Recientemente la Universidad de Basilea (Suiza) ha recopilado datos en 78 países sobre el impacto del confinamiento por Covid-19. En este caso encontraron que uno de cada diez encuestados reportó bajos niveles de salud mental, que incluía afecto negativo, estrés, conductas depresivas y una visión pesimista de la sociedad. El otro 50% tenía solo una salud mental moderada.

Otro estudio de la Universidad Javeriana de Cali, la Universidad de Barcelona (UBAT) y el Colegio Colombiano de Psicólogos estudiaron las respuestas de 18,061 personas. Aunque 9% dijo tener algún trastorno de salud mental desde antes de la pandemia, 29% de la población consultada presentaba síntomas de ansiedad y 35% de depresión.

Entre los aspectos a considerar se encontró que la población más afectada fue la de menos ingresos, en la que 36% tenía ansiedad y 46% depresión. Además, 74% siente amenazados sus ingresos y 69% la continuidad de su empleo o sus estudios. Asimismo, durante la pandemia se ha visto desmejorada la actividad laboral en 63%, los ingresos en 55%, la actividad física en 50% y los hábitos de sueño en 49 por ciento.

Este 13 de enero se celebra el Día Mundial de Lucha contra la Depresión, un trastorno emocional que afecta a más de trescientos millones de personas en el mundo, siendo considerada como la primera causa mundial de discapacidad, e incidiendo notablemente en las tasas de mortalidad y morbilidad.

“La incertidumbre es la señal de estos tiempos”, asegura el doctor Felipe Vázquez Estupiña, psiquiatra y gerente médico de sistema nervioso central en GSK, “no tenemos certeza de nuestro trabajo, de nuestros ingresos o nuestra propia salud, vivimos en un estado de ansiedad preocupados por lo que va a suceder, esto representa un gran reto para nuestra salud mental y cuando el estrés se prolonga nos asocia al riesgo de síntomas depresivos”, señala.

El especialista concuerda con los diversos estudios, “en abril y mayo de 2020 lo que era muy prevalente eran los trastornos del sueño, luego viene una etapa de fatiga, ante la falta de interacción social también hay un peso en el estado anímico y se perciben incrementos en el consumo de alcohol y sustancias como mariguana, cocaína y tabaco”.

La pandemia se ha alargado y continúa, por ello el llamado del especialista en este día es a aprender a manejar el estrés y utilizar los recursos disponibles.

Un problema más frecuente de lo que uno imagina

Vázquez Estupiña es contundente: “todos tenemos o un problema mental o un familiar cercano a estos problemas”, y la importancia de este problema es que produce un impacto en la productividad de la gente, pues no hay concentración, no se puede dormir bien, se pierde la energía, la motivación e incluso nos puede llevar a la conducta suicida, eso ahora está generando inquietud por parte de todas las instancias a nivel mundial, pues se habla de ello como un probable efecto colateral con la situación mundial de pandemia.  A nivel global se estima que se pierden un millón de vidas por suicidio, pero las crisis económicas, la presión social, las migraciones, pérdida del empleo, incrementa el riesgo.

El especialista asegura que es importante diferenciar la depresión de la tristeza o el duelo, en este último caso se da por una pérdida y generalmente es una reacción que dura algunas semanas y nos puede llegar a incapacitar por unos días, pero cuando hablamos de depresión, la misma definición del concepto es estar triste por dos semanas o más y esto nos impida realizar nuestras actividades cotidianas.   

Para ello existen dos intervenciones fundamentales, una es la psicoterapia (capacidad de ayuda mediante técnicas verbales y no verbales que movilizan las ideas y emociones) para depresiones leves y moderadas; para depresiones más severas se requiere de apoyo farmacológico (antidepresivos, de la familia de medicamentos seguros, que no causan adicción). Por la neurobiología sabemos que un cerebro que recibe ayuda con tratamiento  efectivo se fortalece,  la neurogénesis (producir nuevas neuronas) se permite a través de los antidepresivos para proteger al cerebro del estrés, que no se atrofie, pues las células cerebrales se mueren cuando el estrés es muy intenso.

Otra de las acciones es que tenemos que aprender a meditar, hacer yoga, ejercicios de relajación muscular, respiración, esto es parte de las herramientas psicológicas y psiquiátricas que nos permiten mantener el balance. “Antes se veía como algo esotérico y sin fundamento científico, pero como han pasado los años, autores como Jon Kabat-Zinn han demostrado que cuando la gente practica la meditación, se incrementa el volumen de la corteza cerebral”.

nelly.toche@eleconomista.mx