“La cultura tiene que estar en contra del odio, del racismo, de la discriminación y de la destrucción del planeta”. Por eso -dice- debemos superar ese modelo cultural estereotipado y ensimismado, nacionalista y folclórico, con el que México ha querido mostrarse al mundo, y emprender una ruta hacia la solidaridad global y a incorporarnos al debate que se está produciendo en el mundo frente a los problemas globales que ya estaban allí, y que lo único que hizo la pandemia fue evidenciarlos de un modo más inquietante, dice Enrique Márquez, director ejecutivo de Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

La conversación con Márquez se produce justo en la semana en que se han suscitado enérgicas protestas en diversas ciudades de Estados Unidos por el asesinato “en vivo” de un hombre negro (George Floyd) a manos de oficiales de policía en la ciudad de Minneapolis.

“El mundo está viviendo una fragmentación bárbara por las manifestaciones de odio y discriminación contra los asiáticos, y en general contra todos los migrantes, que han sobrevenido con la pandemia, y por el racismo que se ha intensificado en estos días, y México, con una nueva política cultural quiere estar presente en la reinvención del mundo, en la condena a las ideas de supremacismo, en la defensa de la naturaleza, y en la solidaridad con los otros. La cultura aquí tiene una tarea muy importante que realizar”, añade.

Reinvención del mundo

Enrique Márquez habla también de un nuevo proyecto cultural, “México en la reinvención del mundo, el papel de la cultura” que ha surgido del diálogo con las comunidades culturales, académicas y universitarias, con las casi 150 representaciones de México en el exterior (embajadas y consulados) y refrendado por los miembros del Consejo de Diplomacia Cultural, reunidos vía remota apenas el pasado 28 de mayo, encabezados por el propio canciller Marcelo Ebrard.

“La cancillería quiere darle un giro a la presencia de México en el mundo y llegar a los países donde nunca estuvo presente, porque están fuera del circuito del mercado del arte internacional”, dice Márquez.

“Hay regiones y países del mundo que han estado abandonados por mucho tiempo porque estábamos pensando en las grandes exposiciones, en Francia, en Inglaterra, en Estados Unidos (Los olmecas, para el Musée du Quia Branly, cita como ejemplo). México tenía una presencia muy elitista hacia afuera, porque solo íbamos a los países de la élite cultural internacional. Salíamos al mundo para pedirle que nos viera a través de Frida (Kahlo) y del mole”, sostiene el historiador y poeta.

“Ahora la coyuntura nos da la oportunidad de generar proyectos que signifiquen que México se incorpora a las causas del mundo a través del diálogo intercultural”, asegura Márquez.

El proyecto “México en la reinvención del mundo, el papel de la cultura”, aún en etapa de desarrollo, está enraizado, dice el funcionario, en cinco fundamentos orientadores, “líneas del horizonte” -les llama-, que van a permitir desarrollar tareas concretas en el 2021 y en los años siguientes.

Ellos son: diálogo intercultural (conversación con el mundo), combate contra el odio, relación entre natura y cultura, la historia (la memoria para el futuro) y nueva solidaridad global.

Desencuentro de inteligencias

Acerca de las inconformidades que han manifestado en estos meses las comunidades culturales y científicas por el desdén y descalificaciones de las autoridades y diversos funcionarios de la 4T, los recortes presupuestales, la extinción de fideicomisos, los recursos insuficientes del programa Contigo en la distancia y sus reglas “engorrosas y discriminatorias”, según lo hemos consignado en este diario en diversas notas desde el comienzo de la pandemia, Márquez reconoce que hay descontento en la comunidad artística, y revela que así lo pudo constatar en la reciente reunión del Consejo de Diplomacia Cultural, órgano consultivo en el que participan Sabina Berman, Sari Bermúdez, Horacio Franco, Alondra de la Parra, Elisa Carrillo, Juan José Bremer, Manuel Felguérez, Enrique Norten, entre otros mexicanos destacados.

Enrique Márquez sostiene que hay un “desencuentro palpable entre dos inteligencias, la inteligencia social y la inteligencia pública, agravado por el Covid-19”.

Explica que la inteligencia social, representada por los creadores, artistas, académicos, intelectuales, científicos no encuentra respuesta en la inteligencia pública, representada por los funcionarios del gobierno, porque ambas están atrapadas en un modelo del pasado, “el de un Estado paternalista, dadivoso, con mucho presupuesto, que proveía congresos, becas y viajes, y que hizo de la cultura un instrumento de legitimación y de control político. México no ha vivido todavía la transición de ese modelo a uno distinto, más alejado del ogro filantrópico y más cercano a la democracia”.

“Las dos inteligencias, la pública y la social, comparten ese legado nefasto, porque ahorita tendríamos que estar discutiendo lo que están discutiendo en otras partes del mundo. Por ejemplo, cual es el nuevo rol de la cultura en relación con la política y la economía”, sostiene.

Al cuestionarle sobre los reclamos de la comunidad cultural, Márquez responde con agudeza, y a modo de síntesis de lo va a decir, advierte: “Como dijo un político, solo los ilusos se desilusionan”.

“Ese descontento tiene que ver con un desencuentro entre la inteligencia social y entre la inteligencia pública, que no solo se está produciendo en México. La inteligencia social, entendida desde el ámbito de la cultura y la inteligencia pública, digamos, de los funcionarios.”

“La inteligencia social que representan los artistas, los creadores, los académicos, los ambientalistas, los intelectuales están en un punto de avance que hemos podido ver en estos dos últimos meses en medios internacionales, para que el mundo no vuelva a lo mismo después de la pandemia y que no caigamos en la tentación de la restauración. Esta inteligencia social apunta hacia la reinvención del mundo”, remata.

“El mensaje está siendo muy claro, (después de la pandemia) no queremos volver a un mundo deteriorado en la salud, en el medio ambiente, en las formas de convivencia, en el que la cultura sea cosmética, folklórica o cerrada y nacionalista, sino una cultura que sea sinónimo de vida.

Insiste en que los conflictos que se tienen en México por este desencuentro “son precisamente la manifestación de que seguimos atrapado en un discurso, que finalmente es una práctica y un aparato, que nos produce una nostalgia por ese viejo modelo cultural que heredamos de la Revolución y no hemos salido de allí”.

Admite, sin embargo, que el debate cultural en el país tampoco podría correr por una banda distinta si no se ha concretado la transición hacia un nuevo modelo político que le de salida a muchas cuestionen que están pendientes. “El problema de México es que ha vivido 30 años en una eterna transición que no se ha podido concretar”, señala.

Márquez, doctor en Historia, dice que la supuesta transición del 2000, la ‘alternancia’, como se le llamó entonces, “fue un engaño, una venta fraudulenta; se nos vendió la democracia como si fuera una cerveza bien helada, pero al abrirla nos dimos cuenta de que tenía cucarachas adentro. Es más, hemos dejado de hablar democracia, y en un país donde no se habla de democracia y no se discute democráticamente, me parece que las cosas no están bien del todo”, cuestiona.

La cultura pospandemia

Dice que pese a que, en otros países, como Francia, Alemania e Inglaterra, se han estado creando fondos para “apapachar” a sus artistas y reactivar la actividad en los cines, los teatros, y conservar el patrimonio cultural, eso no va a ser suficiente. “Es como si pensáramos que vamos a resolver el problema compartiendo videos para el entretenimiento durante la pandemia, eso está muy bien, y creo que ha habido proyecto de excelencia muy importantes, pero el problema es comenzar a discutir el futuro de la cultura, a México le haría mucho bien empezar a discutirlo, ya no a partir de quién es el depositario de ella, ni de las insuficiencias burocráticas,  sino a partir de la necesidad de que se encuentren en algún punto la inteligencia social y la inteligencia pública, para pactar y entender juntos que el problema son los aparatos heredados, es el legado ideológico heredado, y los usos y costumbres de una cultura autoritaria priista que le impuso las condiciones a la cultura”.

“No se están generando las condiciones para ese debate, -agrega- lo cual es inquietante. Y es importante porque en este momento la comunidad cultural no se está nutriendo de todos esos elementos para poder enfrentar ese desafío que el mundo nos está planteando ya, es decir: qué vida, qué cultura, qué economía, a qué mundo nos vamos a enfrentar y cómo vamos a participar en él”.

Apunta que desde la cancillería se prepara un proyecto para brindar apoyo a la comunidad cultural y artística de México, pensando en su internacionalización.

“Pero estamos haciendo algo más -dice- y tiene que ver con lo que se está haciendo en el mundo y con la forma como queremos que México esté presente en ese mundo. Antes de la pandemia la presencia de México era muy estereotipada y ensimismada”, señala.

“Queremos dejar atrás la tentación, muy persistente, de promover a México como si fuera una marca singularísima y un florero nacionalista y folclórico, y trabajar por la solidaridad global; deben acercarse las inteligencias para estar en condiciones de contribuir a un nuevo orden mundial, que dejé atrás la decadencia que evidenció el Covid-19.

Márquez recuerda la experiencia de cómo reaccionó la inteligencia cultura durante el periodo de entreguerras (1919-1939) del siglo XX, cuando un grupo de intelectuales donde estaban Bergson, Freud, Einstein, Valery, Marie Curie y Alfonso Reyes, que después de la Liga de la Naciones (antecedente de la ONU) inventan una liga intelectual y desarrollan un diálogo epistolar donde abordan el papel de la cultura contra la guerra.

Las líneas orientadoras

Conversación

Respecto a la primera de las líneas orientadoras del programa que está diseñando la cancillería (Conversación), Márquez señala:  “Nosotros acudimos a ese viejo expediente para trazar una línea de trabajo que consiste en abrir, cuando se pueda, una serie de conversaciones, de acercamiento y aproximaciones entre comunidades de creadores, intelectuales, políticos, deportistas, colectivos feministas, periodistas, en fin; conversaciones que construyan a partir de referentes comunes, a partir de experiencias de vida que nos permitan acercarnos al otro y resolver las distancias.

Combate al odio

En relación con la segunda, el director de Diplomacia Cultural recuerda que el combate al odio es un principio de la política exterior de México, reforzado por las acciones que emprendió el canciller Ebrard, en la OEA y en la UNESCO, para condenar los hechos de violencia contra los migrantes en El Paso, Texas, en agosto de 2019. “Esa línea permeará en muchas de las acciones culturales que realizaremos en la secretaría”, asegura.

Natura y cultura

“Una vez superada la pandemia, un tema que se impone en la agenda internacional será el de la transición ecológica. La atención que el mundo va a merecer el desastre al que hemos llevado al planeta. La cultura tendrá que generar una mirada y acciones dirigidas a mejorar la relación y la inscripción del hombre en la naturaleza. Porque un día a alguien se le ocurrió que una cosa era la naturaleza física y otra la naturaleza humana y ahora sufrimos las consecuencias”, sostiene.

La historia

México echará mano de su experiencia histórica para enderezar un proyecto consecuente con los problemas actuales del mundo, que parece que se reciclan, reeditan y replican en todos los confines de la Tierra.

“México ha sido históricamente una tierra de asilo, una tierra solidaria y eso nos permite entender y proponer iniciativas en un momento en el que la solidaridad y la aproximación a los otros es necesaria”, dice Márquez.

“Todas las acciones de divulgación que haremos en la cancillería a través de los medios digitales estarán impregnadas de ese sentido, de las mejores historias que hayamos vivido, como un elemento que refuerce nuestras propuestas, que nos clarifique de qué manera queremos proponernos al mundo. Dentro de esa memoria mexicana está la solidaridad, como una experiencia de acogida a los perseguidos políticos en el mundo y a la acogida a aquellos que, por otras razones, eligieron a México para hacer de él su espacio de realización”, argumenta.

Detalla que se está desarrollando un sistema de diplomacia cultural pensando en 28 regiones del mundo, a partir del cual se impulsarán acciones generadas a partir de estos cinco ejes temáticos.

Nueva solidaridad global

Respecto a la quinta línea de trabajo, señala que “México quiere estar presente en la condena a las ideas de supremacismo, en la defensa de la naturaleza, y en la solidaridad con los otros. Hay una serie de propuestas desde la inteligencia social internacional que podemos menospreciar. Las comunidades culturales, artísticas y científicas del mundo no están pidiendo nada más, mezquinamente, sus recursos y sus becas, están pidiendo también una reacción de lo público, de los estados y los gobiernos, en relación estos temas”.

“Esto no es un asunto gremial, sino que son problemas que involucran a matemáticos, físicos, artesanos, poetas, creadores, músicos, universitarios, a todos, porque al final lo que está en juego es la vida. Y la vida es la que nos une a todos, no es el privilegio, ni el poder ni el consumismo, es la vida. Y la cultura tiene que dotarnos de un proyecto que defienda y mejore la vida en todos los flancos”.

“La inteligencia social tiene un papel muy importante en todo el mundo al denunciar la incapacidad de los gobiernos para hacer frente a la crisis que estamos viviendo, y para cuestionar el fundamento de esa ineficacia, que ha sido un sistema económico y político que sacrificó la vida y el bienestar por la ganancia salvaje. La cultura tiene que estar en contra de eso”, sostuvo el historiador.

“La cultura tiene y debe tener la posibilidad de incidir en proponer una vida mejor para el planeta, y en una convivencia entre los seres humanos y con la naturaleza. Y eso depende de que podamos aproximar las dos inteligencias (social y pública). Tenemos que hacer un esfuerzo muy grande por tratar de entender lo que ocurre y por superar nuestra propia condición personal o gremial, patrimonial, y pensar que están en juegos cosas mayores.

“En esta nueva solidaridad global, la cancillería quiere llegar, gracias a las redes y a las plataformas y canales que hoy tenemos, a muchas partes donde nunca antes el proyecto cultural de México estuvo presente. Había una distribución muy elitista y desigualdad de los recursos culturales que México destinaba a su promoción en el mundo, y por tanto una presencia muy insuficiente”, concluye Enrique Márquez.

¿Quién es Enrique Márquez?

Político, historiador y poeta potosino (San Luis Potosí, 1950). Tiene estudios de Derecho en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, maestría en Ciencia Política por El Colegio de México y doctorado en Historia por la Universidad de Perpignan, Francia.

Es autor de “¿Por qué perdió Camacho?, revelaciones del asesor de Manuel Camacho Solís” (Editorial Océano, 1995), “Breve Diccionario para mexicanos furiosos”, (Editorial Océano, 1996); libros de poesía, ensayo político, narrativa histórica. Es productor cultural de amplia trayectoria. Premio Nacional de Periodismo de Divulgación Científica y Cultural 2009 y 2010, con TV UNAM.

Desde 2019 es director ejecutivo de Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores.