En días recientes vimos surgir el movimiento @ProCienciaMx, encabezado por investigadores y profesores pertenecientes a universidades, centros públicos de investigación, institutos nacionales de salud y educación superior, así como más de 11,000 personas que se integraron a través de la petición Educación y Ciencia para la Sociedad, en change.org.

En este primer pronunciamiento señalan su preocupación ante la creciente falta de confianza de una parte de la clase política en la ciencia mexicana y denuncian que, aunque el gobierno actual ha propuesto un cambio de régimen al impulsar un modelo económico y de desarrollo distinto al que ha regido a México en las últimas décadas, en términos de la inversión en ciencia y tecnología, no se observan cambios favorables, al contrario, en el Presupuesto de Egresos de la Federación del 2019 el monto destinado a CyT se redujo en 11.9% en comparación con el del 2018.

¿Cuáles son las implicaciones de estos cambios? En entrevista para El Economista, la doctora Brenda Valderrama Blanco, presidenta de la Academia de Ciencias de Morelos e investigadora nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), comparte sus puntos de vista al respecto.

México tiene uno de los números más bajos de investigadores per cápita en el mundo, aun así, hablamos de 50,000 personas dedicadas a la ciencia y tecnología, de ellos, 27,000 pertenecen al SNI, hablando del total, en el mejor de los casos este año habrá recursos para 500.

La también investigadora titular del Instituto de Biotecnología de la UNAM asegura que los presupuestos institucionales están totalmente agotados “calculamos que 90% de los investigadores del país no tendrá un centavo para trabajar y eso tiene un impacto terrible”.

Primero, dijo, porque no se van a poder concluir investigaciones que ya se iniciaron; segundo, porque no se podrán seguir incorporando jóvenes a las investigaciones, “no se va a poder transmitir la forma de generar conocimiento, además, los equipos también se vuelven obsoletos, los competidores avanzan y lo más importante, sacamos a México del carril en la generación del conocimiento”.

Agregó que no es posible, además, ahora pedirle a un investigador que cumpla con los requisitos que tienen los programas institucionales, estatales y nacionales, si no hay recursos. “Prácticamente la ciencia se paraliza. Es como si de un plumazo hubiéramos cambiado a la ciencia mexicana del carril de alta velocidad al acotamiento. Esto podría crear una espiral destructiva”.

Explicó que sin recursos se pierden estímulos para la investigación y con eso hay desabasto de investigadores, “si de por sí, desde el año 2000 se veía un decremento constante del número de investigadores, con esto, aparte de la fuga de cerebros vamos a tener una crisis más difícil de remontar que la de 1985”.

Se rompió la política transexenal

La investigadora, quien también acudió a la entrega del documento ante diversas instancias gubernamentales, confirmó que generar una comunidad científica es una inversión a largo plazo, por eso es necesario mantener estímulos constantes y una política transexenal.

Explicó que, de alguna manera, ha habido una política científica nacional constante desde 1999, se ha priorizado la formación profesional, de recursos humanos a través de los posgrados y ha prevalecido la investigación científica a través de un portafolio de fondos para investigación y el desarrollo de infraestructura científica. Por otro lado, se ha abandonado la vinculación de la tecnología con la industria, “pero todo eso ahí estaba y era más fácil vincularlo y seguir adelante.

“Hoy se rompió esa continuidad en la política y los pilares en los que basábamos el desarrollo científico del país están tambaleándose. No sólo dependen del talento, también se requiere dinero”.

Agregó que estamos perdiendo competitividad, “ahora no hay manera de que podamos traer investigadores extranjeros a México, ni siquiera estamos pudiendo traer a los mexicanos y, por el contrario, empezamos a perder connacionales.

“Cuando las personas, sobre todo los jóvenes entre 35 y 40 años, empiezan a ver por su futuro y ven un país donde ya no hay opciones de jubilación, donde la inversión es muy baja y se empiezan a precarizar los recursos para sus laboratorios, es natural y respetable que tomen la decisión de abandonar el país y en ese sentido no nos podemos quedar con los brazos cruzados”.

Aunque para algunos es tiempo de cambios y se debe esperar, la investigadora asegura que en la política marcada hay dos instrumentos muy precisos para dar lectura a lo que ya está sucediendo, uno son las leyes y los reglamentos, y otro es el presupuesto.

“Tanto en el Plan Nacional de Desarrollo ya publicado, y con la inversión otorgada a ciencia, se ve muy claramente que se rompe la continuidad. Aunque se mantiene dinero para el SNI y para becas, se rompe la tercera parte, que es el dinero para investigación e infraestructura”, aseguró la investigadora.