El 12 de noviembre del 2003, David Silveti, El Rey David, tercero en la generación de la dinastía Silveti, se suicidó de un balazo en la cabeza. En esa misma fecha, yo, que era cronista taurino con el seudónimo de Pepe Malasombra, dejé prácticamente de escribir y leer de tauromaquia; desde entonces, sólo he asistido a tres o cuatro corridas en las que han participado José Tomás o Rodolfo Rodríguez El Pana.

En fechas recientes, sin embargo, me he interesado en el toreo de Diego Silveti que, hace 15 días, se despidió de novillero en Las Ventas de Madrid y que el próximo 12 de agosto, de manos de José Tomás, se convertirá en matador de toros en la Plaza de Gijón, Asturias.

Diego Silveti (Diego David Silveti del Bosque), novillero tardío pues ahora mismo tiene 26 años de edad, viene a ser bisnieto de Juan Silveti Mañón (Guanajuato, 1891-ciudad de México, 1956), a quien llamaban Juan sin Miedo, El Tigre de Guanajuato y El Resucitado, entre otros alias que buscaban definir su toreo de corte tremendista, nieto de Juan Silveti Reynoso (ciudad de México, 1929), El Tigrillo, torero de hechuras clásicas que tuvo más fortuna en ruedos ibéricos que en su país natal e hijo de David Silveti (ciudad de México, 1955-Salamanca, Guanajuato, 2003), El Rey, cuya tauromaquia era una combinación de la de su abuelo y la de su padre, y que a ocho años y meses de su muerte no hay en México diestro alguno que se le acerque en cuanto a las emociones que provocaba su expresión artística.

Pero la genealogía familiar del menor de los Silveti, el linaje de toreros más larga que ha dado México y que se ramifica en otros miembros del clan, no es el único atractivo del venidero festejo de Gijón, pues el hecho de que José Tomás El Diestro de Galapagar (municipio de Madrid) le dé la alternativa, suma un dato digno de la gran historia del toreo.

Para nadie es un secreto que José Tomás, el torero más importante en la actualidad y que, en mucho, su hacer en el ruedo se acerca a la tauromaquia de David Silveti, se desarrolló como novillero en México, en donde se doctoró como matador de toros el 10 de diciembre de 1995 de manos de Jorge Gutiérrez y testimonio de Manolo Mejía, con toros de Xajay, en una ceremonia en la que el padrino iba a ser el propio David que, tras una de las muchas lesiones en sus rodillas, salió del cartel.

Ya como torero, tanto en España como en los otros ocho países que celebran corridas de toros, José Tomás tuvo como competidor natural a Enrique Ponce, pero en el 2002 el de Galapagar se aburrió de la fiesta, se retiró de los ruedos y regresó a los mismos en el 2007 para convertirse en el favorito de los distintos públicos que ven en este diestro la imagen de alguien capaz de inmolarse en pos de la belleza y de los múltiples significados que contiene su profesión.

Así, a José Tomás no le gusta que sus corridas sean televisadas, es reacio a las entrevistas y sólo ha dado una alternativa, ello en 1999, en Algeciras, a José María Soler, en un acto que, al parecer, se trató más de amistad que de otra cosa, pues al poco tiempo el recién doctor en tauromaquia pasó a convertirse en subalterno y, desde hace algunos meses, a formar parte de la cuadrilla del que fuera su padrino.

¿Por qué, entonces, José Tomás le dará la alternativa a Diego Silveti? ¿Por admiración a su padre? ¿Por amistad con el propio Diego? ¿O porque ve en el menor de los Silveti a lo mejor de la tauromaquia mexicana contemporánea?

Sea por lo que sea, la corrida del próximo viernes, en la que Alejandro Talavante atestiguará la ceremonia y en la que se lidiará un encierro de Salvador Domecq, acapara la atención del mundo taurino.