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Arte e Ideas

Lectura 3:00 min

Mil campanas suenan

El gran acierto de la cinta de Mariana Chenillo es retratar un provincianismo semichilango difícil de explicar.

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Hay algo algo así como el provincianismo chilango. Algo así como una añoranza por el terruño, un miedo irse a la capital . Este miedo tiene código postal y rumbo: Ciudad Satélite, Naucalpan de Juárez, Estado de México.

Satélite, un barrio suburbano de clase media que está a pocos kilómetros de lo que oficialmente es el DF, es un mundo aparte habitado por los satelucos, amable gente de extrañas costumbres como ir a las aguas de Fuentes y divertirse dando vueltas al parque Naucalli. Sus plazas públicas son los malls.

Los satelucos son un secreto a voces. Nadie los reconoce: se ven como chilangos, hablan como chilangos. Cuando sucede que los identifican, los chilangos los discriminan. Los tildan de gente sencilla, suburbana, ingenua. No se dan cuenta, esos atrabiliarios citadinos, que Satélite es el paraíso y los satelucos, sus querubines.

Pero un día, el sateluco tiene que salir al DF. Mil campanas suenan en su corazón: anuncian un valiente mundo nuevo.

El gran acierto de la cinta Paraíso de Mariana Chenillo es retratar esa elusiva identidad semichilanga de los que viven allende la Torres de Satélite. En aquel barrio afortunado donde abundan las camionetas (pagadas a muchos veces con intereses), viven Carmen (Daniel Rincón) y Alfredo (Andrés Almeida), un feliz matrimonio de profesionistas. Una oportunidad laboral hace que tengan que dejar Satélite para irse al DF .

Al principio, los dos esposos son felices. Todo queda cerca, nada de lidiar con el tráfico de Periférico norte a las 6 de la tarde. Las avenidas todavía resultan confusas (¿Patriotismo y Revolución no eran la misma calle?) pero todo marcha. Más o menos.

De manera apenas consciente, las cosas comienzan a cambiar. ?De pronto, de manera dolorosa, en una fiesta, Carmen se da cuenta de que ser gordita (como son ella y su marido) no está in, no es de gente de ciudad.

MI GORDA VIDA (SER FELIZ NO ES FÁCIL PARA NADIE)

Con la idea es adaptarse a su nuevo tren de vida citadino, Carmen decide cambiar su gorda vida.

A su insistencia, ella y Alfredo se anotan a un programa de baja de peso a la Weight Watchers, donde el motivador es un hipster interpretado por Luis Gerardo Méndez (el tipo tiene cara de chiste, aunque salga poco). La encargada de la báscula es Anabel Ferreira, deliciosamente desdeñosa. Mira, viejo, bajé un kilo , dice emocionada Carmen. No, 900 gramos , le contesta una Anabel sin emoción. De verdad que Ferreira está experimentando, gracias al cine joven, una resurrección pocas veces vista.

El asunto de la adelgazada se vuelve un viaje de autodescubrimiento. Los resultados son de esperarse: Alfredo se vuelve esbelto y Carmen sube de peso. La grasa los separa. ¿Cómo harán, cada uno, para encontrar su lugar no sólo en el DF, sino en su relación? ¿Sobrevivirá el amor a la dieta?

La comida, amiga y enemiga, se vuelve la tabla de salvación de Carmen. Un grupo de expatriadas españolas la harán abrazar con ganas sus ganas de comer. Aleluya.

Paraíso es una comedia que hará reír a todo aquel que, como su servidora, haya crecido en los suburbios de esta ciudad o haya intentado bajar de peso, o simplemente se haya sentido fuera de lugar, perdido. Es decir: bienvenido todos a Paraíso.

concepcion.moreno@eleconomista.mx

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