En medicina existen tres principios o criterios para tomar una decisión, primero salvaguardar la vida del paciente, luego calidad de vida y función o estética. En el caso de enfermedades cancerígenas, hasta hace algunos años tratar de pensar en los tres criterios parecía imposible, prácticamente parecían sentencias de muerte, pero “en la actualidad las enfermedades oncológicas se están convirtiendo en enfermedades crónicas, hoy un paciente oncológico puede llegar a vivir muchos años con tratamiento”, asegura el doctor José Manuel Celaya, especialista en medicina interna y director médico de Bristol Myers.

A principios de los años 90, la mortalidad por cáncer a nivel global era 23% más alta que el día de hoy. Actualmente las posibilidades de que un paciente con esta enfermedad viva cinco años o más han aumentado 39 por ciento.

Uno de los hitos que ha permitido este cambio en la forma de ver y atacar el cáncer es la inmunoterapia, hallazgo que  en 2018 le dio el premio Nobel de Medicina al biólogo James P. Allison y el médico e inmunólogo Tasuko Honjo. Gracias a sus aportes revolucionarios en la lucha contra el cáncer, a partir de sus estudios del sistema inmunológico en los años 90, hoy podemos ver beneficios importantes en pacientes que no tenían muchas expectativas de sobrevida como es el caso de cáncer de pulmón y melanoma, el tipo más grave de cáncer de piel.

Desde la primera década del siglo XXI los especialistas ya hablaban de una revolución a partir de la inmunoterapia y lo que esto representaría para el futuro, dialogaban sobre la modificación de los programas, guías y tratamientos médicos. En México son diez años ya de su utilización, por ello el doctor Celaya platica a El Economista la trascendencia de contar con este tipo de tratamientos e investigación en el país.

“La inmunoterapia se puede entender como un antes y un después en el tratamiento del cáncer. En melanoma, por ejemplo, una enfermedad que cuando se detecta en etapas tempranas, la capacidad de sobrevivir a cinco años es del 90%, sin embargo (para) ese mismo melanoma con metástasis la posibilidad se reduce a 20%, lo que logra la inmunoterapia es que se duplique la capacidad de supervivencia”.

El director médico de Bristol Myers dice que la inmunoterapia ha crecido aceleradamente, “es de las áreas con mayor desarrollo y aplicado para diversos tipos de cáncer”. En México, en los últimos años, se ha invertido en investigación clínica por parte de farmacéuticas como la que él representa, desde inmunoncología, hematología, cardiovascular, en total han corrido 50 protocolos clínicos y gracias a eso pacientes mexicanos tuvieron acceso a los tratamientos. 

Hoy, diversos tratamientos al respecto están aprobados en el país, e incluidos en los compendios y cuadros básicos de las principales instituciones públicas como el  Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) o el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi).

La evolución de los tratamientos

Aunque a la fecha no se ha encontrado cura para la gran mayoría de los cánceres, tener diversas líneas de tratamiento enriquecen las opciones para los pacientes y su sobrevida; en este sentido, Celaya destaca algunos de los tratamientos que conforman las herramientas actuales.

“Hemos vivido una evolución”,  estábamos acostumbrados a hablar solo de quimioterapia, que son sustancias citotóxicas que atacan a las células cancerígenas y normalmente afectan el crecimiento celular, pero como consecuencia también afecta a otras células no cancerígenas que tienen un crecimiento acelerado de forma normal, como la sangre, cabello o piel, por eso es que algunos de los efectos adversos son la pérdida del cabello, náusea, vómito, disminución en las cuentas de las células de la sangre, porque no es específica.

Luego tenemos terapias blanco, donde se logra identificar una molécula, proteína o sustancia que el tumor expresa en su membrana, para ello se puede desarrollar un anticuerpo dirigido específicamente contra esta molécula. El problema es que es tan específico que sólo sirve para un cáncer en particular.

Con la inmunoterapia no se busca especificidad, pero tampoco ataca a través de sustancias tóxicas. Lo que se hace es “despertar” al sistema inmune para que éste localice a la célula tumoral y la ataque. Por ello puede identificar diferentes tipos de tumor, “es la capacidad del sistema inmune de reconocer lo que no debería estar ahí y las elimina”, es lo que se denomina “inmunoedición”.

A grandes rasgos, la inmunoterapia busca bloquear la capacidad de las células tumorales para poner el freno y así no puedan escaparse a la respuesta del linfocito y se monte una respuesta contra el tumor.

Hoy podemos dividir a la inmunoterapia en tres tipos: inhibidores de puntos de control inmunológico, uso de ciertas sustancias que aceleran al sistema inmune e inmunoterapia adoptiva o de transferencia (terapia celular).

Celaya asegura que la investigación se da de manera acelerada y todavía hay mucho por descubrir; sin embargo, es una opción que llegó a jugar a favor de los pacientes. “A diez años de la inmunoterapia estamos entendiendo todavía el verdadero alcance, hay algunos más documentados que otros, por ejemplo, ciertos tipos de cáncer de pulmón, de melanoma, riñón, linfoma. Hasta ahora los estudios con mayor seguimiento son a 6.5 años por lo que se siguen documentando los efectos”.

Hasta hace algunos años, diversos tipos de cáncer veían limitadas sus opciones de tratamiento, la inmunoterapia permitió que por ejemplo, cáncer de pulmón o melanoma, ambos muy agresivos, encontraran sobrevidas mayores, concluye el médico.

 

nelly.toche@eleconomista.mx