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La historia de una familia, de un pueblo
La tercera cinta de Diego Luna como director cuenta la historia de un héroe, pero también es la historia de un padre y su hijo.

Diego Luna, como director, está interesado en lo icónico y en cómo lo heroico nace de un entorno familiar, común. No es casualidad que haya filmado la historia de los dos Chávez heroicos: Julio César Chávez, el campeón, y César Chávez, el activista.
César Chávez es una eficiente cinta biográfica: tomando sólo un fragmento de la vida de Chávez (entre los años 1965 y 1970), Luna consigue retratar todo: la injusticia, la rebeldía y el logro. Pero César Chávez también es la historia de una familia, sobre todo de un padre y su hijo mayor.
MALOS TIEMPOS Y LOS PEORES
Chávez, nacido en Yuma, Arizona, pero hijo de mexicanos, vivió los malos tiempos y los peores. Es un acierto que la cinta comience con el personaje (interpretado por el excelente Michael Peña) contando en primera persona su origen.
La familia Chávez pasó de ser dueña de un rancho a trabajar en campos ajenos por un pago de miseria. Si la película logra algo muy bien es documentar la vida terrible en los campos californianos, donde campesinos, casi todos mexicanos, recogen cebollas y uvas hasta sangrar. Un carrito con agua pasa entre las plantaciones, si los trabajadores quieren un sorbo, tendrán que pagar unas monedas.
Chávez, un tipo de inteligencia notable, supo salir del campo, aprender de activismo político en Los Ángeles y regresar para crear el Sindicato de Trabajadores del Campo.
Como puede esperarse en una cinta biográfica de un personaje que, sobre todo en Estados Unidos y entre la comunidad chicana, es considerado uno de los grandes héroes del siglo XX, hay momentos teatrales, muy emocionantes, donde aparecen los grandes hombres (Kennedy, Reagan). La gran huelga en los campos y el boicot al vino californiano, grandes triunfos del activismo de Chávez, son los clásicos momentos épicos. John Malkovich aparece como un antagonista casi de caricatura, un dueño de viñedos que no piensa dar un paso atrás ante los mojados .
LA FAMILIA, EL GRAN ACIERTO
Pero donde realmente la película anota home run es en las escenas en las que conocemos a la familia de César Chávez.
Su esposa Helen (América Ferrera), tan comprometida con la causa campesina como César, y sus muchos hijos, sobre todo el mayor, Fernando (Eli Vargas), que resiente la ausencia de su padre. Uno quisiera que la película dedicara más rato a la relación entre César y Fernando. Se siente que algo definitorio sucedió entre esos dos en algún momento: un abandono, una separación dura. No es casualidad que Luna decida terminar la película con una carta de Chávez a su primogénito.
Aunque César Chávez es una buena película en general, quizá le faltarían un poco de sombras, de arrugas al protagonista. Esas sombras sólo aparecen en el renglón familiar de Chávez, pero nunca en su vida política, toda justicia y paz (Chávez era un gran creyente de la acción pacífica).
Hoy, que se espera una reforma migratoria, la película cobra otra dimensión. El activismo de Chávez inspira a otros, como los Dreamers, jóvenes nacidos en México pero criados en Estados Unidos que luchan por obtener un estatus migratorio legal en el país donde crecieron y al que pertenecen en realidad. Como Chávez, los Dreamers dedican sus esfuerzos a la resistencia civil pacífica. Ojalá que, como Chávez, triunfen.