Las desigualdades entre hombres y mujeres ocurren aquí y en China. En todo el mundo se reproducen estigmas y estereotipos que vulneran el desarrollo pleno de las mujeres y que las imposibilita de vivir en iguales condiciones que sus pares hombres, específicamente en el ámbito laboral.

Economía feminista es un libro de Mercedes D’Alessandro, doctora en Economía por la Universidad de Buenos Aires, que evidencia los efectos de la desigualdad de género y ofrece un panorama general de la situación que enfrentan las mujeres en todos lados, sin importar si son pobres, ricas, actrices, amas de casa, modelos, empresarias o académicas, negras, amarillas, indígenas, estudiantes o jubiladas, deportistas o legisladoras, solteras y casadas.

Ninguna vive en situaciones de equidad.

En entrevista con El Economista, Mercedes dijo que la visión económica desde la perspectiva de género surgió cuando ella y sus colegas se dieron cuenta de la escasa participación de las mujeres en los debates y las discusiones acerca de situaciones económicas en su país, Argentina. “En los paneles económicos no se discutían temas acerca del trabajo de las mujeres y sus condiciones laborales. Y tampoco éramos muchas las mujeres que estábamos dentro de las discusiones”.

Específicamente en el ámbito laboral se identifica el concepto de “Trabajo doméstico no remunerado”, es decir, todas las tareas relacionadas con el cuidado del hogar y de la familia que no son compensadas económicamente. Estas actividades son realizadas mayoritariamente por mujeres. Ni el 10% de este trabajo se realiza por los hombres.

Estas cargas laborales relacionadas con la crianza de los hijos y la limpieza del hogar son pesadas y muy largas. Pocos las toman en cuenta, se cree que se hacen por arte de magia y como las madres las hacen por amor entonces no tienen precio, reprochó D’Alessandro. Pero estas actividades sí tienen un valor cuando no son las madres quienes se encargan de ellas. Aunado a esto muchas mujeres también trabajan fuera de casa.

“Lo que pasa entonces es que tienes a una mujer que trabaja con un horario de ocho horas y cuando termina realiza otra jornada laboral lavando ropa, haciendo comida y arreglando a los niños. Y posteriormente sólo le quedan algunas horas para el sueño. Esta situación produce lo que llamamos pobreza de tiempo, que genera incapacidad de las mujeres para hacer deporte, esparcirse, divertirse o cuidar su salud”, explicó D’Alessandro.

En Economía feminista, D’Alessandro realiza una disección sobre el valor del trabajo femenino y la distribución de la riqueza. Es un libro fácil de leer, recupera casos de figuras públicas para tratar la desigualdad entre hombres y mujeres y ofrece propuestas de solución a problemas concretos relacionados con las diferencias de género.

Una historia de desigualdades

En entrevista telefónica desde Nueva York, donde radica esta economista de origen argentino, D’Alessandro abordó la reproducción de los micromachismos en todos los sectores económicos. Estereotipos o ideas discriminatorias que están muy naturalizadas. Como preferir a un hombre para un puesto sobre una mujer por la posibilidad de embarazo o de ausencias derivadas de las necesidades maternas.

Para D’Alessandro, existe una grandísima brecha salarial que no sólo se expresa en los salarios desiguales, sino también en el tipo de trabajos que se ofrecen para cada uno. “Cuando miramos los datos encontramos que las mujeres ganan menos que los hombres por el mismo trabajo en todos los países del mundo. Y no sólo eso, los tipos de ocupaciones de las mujeres son las peor pagadas. Especialmente el trabajo doméstico que no sólo tiene los peores salarios; tampoco garantiza los derechos laborales de las mujeres”, dijo.

Mercedes D’Alessandro también incorpora en su libro la manifestación de discriminación de género cuando se penaliza laboralmente a las mujeres en sus unidades de trabajo. “Generalmente hombres y mujeres van a la par al inicio de sus carreras profesionales, pero la brecha se amplía conforme avanzan y se profundiza cuando llega la maternidad a la vida de las mujeres. Ser madre está asociado con ser menos productiva, tener menos tiempo o dar peores resultados. Situación por la que no pasan los hombres, aunque también se conviertan en padres de familia, porque la crianza está erróneamente considerada como una tarea de la mujer”, dijo.

Todas las desigualdades fomentan el desarrollo y crecimiento profesional e individual de muchas mujeres. Que no puedan despegar hacia cargos importantes o puestos de decisión. Quienes logran alcanzar niveles altos académicos o profesionales, lo hacen con un esfuerzo tres veces mayor al que hace un hombre. O a costa de exponer su salud, sus horas de sueño o sus tiempos de ocio, nos cuenta la especialista en economía de género.

Economía feminista analiza las estadísticas y cuestiona la realidad económica, social y cultural de las mujeres en el mundo. Plantea, además, nuevas opciones de teoría económica desde la perspectiva de género, con los ojos puestos en la desigualdad y la pobreza. El libro busca que todas las mujeres y todos los hombres posibles visibilicen el machismo y lo desaprendan.

Y cito del libro de D’Alessandro: “Durante toda la vida enfrenté un montón de obstáculos para desarrollarme, pero la gran mayoría venían del bolsillo: bancarme los estudios, conseguir un trabajo luego de recibida, subsistir con un sueldo de docente universitaria. Recién cuando ya tuve una carrera e ingresos que me permitían estar más o menos tranquila, empecé a notar que había cosas a las que no podía aspirar. El reconocimiento intelectual es una de las que cuestan: una mujer va a necesitar colgarse varios diplomas antes de que la escuchen opinar sobre la coyuntura económica o el tipo de cambio. (...) Aún así van a interrumpirte y explicarte una y otra vez cosas que ya sabes, y ojo si discutes un poco porque quizá te pregunten si estás en uno de esos días”.