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América Latina acelera su seguridad física ante más ciberataques

El aumento de incidentes físicos y cibernéticos está empujando a las organizaciones de América Latina y el Caribe a modernizar su seguridad física, integrar sistemas y tratarla como una función estratégica del negocio.

Rodrigo Riquelme

La seguridad física en América Latina y el Caribe está entrando en una fase de modernización acelerada, impulsada por un entorno donde los incidentes (tanto físicos como cibernéticos) se perciben en aumento y, al mismo tiempo, las operaciones dependen cada vez más de sistemas conectados. 

Esa es uno de los descubrimientos del State of Physical Security 2026, un reporte de Genetec basado en una encuesta global aplicada entre el 18 de agosto y el 15 de septiembre de 2025, con 7,368 respuestas válidas analizadas. América Latina y el Caribe aportó 26% de la muestra total, lo que le da peso estadístico dentro del panorama regional que traza el documento.

El reporte identifica que el sector vive un cambio de fondo. La seguridad física deja de operar como un conjunto de herramientas sueltas y pasa a evaluarse como una función estratégica capaz de aportar resiliencia y valor operativo.

En términos prácticos, esto se traduce en reemplazos de tecnología heredada y en proyectos para conectar sistemas que antes funcionaban por separado. A nivel global, más de 70% de los encuestados dijo operar con sistemas unificados o integrados de videovigilancia y control de accesos, y la principal motivación para reemplazar tecnología heredada fue la integración con nuevas tecnologías.

Ese giro ocurre mientras se desdibuja la frontera entre amenazas físicas y digitales. El documento reporta que 43% de los participantes observó un incremento de incidentes físicos y/o cibernéticos durante 2025, y que en organizaciones grandes (más de 10,000 empleados) esa percepción sube aún más. En paralelo, la adopción de herramientas de ciberseguridad dentro de entornos de seguridad física va al alza, ya que 43% de usuarios finales dijo que ya desplegó herramientas de ciberseguridad, frente a 32% en 2024.

En América Latina y el Caribe, este fenómeno se lee como una presión doble. Por un lado, integrar cámaras, control de accesos, alarmas e infraestructura; por el otro, proteger el ecosistema conectado que resulta de esa integración.

El reporte advierte que, conforme los sistemas se conectan más, proteger dispositivos IoT y de borde se vuelve un requisito operativo. En la práctica, las acciones más citadas para elevar la postura de ciberseguridad incluyen capacitación del personal, afinación de permisos de usuario, endurecimiento de infraestructura y aseguramiento de almacenamiento de datos.

Seguridad en la nube e inteligencia artificial

La nube es otro acelerador de cambio, aunque no bajo una lógica de todo a la nube. El reporte muestra que los usuarios finales están consolidando estrategias donde domina el modelo híbrido. En 2025, 48% reportó entornos 100% sin nube, 45% híbridos y 7% completamente en la nube; un año antes, la proporción híbrida era 43 por ciento.

La nube se asocia sobre todo con actualizaciones automáticas, despliegue más simple, mantenimiento más eficiente y escalabilidad, y los modelos híbridos se justifican por flexibilidad y continuidad operativa.

La tercera palanca es la analítica avanzada y la inteligencia artificial. El reporte muestra que, por primera vez, la inteligencia artificial (incluyendo aplicaciones con modelos de lenguaje) aparece como una prioridad comparable a la videovigilancia y el control de accesos en los planes hacia 2026.

Los objetivos más buscados con IA en seguridad física incluyen acelerar búsquedas e investigaciones, filtrar y clasificar eventos, automatizar tareas repetitivas y disparar eventos de forma automática. Sin embargo, el entusiasmo convive con la cautela. Solo 29% de los usuarios finales dijo no tener preocupaciones con IA; el resto mencionó inquietudes sobre el uso de datos, falta de comprensión, uso malicioso o dudas sobre desempeño frente a humanos.

El talento es el obstáculo

El avance tecnológico choca con un límite, el talento. En el apartado de pronóstico 2026, el reporte ubica los desafíos de personal como un factor que puede retrasar proyectos, y detalla que en América Latina y el Caribe atraer y contratar talento aparece como reto destacado, junto con Norteamérica y Asia-Pacífico. Entre integradores, los perfiles con más presión incluyen técnicos de instalación, ingenieros de sistemas, soporte técnico y gestión de proyectos.

El mensaje para América Latina y el Caribe no es solo que la tecnología mejora la seguridad física, sino que el sector se mueve por necesidad. Mientras más incidentes percibidos, más conectividad y, con ella, más superficie de riesgo, más dependencia de modelos híbridos y más interés por IA, todo en medio de una escasez de capacidades técnicas que amenaza con volver más lenta la transición.

rodrigo.riquelme@eleconomista.mx

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