder a un tipo de cinematografía más diverso. Por desgracia, estamos invadidos de los productos norteamericanos. La gente está muy automatizada para ver materiales que siempre son los mismos. Los chavos están expuestos a material de tan baja calidad. Hay que favorecer que el público empiece a tener criterios de selección.

Debemos garantizar que el público sepa disfrutar la diversidad que tendría que haber en las pantallas y para eso hace falta un programa de educación artística generoso y vasto. Hay que inocular la cultura desde pequeños. Sensibilizarnos a través de la cultura va a colaborar a reconstruir el tejido social. Y me parece que nos estamos quedando cortos. Sin eso, no vamos a tener un público que acceda a la diversidad de la cartelera.

—Hay cambio de legislatura y están pendientes los parlamentos sobre la propuesta de Ley de Cinematografía y el Audiovisual. Uno de los temas en discusión es el incremento al 15% de la cuota obligatoria para exhibición del cine mexicano. ¿Cuál es tu postura?

Creo que esa batalla hay que seguirla dando. Hay que renegociar, crear conciencia de que no podemos permitir una invasión tan bárbara. No podemos dejarnos avasallar, hay que resistir. Aunque no se pueda o se posponga, siempre hay que dar la batalla porque es una competencia absolutamente desleal. El cine mexicano, latinoamericano, europeo, ese cine de autor que permitiría que el público acceda a su derecho a la diversidad en la pantalla no tiene cabida si las películas norteamericanas invaden las salas. Es un círculo vicioso. De nuevo, tiene que ver con la educación: no hay público para el cine de autor si este no tiene las herramientas para reconocerse, disfrutarlo y entenderlo. Es una situación muy compleja, pero hay que empezar a dar esos pasos.

Una historia de coraje necesaria de contar

Fueron ocho minutos de aplausos en Cannes dedicados en particular al trabajo actoral de Arcelia Ramírez. En el mismo certamen, La civil, que se exhibió dentro de la selección Una cierta mirada, se llevó el Premio a la Valentía. El personaje de Arcelia se basa en la historia de Miriam Rodríguez Martínez, una madre que buscó justicia por su propia mano contra quienes secuestraron a su hija y la asesinaron. No claudicó hasta ver en la cárcel a gran parte de esta organización criminal. Miriam fue asesinada el 10 de mayo de 2017 afuera de su casa en Tamaulipas.

ricardo.quiroga@eleconomista.mx